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viernes, 18 de noviembre de 2011

LAS MOSCAS.

Vosotras, las familiares, inevitables golosas;
vosotras, moscas vulgares...
(Antonio Machado)


Una especie curiosa ésta de las moscas. Además, con ricas acepciones. Un moscón sabemos lo que es; un moscardón también; una mosca cojonera, la hemos sufrido muchos; las que van a la miel, más aún;  la de la oreja ni te cuento; los que las cazan no tienen mejor fama; los que no matarían ninguna, no siempre son de fiar; están también las que te remueven el humor cuando te pican; cuando no se oye ninguna puede ser muy bueno o muy malo....
 
En fin, que hay moscas para todos los gustos. Pero ¿qué hacer cuando estás exponiendo un discurso, la presentación de un producto, saludando a personas? Y mucho peor, ¿qué se hace cuando descubres una debajo del entrecot?.
 
De esto hablaba con un empresario hace poco, que tuvo que enfrentarse a un molesto moscardón al que debió gustarle especialmente su olor y que se empeñó en posarse sobre su cara, incluido el cristal de sus gafas, en plena presentación de un producto. Tras varias sacudidas pretendidamente discretas (que por supuesto no lo fueron para nadie), el moscardón decidió pasearse impunemente por la pantalla de proyección, surcando libremente el espacio y proyectando su sombra sobre las imágenes.
 
Sonrisas, risas y murmullos socarrones abundaron, en detrimento de la atención que se buscaba respecto al producto. Me preguntaba el empresario si hizo bien en hacer que no pasaba nada, o debería haber parado la proyección, pedido un artilugio, cazar la mosca o echarla por la ventana, y volver a la normalidad de la actuación comercial.
 
¡Y quién sabe qué es mejor! Tal vez la segunda opción se hubiera convertido en una odisea con participación activa del público, y la presentación se habría convertido en una actuación empresarial recordada por tiempo y tiempo. Pero, ¿y si la mosca es más lista y no es cazada o expulsada?.
 
Hay dos fórmulas que suelen funcionar siempre en estos casos: el buen humor y la naturalidad. A un bicho, insecto en este caso, se le presupone menos cerebro e inteligencia que a los humanos ¿no? y por lo tanto sus reacciones son inesperadas e imprevisibles. Aplastarlo puede no ser muy agradable si estamos en un restaurante, pero es peor sacarlo de la sopa y dejar un cadáver por ahogamiento, al borde del plato.
 
Habrá que valorar las situaciones. Pero, en cualquier caso, humor y naturalidad serán dos cualidades que nos garantizarán, sin duda, la mayor normalidad. Véase si no a Obama, en esta comparecendia televisiva, con millones de espectadores observando y seguramente hablando sobre cosas realmente trascendentales. ¿Qué otras opciones tenía?


viernes, 28 de octubre de 2011

LUCES Y SOMBRAS.

Estupendo acto, con audiovisuales incluidos, en los que se han proyectado videos relacionados con el evento, con la persona o empresa homenajeados, con un buen montaje de sala, un desarrollo y ejecución correctos y eficaces, y por lo tanto, lucidos.

Pero... se escapa el espacio destinado a la entrega del premio en cuestión. En ese momento, se duda entre si avisar del error, si pedir la repetición de la entrega, con lo que eso conlleva de sorpresa, desorientación, tiempo... o no hacer nada y maldecir cómo es posible que a estas alturas nos suceda esto.

Por otra parte, las personas protagonistas sufren con resignación el hecho, tal vez concentradas en el momento en cuestión y posan, como si aquí no pasara nada, intentando parecer ajenos y lo que es más complicado, haciendo esfuerzos por no guiñar los ojos.

Los premios quedan más lucidos si se entregan delante de la mesa, y la fotografía cumple con su cometido que es el de reflejar la alegría o satisfacción del momento.

Qué rabia dan estas cosas. Un simple off en el proyector, y todo solucionado.

viernes, 21 de octubre de 2011

QUÉ REGALAR SI NO VOY A LA BODA.

Hola, el tema es así, hace dos meses que estoy trabajando en una escribania en la que me contrataron porque el prometido de la escribana es un conocido mio... ellos se casan y me han invitado al civil y a la ceremonia religiosa, pero no a la fiesta. no puedo asistir a ninguno de los dos eventos pero quisiera regalarles algo y no se me ocurre que, me podría dar algunas ideas?... son una pareja joven de 27 años los dos, hace tiempo que viven juntos.

Hola. Al parecer, entiendo que no le han informado de que hayan puesto lista de bodas. Por otra parte, hace tiempo que viven juntos, por lo que seguramente tendrán el ajuar que necesiten. Dice usted que el prometido es un conocido, es decir, no es un amigo cercano ni nadie de su familia. Y por otra parte, no la hacen partícipe de la fiesta posterior.

No veo que tenga usted ninguna obligación de regalarles nada. Más bien parece que han deseado quedar bien con usted invitándola a la bodas civil y religiosa, por lo que ellos tampoco consideran que sea usted una gran amistad.

Si el prometido de la escribana no fuera conocido por usted, no la habrían invitado. De modo que no se sienta muy obligada a cumplimentarles,  más allá que el compromiso de corresponder a un débito que más bien parece de carácter laboral.

Creo que algo que puedan consumir, como por ejemplo una botella de buen champán, con una nota que diga algo así como que desea usted que la beban brindando por su felicidad, sería suficiente. Si una sola botella aunque sea cara, le parece a usted poco, cambie a una caja de buen vino. También puede enviarles una cesta con delicatessen, o surtido de chocolates...

Lo importante es que corresponda de forma elegante pero austera, pues les une más la relación profesional que la personal.

Gracias por preguntarme, un saludo.



jueves, 11 de agosto de 2011

LA PAMELA Y SU USO.

He leído el artículo sobre los tocados, donde dice las cosas que se han de tener en cuenta, pero me quedo con unas dudas sobre la pamela y me gustaría que dijera algo más sobre ellas, gracias. Asunción.

Hola Asunción, gracias por leer mi blog.

Como digo en el artículo sobre los tocados que usted menciona, los sombreros, pamelas, chisteras… tienen su principal función en protegernos del sol. Consecuentemente, su uso se reserva para el día y hasta las primeras horas de la tarde, y por ende, con vestido corto o de cóctel en el caso de las señoras.

Lo primero a tener en cuenta cuando decidimos usar una pamela, es visualizarnos a nosotras mismas. ¿Cuál es mi estatura? ¿Cómo es el vestido? Optar por la sencillez siempre es una garantía, y en la generalidad de los casos, intentaremos que el conjunto sea estéticamente proporcionado. Si yo, que mido escasos 1,50 me pusiera una gran pamela, por muy bonita que fuera causaría risa, pues parecería una gran seta con vida propia.

Por otra parte, si podemos permitirnos ser osadas y nos decidimos por una pamela atrevida, conviene asumir los inconvenientes que eso conlleva. Y esos inconvenientes se pueden multiplicar si no tenemos costumbre de utilizar este complemento, así que conviene ensayar previamente para adquirir soltura y aplomo.

¿Por qué? Pues porque la pamela no nos la podemos quitar en ningún momento. Se sale de casa con ella, y se vuelve con ella. De modo que todo lo que pase entre esos dos momentos debe ser tenido en cuenta. 



Todos recordaremos la pamela de la Infanta Elena en la boda de SAR Príncipe Felipe, aunque no es ése el único momento en que la Infanta se ha atrevido con espectaculares (e incómodas) pamelas.

Eso supone que saludar (tendremos que limitarnos a dar la mano, porque los besos pueden provocar accidentes y molestias), comer (necesitaremos espacio en la mesa si no queremos hacerle la raya a los comensales de nuestros lados) los movimientos normales se dificultan, (como entrar y salir de un coche), impediremos la visión a los demás en muchos momentos, o incluso a nosotras mismas (escaleras, bordillos, alfombras…). En fin, que las pamelas grandes son sinónimo de riesgos grandes.

Ahora bien, no hay nada más elegante que una osada pamela bien llevada y conjuntada con el resto de atuendo.


lunes, 1 de agosto de 2011

LA TERRAZA DEL VECINO.


Pues sí, esa estupenda terraza que colinda con la tuya.

Resulta que tú vives todo el año en la playa, en una casa con una terraza que puedes disfrutar todo el año.

En un lugar donde sueles estar solo, con poquísima gente, y te gusta justamente por la paz, por el silencio... pero llega el verano y todo eso se vuelve contra ti y comienzas a pagar la penitencia por tener tanta suerte durante la mayor parte del año.

Tu casa deja de ser tranquila, y los veraneantes vienen a vivir a tu terraza. Vienen a disfrutar, a pasarlo bien esos pocos días que la opresión laboral les permite, de modo que desean aprovechar cada uno de los minutos de su estancia en esa casa de playa que han alquilado por una obscena cantidad de euros, y que deben rentabilizar con la presencia del mayor número de amigos o familia posible para que el prorrateo sea llevadero.

Su presencia no suele coincidir con tus vacaciones, porque tú, al vivir allí todo el año, entiendes las vacaciones de otra manera. De modo que lo más probable es que tú sigas trabajando en un horario laboral que no suele coincidir con su organización diaria, tanto diurna como nocturna.

A la hora que tú desayunas, ellos duermen. A la hora que tú comes, ellos están en la playa. Cuando tú quieres echar un sueñecito, ellos se comen la paella pidiendo en voz innecesariamente alta un poco más de sangría. Cuando tú tienes que volver al trabajo, ellos sestean plácidamente o se toman el café entre alabanzas a los helados, a la horchata y fartons merendables o al agua de cebada.

Cuando vuelves por la noche, y a las 12 decides que es hora de acostarse porque tienes que volver a madrugar, ellos cenan entre risas y voceríos comentando lo bien que lo han pasado durante el día y decidiendo la hora en la que irán al día siguiente a la playa, llegando a la conclusión de que, como van a trasnochar, mejor dejarlo al azar y celebrar las vacaciones bajando a ver la luna reflejada en el mar mientras se toman unos mojitos en el chiringuito. Cuando tú estás en plena fase rem o ram o sencillamente durmiendo en la gloria, ellos vuelven del chiringuito ruidosamente montando y arrastrando las colchonetas y camas plegables que necesitan para dormir todos.

Y tú no sabes si doblar el aislamiento climalit, sedarte con un golpe de sartén en la cabeza, ponerte a llorar o volverte tan escandaloso e irrespetuoso con la paz ajena como ellos y salir a la terraza gritando "que se callen, connniooooo!!!!!" o haciendo gala de tu exquisita educación, ejercitar tu tantra y desearles desde tu fuero interno más positivo que disfruten de sus vacaciones ellos que las tienen y perdonarles todas las molestias que te están causando, incluido el que engatusen maliciosamente y le den cosas indebidas de comer a tu gato y le provoquen alteraciones intestinales que se unan a las nerviosas que te hacen padecer a ti.

En fin, el verano e-asín o yo me estoy haciendo mayor y gruñona.

¡¡¡Peace&Love!!!



domingo, 31 de julio de 2011

EL REGISTRO ARTESANAL DE LAS LLAMADAS. ANÉCDOTA MUNICIPAL.



No hace mucho me decía una colega que, después de tantos años en la administración, seguro que tendría anécdotas referidas a mi profesión. Pues sí, algunas hay. Lo que pasa es que casi ninguna se debe contar, porque forman parte de la confidencialidad del puesto. Pero otras, muy poquitas, merece la pena contarlas.

Ésta en concreto, me sirvió para darme de bruces con la simplicidad (en el sentido de sencillo) de ocuparse de una tarea sin las implicaciones enrevesadas que pretenden hacernos la vida más organizada y eficaz. Y ha venido a mi memoria porque he tenido que pedir que me recojan una llamada importante que yo no iba a poder atender, y porque además, coinciden en el tiempo. Es decir, julio, y las vacaciones veraniegas.

Dentro del protocolo municipal podemos incardinar algo que, aunque en la actualidad está reconocido y potenciado a través de los convenientes cursos para el personal al servicio de las administraciones públicas, hace 20 años no era más que una idea que comenzaba a surgir: la formación de los bedeles en lo que se refiere a la atención al público, tanto personal como telefónica.

En aquellos años, la media de edad de estos trabajadores se situaba alrededor de los 50-60 años. Era antes de la explosión demográfica del funcionariado, de la descentralización de los servicios y por ende, de personal joven recién incorporado que trajera consigo un nuevo estilo de funcionario más acorde con los tiempos modernos, y con el cambio de mentalidad hacia el ciudadano, y casi más importante aún, con un ímpetu más participativo y voluntarioso.

Vengo a decir que no existía preparación para el desempeño de determinadas tareas, y que a eso se añadía, además, un número de años de servicio con vicios adquiridos muy difíciles de desarraigar, y pocas ganas también de hacerlo.

Así pues nos encontramos en el mes de julio, con la plantilla bajo mínimos y con la ausencia de la otra persona con la que compartía tareas en la secretaría particular del Concejal, a quien debía acompañar a un acto.

El Concejal esperaba una importante llamada desde Madrid, y cuando voy a marcharme, con la intención de advertir al bedel sobre esta llamada y qué debía hacer si se recibía, me encuentro justo con la persona a la que sabía que no podía dar explicaciones medianamente complejas, o que supusieran una cadena de tareas de más de dos eslabones. De modo que me limité a pedirle que tomara nota de las llamadas que se produjeran, y que se las recogería al volver.

Una hora y media más tarde, vuelvo a la Concejalía y le pido el listado de llamadas.

- No las he podido anotar, es que me he quedado sin papel aquí y como estoy solo, no me podía mover.

Tuve un sentimiento de impotencia tremendo, y la certeza de que no se podía hacer nada. Mi cara de perplejidad debió de ser tan evidente, que el pobre bedel puso cara de compadecerme infinitamente, y nerviosamente añade:

- Pero no te preocupes, que me acuerdo de todas.

- ¡Ah, qué bien!, exclamé, pensando esperanzadamente que aunque de los teléfonos no se acordara, yo los podría averiguar si me decía quién había llamado. Él, contagiándose de mi sonrisa y con gran aplomo y satisfacción me dice:

- Dime nombres…




sábado, 30 de julio de 2011

QUÉ HACER CON LA MINUTA Y EL BOLSO.



Cuando voy a banquetes de algún tipo, sean bodas, comidas, lo que sea, siempre tengo dudas con lo mismo, y además suele ser motivo de comentarios en la mesa. Es qué hacer con el menú que te ponen encima del plato, que acaba molestando lo pongas donde lo pongas, y lo otro es qué hacer con el bolso, porque son bolsitos de fiesta que no los puedes colgar, y tenerlo en los muslos con la servilleta es incómodo, y entre el respaldo y el cuerpo también, porque no te deja sentarte con tranquilidad.
Una buena idea de Arte Catering, de Santiago de Compostela.
Bajoplato transparente, que permite al comensal ver el menú entre cada
servicio.

Pues es verdad, son dos cosas tontas que pueden incomodar sin necesidad. Cuando dices el menú, es la minuta, cartulina de diversos tipos y tamaños donde se relaciona el menú que se va a servir. Es verdad que tenerlo dando vueltas por la mesa, teniendo en cuenta que suelen haber tantos como personas (unos 10 más o menos) puede ser un incordio, tanto para nosotros como para los camareros que han de ir esquivándolos para colocar los platos.

Una buena solución es colocarlo debajo del bajoplato, de donde podemos rescatarlo momentáneamente si queremos consultarlo y donde no nos molestará.

Respecto al bolso, un buen lugar es debajo de la silla, en el suelo, apoyado por la parte interior de la pata de la silla, preferentemente de la izquierda, pues el camarero nos servirá por la derecha y así evitaremos algún accidente. Lo tendremos bajo control y no nos molestará. Podría dudarse sobre la conveniencia de dejarlo en el suelo y que tal vez no sea muy elegante, pero si el respaldo no nos permite ubicarlo allí, bajo la silla es la mejor opción. 

Lo que no debemos hacer nunca es ponerlo sobre la mesa. 

viernes, 3 de junio de 2011

EL PROBLEMA DE TENER DINERO.


No hay nada menos elegante, menos estiloso, menos discreto, más hortera, más arriesgado, más fantasmoso… que enseñar una cartera llena de dinero, y más, si son billetes grandes.

Esto es algo deliberado. Nadie lleva billetes grandes para manejarse en la vida diaria. No se puede funcionar. Incluso hay establecimientos donde se exhiben letreros avisando de que no se admitirán billetes de 100 €.

Los hechos son: 12.30 de la mañana, cafetería en el centro de la ciudad, señor de cuarentaytantos, traje y corbata (combinación de colores que podría mejorarse mucho), sentado en un taburete en la barra, acompañado de dos hombres más, en pie, y de otra mujer sentada en otro taburete. Cafés, alguna cerveza y un plato con restos de algo. Llega el momento de irse, el rumboso que saca su cartera mientras con voz innecesariamente alta va pregonando “pago yo, pago yo, guarda eso”. La abre, y aparecen bastantes billetes de 100 €, y alguno de 200 €. Los acompañantes ven su cartera y contenido, se les escapa una ráfaga de sorpresa e incredulidad en sus cejas y rápidamente desvían la mirada, al tiempo que el susodicho exclama “vaya, oye guapa –dirigiéndose a la camarera- ¿tienes cambio de 100?”.

La camarera le mira con expresión entre resignada y paciente. “Sí, tengo cambio, pero no admitimos billetes de 100 €, señor, lo siento”. “¡Vaya, ni con dinero se puede ir por ahí!”, dice el fantasma.

Otro de los hombres, presurosa y ruborosamente vuelve a sacar su cartera y extrae un billete de 20 € que le entrega a la camarera. “Bueno, la próxima vez será” sonríe el fantoche.

La conclusión podría ser que el tipo en cuestión es un fanfarrón hortera y nuevo rico con psicopatía exhibicionista. Pero en mi opinión, ese diagnóstico es demasiado elaborado y de altura para poder aplicárselo.

Así que me decanto porque en la realidad, esos billetes son todos falsos y de pega, y es un espabilado que a base de ostentar una riqueza inexistente no se gasta un céntimo nunca. Porque con toda esa cartera de billetes grandes no me puedo creer de ninguna manera que ni siquiera fuera de piel.

miércoles, 1 de junio de 2011

¡QUE SE BESEN, QUE SE BESEN! SEXO CON PÚBLICO.

William y Kate Middlenton,
los últimos novios monárquicos
.
Buenas noches, me gustaría saber de dónde viene la tradición de pedir que los novios se besen tras la boda, muchas gracias.

Hola. El beso en público de los novios después de la celebración del matrimonio es la manera moderna de constatar que el mismo se ha consumado, es decir, que ha habido coito. Digamos que es una derivación de la antigua costumbre de verificar con testigos que la pareja formalizaba realmente su unión a través del sexo, de forma completa. 

Se elegían a personas, normalmente cortesanos o cercanos a la pareja, para que presenciaran el momento de la unión sexual entre los esposos. Incluso participaba la Iglesia, como constatación del poder de la misma a la hora de bendecir actos cristianos, en este caso el sacramento del matrimonio. Básicamente, esto de los testigos se realizaba en los matrimonios reales o muy poderosos, en los que la descendencia era un fin primordial, y en los que la pureza en la herencia monárquica pesaba tanto. 

La presencia de testigos servía para comprobar que la novia efectivamente era virgen y que no se corría el riesgo de que el primer hijo no fuese del marido... Esto tenía sus ventajas y sus inconvenientes. 

Súper César Borgia
Ventaja lo fue, y mucho, para César Borgia, por ejemplo, cuyos testigos no tuvieron reparo en pregonar que el matrimonio con Carlota d'Albert había sido sobradamente consumado, concretamente 8 veces. 

Y desventaja lo fue para el pobre Enrique IV, que a sus 15 años no le fue muy bien en su primera vez... 

Hoy día, ni es importante la virginidad y menos las relaciones anteriores, pero hemos conservado la deformación de la prueba de consumación matrimonial que es el tradicional beso ante los invitados a la boda.

Y menos mal, porque con lo otro seguramente no ganaríamos para disgustos ;-).

lunes, 9 de mayo de 2011

DUDAS CON LOS BESOS.

Saludo Maorí
Hola mi pregunta es la siguiente yo vivo en Guatemala y estoy acostumbrada a saludar a mis amistades de beso en la mejilla pero aca donde vivo ahora la gente es... algo incivilizada = ) porque cuando yo saludo así se me quedan viendo como si estuviera haciendo una barbaridad o piensan saber que jajajaja entonces yo lo que hago es saludar con un apreton de manos pero no se que hacer a veces porque por ejemplo hay fiestas en las que hay amistades mias a las que me saludan de beso en la mejilla y hay otras personas a las que les saludo con un apreton de manos entonces se ve mal a unas saludarlas de un modo y a otras de otro entonces que seria lo correcto???.

Hola Cretel. Hay algunas cosas que conviene aclarar sobre tu pregunta, y que tú misma dejas entrever.

Los saludos, por decirlo de alguna manera, tiene "grados de intensidad". No saludas igual a tu amiga íntima que a un compañero de trabajo, a un vecino o a alguien a quien ves todos los días en el autobús, pero con quien no tienes ninguna relación. Tampoco se saluda igual en Europa que en Asia.

Básicamente, si alguien se sorprende por tus besos, es que no es tan amigo tuyo como tú suponías. Cuando no tengas ninguna duda o ellos se dirijan a ti con esa efusividad, puedes responder del mismo modo con tranquilidad.

Ten claro que no con todo el mundo se tiene la misma confianza y por lo tanto, no se la puede saludar igual. Nadie se ofenderá porque hagas estas diferencias, sino todo lo contrario. Si te pasas, puedes resultar invasiva y mal educada, pero si te quedas corta siempre puedes corregirlo. La marcha atrás es difícil en estos casos.

Pero si hay alguna duda, mejor extender la mano o esperar a ver cómo se dirigen a ti, y siempre con una sonrisa y mirando a los ojos.

Aquí tienes un cuadro que resume los tipos de saludo y cuándo proceden, pincha en la imagen y se hará más grande:



Saludos.



domingo, 6 de marzo de 2011

CÓMO SENTAR AL ASESINO EN LA MESA. NORMAS DE PROTOCOLO DE LEONARDO DI SER PIERO DA VINCI.


El Codex Romanoff es propiedad de una reservada familia italiana. Se trata de un libro, escrito a máquina tras la segunda guerra mundial, que comienza diciendo: "Ésta es la obra que yo, Pasquale Pisapia, he copiado a mano del manuscrito de Leonardo da Vinci que se conserva en el Hermitage de San Petersburgo".

Sin embargo no se conoce al tal Pasquale y los responsables del Hermitage niegan poseer tal manuscrito. Verdad o leyenda, el tema del libro está de acuerdo con hechos de la vida de Leonardo que se conocen por otras fuentes y lo divertido de su lectura hace que hoy lo traigamos aquí.

El arte de Leonardo da Vinci nunca dejará de sorprendernos. Empiezas a conocer a este magnífico personaje primero por sus cuadros, que te dejan con la boca abierta y se te cae la baba antes esas pinturas, que por muy artista del pincel que seas a su lado no eres más que un niño haciendo garabatos con un plastidecor.

miércoles, 23 de febrero de 2011

LOS PEQUEÑOS HORRORES.

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  1. Esperanza Aguirre recién salida del quirófano, centenares de medios de comunicación a las puertas del hospital esperando el primer parte médico. Salen dos personas, supongo que los responsables del gabinete de prensa del hospital, con las manos llenas de folios, que se dirigen hacia los periodistas con evidente ademán de hacerles entrega de esos folios. Y una de las personas, dirige con movimiento rápido su pulgar hacia la boca, y se lo rebaña desde el principio hasta el final con su propia lengua… Luego, con esa humedad que le facilita la separación de los folios, los va entregando repitiendo el ademán cada 2 ó 3 hojas…
  2. Llegas a un lugar y comienzas a saludar a los conocidos. Te acercas a uno de ellos al tiempo que a él le da un golpe de tos, y muy educadamente, vuelve ligeramente la cabeza y con la mano en canutillo, se tapa la boca intentando toser lo más discretamente posible. Luego, te extiende esa misma mano para estrechártela en el saludo…
  3. En un evento vas al baño a asegurarte de tu compostura, sacas un pequeño cepillo para el pelo, lo dejas en la encimera y llega una “conocida” que simultáneamente a “qué bien, déjamelo”, se cepilla enérgicamente su cabellera, y te lo devuelve con la mejor sonrisa y gracias, pero también con unos cuantos cabellos suyos enredados en las cerdas de TU cepillo…

Estas desagradables anécdotas, nos han pasado a todos alguna vez. Y en esas situaciones siempre me viene a la cabeza un antiguo compañero de trabajo, muy socarrón, que aquellos años compartía conmigo un jefe muy escrupuloso. Éste solía sentarse frente a su mesa cada tarde para revisar papeles, y cogiéndole un lápiz, lo mordisqueaba mientras los leía. A mi compañero este gesto le desagradaba bastante.

Una de esas tardes, debió mirar al jefe con mayor intensidad que otros días, de modo que éste se dio por aludido y con una ligera sonrisa se excusó diciendo “ay, perdone, es una manía que tengo y no me doy cuenta”, a lo que mi compañero, con toda la parsimonia que merecía un momento tanto tiempo esperado, le contestó “no se preocupe, yo también los chupo todos los días…”.

La tarde siguiente, el jefe llegó con su propio lápiz.

lunes, 14 de febrero de 2011

VESTUARIO, IMAGEN Y CONFUSIONES.



Hola. No creo que el éxito de mi trabajo esté en cómo visto, sino en cómo negocio, no? Trabajo en una empresa de servicios, y soy comercial. Tengo que visitar a muchos clientes, y en la empresa me exigen un vestuario sobrio y sin ninguna connotación sexual, es decir, nada de pelo suelto, nada de vestidos, nada de cualquier cosa que pueda "confundir" al cliente. ¿Por qué? Alicia R.

Hola Alicia. Hay varios aspectos a tener en cuenta en tu consulta.

En primer lugar, trabajas para una empresa que exige esos requisitos, y si quieres permanecer en ella, los tendrás que cumplir.

Esto que expones, a mi modo de ver, no es más que una derivación machista producida por la incorporación de la mujer al mundo profesional. Parece que los hombres son fácilmente "distraibles" y pueden "confundirse" si tu aspecto no se parece al de ellos, con lo cual no sabemos si conseguirías más clientes para tu empresa o menos... es una duda razonable.

Es una filosofía tan finamente retorcida, que podríamos decir que los hombres de negocios son totalmente manipulables y bastante tontos. Si te vistes como ellos, evitarás cualquier suspicacia y eliminarás elementos sexuales, lo cual parece que significa que serás más inteligente y se te respetará más. Si llevas el pelo suelto y un vestido con medias, es imposible que seas una buena negociadora, que tengas mala uva o sepas ser comercialmente agresiva en un momento dado. Probablemente serás una incompetente que utiliza sus encantos para conseguir rappeles a cambio de quién sabe qué cosas...

Pero si te masculinizas, pareciéndote más a ellos, ocurrirá que ellos se sentirán en igualdad de condiciones y podrán ejercer su modus operandi varonil en el duro mundo de los negocios sin tener que comportarse como caballeros.

En fin. Estamos ante otro estereotipo cultural. Si quieres parecer mejor profesional, tendrás que parecerte a ellos porque no te valdrá sólo con demostrar tu valía desde el minuto cero, como se les exige a ellos.

No he visto que las Koplovitz se masculinicen para tener éxito en sus negocios. Quiero pensar que el talento profesional no lleva medias ni corbata, sino que es algo que la persona demuestra con su aptitud y actitudes.

Y tampoco estoy hablando de irnos al otro lado... porque los hombres no van enseñando la tableta para conseguir más clientes. Sencillamente, se visten con corrección y cuidan su imagen personal. No marcan paquete ni hacen ostentación de atributo sexual alguno (salvo en la verborrea alguna que otra vez) para cumplir sus objetivos profesionales. Por lo tanto, no estamos hablando de escotes excesivos, faldas cortas o vestidos ceñidos. Estamos hablando de señoras que cuidan su imagen personal, y utilizan en su vestuario prendas esencialmente femeninas. La sobriedad y la elegancia no están reñidas con la feminidad, sino todo lo contrario. A ninguna mujer se le ocurre vestirse de fiesta para ir a una reunión de negocios.

En unos momentos en los que nos replanteamos la obligatoriedad del vestido largo para las autoridades femeninas en las recepciones oficiales, o la genuflexión exclusivamente por parte de la mujeres, parece un despropósito conservar estos convencionalismos tan estereotipados, y tal vez deberíamos comenzar a pensar que a ese duro mundo de los negocios tan enraizadamente masculino le convendría dejar de serlo tanto.

En el equilibrio está la virtud, para ellos y ellas, igual que está la inteligencia. Y el que se distraiga, peor para él. 

jueves, 10 de febrero de 2011

LA EDUCACIÓN A DESTIEMPO.


Dar el pésame dos años después; preguntar por el divorcio de alguien que ya se ha olvidado -voluntariamente- de que eso le ocurrió; felicitar por el cumpleaños tres meses después; contarle a alguien la maldad que otro contó sobre él hace seis meses...

A veces, nos equivocamos en los límites de la educación. Es como muchas otras cosas en la vida, que hechas a destiempo son innecesarias y molestas.

Si en su momento no se enteró de la defunción, y la noticia acaba de llegarle, es que no era una persona tan cercana como para que alguien le comunicara lo ocurrido, poder asistir al entierro, dar el pésame en su momento, o enviar unas letras de sentimiento... y curiosamente tampoco para asistir al funeral de semanas después. 

De modo que si nadie contó con usted para ese momento tan doloroso, no debe utilizar un encuentro fortuito  ni una información casual para molestar con su pésame tanto tiempo después. El viudo, la viuda, o los padres que perdieron a su hijo, o el hijo que perdió a su padre, merecen al menos el respeto de que no mencione esa desgracia transcurridos tantos meses o años.

Es más correcto interesarse por el bienestar personal de quien tiempo atrás sufrió la pérdida y limitarse a decirle, aunque no sea verdad, que se alegra sinceramente de encontrarle tan bien, y dejar a su criterio el comunicarle la noticia dándole la oportunidad de corresponder con su sorpresa fingida y sus condolencias falsas.

O por el contrario, decirle que conoció la noticia el suficiente tiempo después como para considerar que no debía molestar haciendo revivir el dolor, y que no se atrevió a escribir unas líneas de condolencia.

En cualquier caso, en estas circunstancias, a la persona que sufrió la pérdida seguramente le será indiferente su sentimiento y sus palabras tardías.

Es una de esas ocasiones en la vida, en las que debemos tener en cuenta que ser educado a destiempo, haciendo algo que sólo debe realizarse en el momento, es mucho peor que hacerse el desentendido.

Si no estuvo cuando le necesitaron, o cuando se hubiera agradecido su presencia, no la imponga ahora, es la única manera en la que puede enmendar su error. Suena crudo, pero es así.

martes, 1 de febrero de 2011

MARIDAJES Y GUSTOS PERSONALES.

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Hay que fastidiarse. Fui de cena el otro día con amigos a un restaurante se supone que elegante, y me pusieron verde por elegir vino blanco con el entrecot. ¿tan grave es? es que no me gusta el tinto, recarámbanos!!!!! Y no voy a hablar de la cara que puso el maitre!!!


Es verdad que muchas veces nos sentimos cohibidos y no somos capaces de reivindicar nuestro derecho a elegir en función de nuestro gusto personal y tenemos miedo de que, transgrediendo las normas mayoritarias parezcamos incultos o poco elegantes.


Defiendo totalmente la opinión de que el gusto es personal, y salvando las cuestiones de buenas maneras y educación en la mesa, los comensales tenemos derecho a solicitar los platos o vinos según nuestro parecer.

Cuestiones como las que planteas, referidas a la elección de un determinado vino (aunque para el sumiller sea un atentado) en lugar de otro que puede que sea de menor calidad pero es más de nuestro gusto, a querer que el solomillo o el entrecot no sangre, por mucho sacrilegio que sea; a solicitar que el café nos venga junto al postre dulce y no después (esta por ejemplo es una manía mía que tengo que hacer valer continuamente), son en definitiva derechos que continuamente nos niegan en muchos restaurantes.

La profusión de platos, el considerar que es más elegante un plato absolutamente espectacular pero tan escueto en su cantidad que necesitaríamos comer tres; el despreciar numerosos platos de la cocina tradicional por considerarlos poco elegantes o propios de merienda dominguera; el no cumplir estrictamente con las reglas del maridaje, son, a mi entender, errores que dañan el placer que debe sentir un comensal cuando es servido.

En mi opinión no es en absoluto grave. A ti te gusta, tú pagas, pues no hay discusión. El sumiller, maitre o camarero te debe aconsejar, es una de sus responsabilidades, pero por encima de todo debe respetar tus gustos. 

Dicen los sumiller que el arte del maridaje está en hacernos descubrir unos detalles de sabores, texturas, matices... tanto en la comida como en el vino, que nos hará desear tomar otro bocado y otro sorbo de vino para volver a experimentar esas sensaciones maravillosas... pero claro, esa magia es subjetiva pues ya sabemos que para gustos no hay colores. 

Esto que planteas me recuerda la cuestión de mezclar un Gran Reserva con Casera.... ¡pues saldrá un tinto de verano espectacular! y a quien le guste degustar ese maravilloso Gran Reserva en su pura esencia pues perfecto. A veces somos demasiado cuadriculados, y tal vez deberíamos defender un poco más nuestra libertad de elección.

Eso sí, recuerda, siempre desde el buen gusto y la educación. Es decir, el tinto de verano en copa, por favor... 

domingo, 9 de enero de 2011

Reyes y risas.


La presentación al Rey de las Cartas Credenciales de los nuevos Embajadores es una de las ceremonias del protocolo diplomático con más tradición y que conserva unas normas de etiqueta y ceremonial muy estricto.

De modo que, si nos ocurre a alguno de nosotros lo que a Su Majestad en un momento importante y delicado como éste, querríamos que se nos abriera la tierra bajo los pies y desaparecer. A todos nos ha sonado el móvil en el momento más inoportuno, y ha servido para que quitáramos el politono con sonido "peculiar" o con una canción "especial", o sencillamente, para que no se nos olvide silenciarlo en ocasiones que lo requieran.

Seguro que en el ejercicio de su profesión, su Secretario le habrá advertido en otros momentos "Majestad, cuidado con el teléfono..." y seguramente lo habrá dejado por imposible.


Pero creo que, a estas alturas, a SM se le pueden consentir este tipo de cosas, y tomarlo como una anécdota sin importancia pero divertida, que parece integrar a Don Juan Carlos en un comportamiento sencillo y cotidiano. Un error sorprendente, pero humanizante. Su disculpa al sonar el teléfono es "es que tengo un teléfono un tanto... perdón..." ¿Qué otra cosa podría decir?.

Aunque habremos de reconocer, que si en lugar de a SM esto le ocurre al Embajador de Marruecos, a quien recibía en ese momento, hoy estaríamos mofándonos de él o criticando a su asesor personal.

Yo me haría otras preguntas: ¿Quién ha elegido ese politono? ¿Él mismo? ¿Uno de sus nietos ("abu, abu, ponte este!!!")? Y sobre todo... ¿Quién ha llamado o enviado un sms a SM? Y lo más importante... ¿con qué contenido? Y es que con lo nuestro somos más benevolentes, aunque no dejemos de ser cotillas.

lunes, 13 de diciembre de 2010

BESOS Y PROTOCOLOS.

Buenas noches, quería saber si las muestras de afecto son incorrectas en la mesa.

Hola. Supongo que se refiere a muestras de afecto entre una pareja, que tengan lugar durante la comida y en la mesa.

Por regla general, no es muy adecuado, pero naturalmente como todo, depende del porqué y de la ocasión.

Partiendo de la base de que las muestras de afecto forman parte de las relaciones personales íntimas, y que muchas de ellas se reservan para la privacidad, quedan pocas que podamos expresar en público.

Si nos referimos a los niños, habremos de tener presente que el ejemplo es la mejor forma de educación, por lo que seremos cautos con nuestro comportamiento.

Hay algunas muestras de afecto que quedan por sí solas descartadas. Recordemos que en la mesa, las manos han de estar siempre a la vista, con lo cual las manitas por debajo se eliminan.

En la mesa estamos comiendo, y aún en las pausas, estaremos ocupados con la conversación con nuestros compañeros de mesa o simplemente aguardando el siguiente plato, bebiendo, etc.... de modo que los besos también quedan eliminados.

En un espacio acotado, como es la mesa, es muy molesto, incómodo y a veces incluso violento tener cerca a una pareja en esa actitud.

De los abrazos, achuchones, etc., no creo que sea necesario comentar, pues se le añaden movimientos muy incómodos para realizarlos en la mesa.

Ahora bien, si estamos hablando de una celebración íntima, entre una pareja, y nos encontramos en casa, cada uno es libre y todo lo que al otro le parezca bien, bien estará. Pero si esa celebración es en un restaurante, y en público, habremos de guardar el suficiente decoro que nos requiera el respeto mínimo que hay que guardar al resto de personas.

Creo que el sentido común nos aconseja bastante bien, y llegados a una determinada madurez, no hay nada que no podamos reprimir o aplazar para otro momento más adecuado.

Mientras comemos, puede ser mucho más divertido hacer uso de señales privadas, en clave de seducción, que, además de pasar desapercibidas para los demás, pueden resultar mucho más excitantes y divertidas, además de preparar una experiencia posterior muy gratificante cuando estemos ya a solas.

sábado, 11 de diciembre de 2010

¡CUIDADO! LA IMAGEN PELIGRA EN LOS ESCAPARATES.




La cuestión es simple y la planteo directamente: ¿Se encuentra usted a gusto en una peluquería, con el tinte, los rulos, las mechas, el baby... mientras todo viandante que pasa por la calle puede verle impunemente de esa guisa? Yo no. No puedo entender a esos establecimientos que exponen de forma tan indiscreta momentos tan privados de sus clientes, pero aún menos entiendo a los clientes que se sientan tranquilamente en esos sillones sin que les importe ser maniquís de escaparate.

Es como si te pasearas por la Explanada con el papel de plata en el pelo o con el gorro del secador puesto y al rato volvieras a comprarte algo en los puestecillos, pero ya perfectamente arreglada. ¿Para qué nos arreglamos entonces? Si permitimos que se nos vea durante la preparación (nada favorecedora) ¿Qué gracia tiene salir a las dos horas perfectamente peinadas si lo peor ya nos lo han visto?

Esto me recuerda a esas señoras que salen a primera hora de la mañana a  pasear al perrito, en pijama y bata, sin peinar y con las zapatillas de andar por casa, y al rato vuelven a por el pan pero ya de punta en blanco.

Nadie puede recordarte maravillosa si tiene grabada en su mente tu imagen con los pelos de punta (literalmente) y llenos de esa sustancia indescriptible que va cambiando de color.

No hagan esto jamás. Ni exponerse en una peluquería que no defienda su intimidad ni mucho menos lo de la señora que menciono. Por favor.


martes, 30 de noviembre de 2010

LA DEPENDIENTA ASESINA.

¿Qué se hace con la dependienta que te persigue como si fueras a robar algo en la tienda? Si sólo quieres mirar, curiosear, y se lo dices, pone mala. Si te pruebas algo te atormenta en la puerta del probador... Es ofensivo y dan ganas de decirle 4 cosas...!!! Gracias.

Hola. Sí, verdaderamente es incómodo y bastante irritante. Pone en evidencia la falta de profesionalidad de la dependienta, y sólo tenemos tres opciones. La primera, ignorarla. La segunda, preguntarle si desea algo, pues como va detrás de tí... y tercera, marcharse de esa tienda y no volver.

Todo dependerá del interés que tengamos en ese comercio. En cualquier caso, el que la dependienta no haya sido debidamente formada no es del todo culpa suya, y al fin y al cabo está allí para ganarse el sueldo.

Lo que está claro es que no hay ninguna razón por la que tengamos que aguantar nada que nos incomode en un lugar en el que entramos libremente.

Lo último que debemos hacer, y está claro, es ser tan maleducados como ella.

lunes, 22 de noviembre de 2010

LOS BYB (BÚFALOS Y BISONTES) EN EL TRABAJO.

Búfalo Bill debería haberse llamado en realidad Bisonte Bill. Cuando los colonos llegaron a América, se encontraron con una bestia parecida a los búfalos, y con esa osadía que da la ignorancia y la prisa, decidieron llamarlos así. Pero en realidad eran bisontes. 
 
El problema radica en que el búfalo cafre (syncerus caffer) habita originariamente en África y el búfalo indio (bubalus bubalis arnee) lo hace tranquilamente en Asia. Pero el auténtico bisonte (bison bison) vive y pasta también tranquilamente en América del Norte.
 
Ambos, búfalos y bisontes son parientes, de la misma familia, la bovidae, que incluye a más de 100 especies de mamíferos con pezuñas, entre los que están sus primos hermanos los antílopes, las gacelas, el ganado vacuno, las ovejas y las cabras.

Así que venimos a deducir que búfalos y bisontes, a la vista de los colonos americanos, eran la misma cosa pues se parecían muchísimo. Sin embargo, hay unas diferencias sustanciales entre ellos, que apreciaríamos inmediatamente si los tuviéramos juntos delante de nosotros.

El búfalo cafre es básicamente holgazán. Pasta por las praderas y sabanas africanas y sobre la cabeza lleva como un escudo del que le brotan los cuernos.

Pero para cuernos, los del búfalo indio. De tamaño descomunal, forman como una luna creciente sobre su cabeza y entre sus puntas puede haber una distancia de hasta 180 centímetros. Pero al contrario de otros cuernos, los del búfalo indio no son sólo para que se vean bien y clavarlos a quien le ataque, puesto que, como habita en los pantanos, los usa mucho más para recoger el lodo y echárselo a la espalda.

¿Y esto qué tiene que ver con este blog dedicado al protocolo, el saber ser y el saber estar?
Pues que si miramos a nuestro alrededor, todos, (y especialmente en algunos lugares de trabajo), nos encontramos con búfalos cafres que no pegan ni golpe y su escaqueo lo disfrazan de agotadoras sesiones de trabajo, que describen como polifuncionales, pues su entrega y dedicación les hace exultantemente responsables, pero que, a la hora de hacer las operaciones matemáticas que debieran demostrar tal capacidad sin límites, el resultado da =casi cero. Es decir, pastan sobre el trabajo y se esconden bajo su escudo protector sacando sólo los cuernos a quien ose hacerles interpelación o alegue no encontrarlos nunca donde dicen que anduvieron.

Los búfalos indios son también muy comunes. Tienen tanta capacidad de echarse lodo a la espalda sin inmutarse, que necesitan que sus cuernos estén muy separados para que les quepan los fardos entre ellos.

Y por supuesto, están las gacelas, esas que andan de puntillas sobre sus pezuñas y tienen una habilidad insultante para escabullirse de cualquier marrón con inusitada velocidad. De los antílopes, sólo diré que tienen los cuernos huecos…

Y nos queda el ganado vacuno, las ovejas y las cabras. No añadiré descripciones porque seguro que a usted le acaba de venir alguien a la cabeza…

Pues para lidiar con estos bovidaes, es necesaria una templanza, gallardía y paciencia extraordinarias. Los bovidaes sirven para educar nuestro carácter, hacernos hombres y mujeres, amaestrar nuestra ira y por eso, hemos de contemplarlos como seres necesarios para poder medir los límites entre lo positivo y lo negativo. Es decir, colaboran activamente en el entrenamiento del autocontrol, del saber ser y del saber estar.

Es importante que, si te los encuentras cara a cara, nunca bajes los ojos. Has de mirarlos fijamente a los suyos y cual Bush padre en campaña electoral, señalando tu boca con tu índice, dirás pausadamente, “read my lips: no more taxes”. O lo que es lo mismo en este caso y aplicado a la circunstancia, “lee mis labios: no me engañas”.