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miércoles, 11 de julio de 2012

5 COSAS QUE NO PUEDE PERMITIRSE UN 4****

UNA. Apretujamiento tal que las copas no tienen más remedio que confundirse. Recuerde señor restaurante 5 estrellas: cada comensal necesita como mínimo 60 cm. para estar cómodo y saber cuáles son sus utensilios para comer y beber.










DOS. No poner cubiertos de servir con las ensaladas. Aleeeeeee todos los tenedores privados en la ensaladera común....












TRES. ¡Enfriadores nuevos!














CUATRO. No retirar los platos con restos no comestibles, antes de servir el principal.












CINCO. No retirar los restos de bebidas antes de servir el postre.













Esto demuestra que a veces, ser un 4**** no significa garantía de calidad en el servicio. Por eso, debemos exigir, protestar y si se tercia, discutir el precio. 

No se puede invitar a una celebración confiando en que con 4****, no tendremos que preocuparnos de estas "menudencias" tan obvias cuando se habla de este nivel. 

Si se tiene esta categoría, se ha de demostrar en celebraciones pequeñas y grandes. Es más, es en las celebraciones grandes cuando el servicio se complica y es ahí donde se ha de estar realmente a la altura.

Regañina para este 4****.




viernes, 1 de junio de 2012

DAME PAN Y DIME TONTO.

12.30 del mediodía, cafetería en paseo emblemático de Alicante. Hace calor. Tres personas, una de ellas, yo. Se acerca el camarero, un joven uniformado con ropa corporativa, logotipo en el pecho, delantal. Todo negro, que está de moda en la hostelería. Su cara no es, digamos, de agrado. Arrastra levemente los pies, su cara no es sonriente. En resumen, se intuye pocas ganas de hacer lo que está haciendo.

Pero ¡ay! se acerca pero no a nuestra mesa… pasa de largo en tres recorridos. Es decir, sencillamente nos ignora. Limpia otras mesas ya vacías pero no nos pregunta, aprovechando el viaje de vuelta en vacío, qué vamos a tomar.

Han pasado 10 minutos. Cuando estás esperando que te atiendan en una cafetería, 10 minutos es una eternidad.

La cuarta vez se acerca a una mesa junto a la nuestra, donde se ha sentado una joven con un bebé. La saluda, besa al niño… se conocen o son de la familia. Se vuelve y pensamos que, como está al lado, por fin nos toca… pero no. Se va. Y lo llamamos:

- Disculpa, ¿nos puedes tomar nota?.

Esto ya fastidia, porque vamos a ver. ¿No soy el cliente? ¿Tengo que pedir perdón por consumir y pagar?.

- Sí, claro. Qué quieren tomar.

No es una pregunta cortés. Es algo así como el equivalente a “¿Para qué creen que estoy aquí?”.

- Yo quiero una Fanta de limón, dice una de mis acompañantes.

- Media tostada con aceite y un cortado con hielo, le digo yo.

- No damos pan ya, contesta.

- ¿Cómo? (no entiendo)

- Que a estas horas ya no damos desayunos.

Ojiplática me quedo. No estoy pidiendo churros para que tenga que encender otra vez la freidora…

- Es que tienen oferta de desayuno hasta una hora de la mañana (me susurra mi otra acompañante).

- Ah, pues entonces (le digo al camarero sonriente y entusiasta) ¿qué se puede comer ahora?

- Sándwiches, bocadillos… (contesta).

- A mí me pones medio bocadillo con jamón y una Coca-Cola (dice mi susurrante amiga).

- Pues ponme medio sándwich mixto y un cortado con hielo (qué maldita sea lo que me apetece un sándwich, pero es que medio bocadillo me apetece menos… )

He estado a punto de preguntar si el cortado sirve como pulpo, o no es considerado desayuno y ya no me lo puedo tomar hasta a partir de las 15.00, o las horas que ellos consideren que yo tengo que haber comido, pero digo, para qué.

Nos trae la bebida.

- Era de limón (dice mi amiga fantera).

- Ah, vale (y coge la Fanta de naranja y la vuelve a poner en la bandeja. Se va.)

Vuelve (ya para qué voy a pensar en lo que ha tardado) y deposita en la mesa dos platos, uno con el bocadillo de jamón y patatas chips, y el otro con el medio sándwich y más patatas chips.

Sorprendentemente, resulta que el medio bocadillo (¡¡sí que hay pan!!) está tostadito, y el sándwich está a la plancha, también tostadito. No puedo resistirlo, estoy hasta el moño de normas absurdas con las que hay que tragar en función de no sé qué estrategia comercial que desde luego, no es precisamente al cliente a quien beneficia.

Es decir, que si lo pido con jamón o con algo en medio, sí que se puede tostar el pan, pero si lo pido solo, no. Hay que fastidiarse. Es como las bolsas de las grandes superficies, que si no las pagas, contaminan, pero si las pagas, no.

No puedo reprimir el impulso y le pregunto, haciéndole volverse al oírme, lo cual ya es en sí un evidente fastidio para él:

- Disculpa, es curiosidad, pero si no te lo pregunto no me quedo tranquila. ¿Si es con algo en medio sí que hay pan tostado pero si lo quiero sin nada no?

Y antes de que me suelte lo del precio, le añado

- Si yo quiero media tostada con aceite y ya habéis decidido que a estas horas es más caro, y yo lo pago ¿no me lo puedo comer? ¿Y si te pido medio bocadillo con aceite y sal, me lo pones?

Su expresión dice “me tocó la imbécil de hoy” y me contesta que “las normas no las pone él”.

Se da la vuelta y se va. O’Hara, en la Explanada de España, para más señas. Y lo digo porque no sé por qué razón, hay tanto reparo en poner nombre y lugar a determinadas cosas, como si los clientes no tuviéramos derecho a decir la verdad cuando no nos tratan bien.
Esto, tan absurdo como irritante, responde a algo muy simple que se convirtió en una constante en tiempos de bonanza económica, cuando ir a un sitio de moda suponía casi el tener que pedir permiso para entrar y por supuesto, aceptar con resignación y de buen grado cualquier norma de la casa, a pesar de que somos los clientes quienes pagamos por todo.

Hoy en día, esta filosofía está agonizando a pasos agigantados. Por una simple razón: cada vez, al cliente, nos cuesta más gastar un euro. Somos más exigentes y tenemos más información. El sitio de moda lo hace el cliente, porque va y les paga para que continúen estando de moda.

Y a estos establecimientos que se acogen a normas, ofertas, etc. que están pensadas para, en teoría, atraer clientes por precio, se les olvida algo fundamental: el servicio de calidad.

Los clientes pagamos más a gusto cuando salimos del establecimiento sintiéndonos los reyes del local; cuando nos han tratado con corrección y la calidad de los alimentos y del local se corresponde con la del servicio. E incluso perdonamos alguna deficiencia en alimento o local si el servicio ha sido el correcto.

Y por otro lado, no sirve de nada una imagen corporativa guay de un personal guapo y joven si no saben sonreír, tratar a las imbéciles como yo y tener capacidad resolutiva para tomar decisiones más allá de las cuadriculadas y generales impuestas por alguien que en la mayoría de los casos, no está al pie del cañón atendiendo a los clientes y por eso, concibe procedimientos estándar, como los que emplean las teleoperadoras…

Creo que es sustancial para los establecimientos recuperar la máxima de que “el cliente es lo primero”, personalizando su atención y sobre todo formando al personal que trabaja en ellos. Eso es lo que fideliza clientes.

Y esos establecimientos existen, doy fe. Por ejemplo, no hay más que andar unos metros más, sentarse en SOHO MAR del puerto y ver cómo un camarero sonriente, con apariencia de estar encantado de atenderte, llega cuando apenas te has sentado y te dice

- ¡Buenos días! ¿Qué les apetece tomar?

Y en menos que canta un gallo tienes tu consumición sobre la mesa, pidas lo que pidas a la hora que lo pidas. Eso es atención de calidad.

Y al César lo que es del César.

sábado, 1 de octubre de 2011

¡QUÉ FOLLÓN DE CUBIERTOS!


Yo tengo una pregunta referente a una cena formal. El menú incluye entrada, sopa o ensalada, y carne o pescado. Entonces, ¿irían cuatro cuchillos  y tenedores, uno para entrada, uno para ensalada, el de pescado y el normal, además de la cuchara de sopa?. Y otra pregunta: Suponiendo que el plato principal sea carne, ¿al retirar el plato del aperitivo, debe retirarse también el cubierto de pescado porque no va a usarse? No sé si estoy confundiendo las cosas. Gracias por la atención y la paciencia.



¡Hola!  


Entiendo que la cena la ofrece usted, por lo que sabrá perfectamente si se decantas por carne o pescado. Como regla fundamental y general, en una cena formal se conoce siempre el menú con antelación pues bien o lo haces usted, o se lo ofrecen con motivo de un banquete.


Y una de esas reglas fundamentales en las cenas formales es que se colocan exclusivamente los utensilios que vayan a usarse, de modo que si sólo hay pescado sólo estarán los cubiertos para el pescado. Pero si después servimos también carne, pondremos también los cubiertos para la carne, y todos estarán en la mesa desde el principio. 


En cuanto a los cubiertos para las entradas, parece un exceso de utensilios y además un trabajo añadido de retirada de cubiertos, y de platos, puesto que no pueden retirarse los cubiertos sin su correspondiente plato ¡qué follón!.


En estos casos, es procedente servir entradas con ensalada, y utilizar cubiertos y platos para este fin.


Así, encontraremos a la derecha, y desde fuera hacia el plato: 

  • cuchara de sopa o cremas,
  • pala de pescado
  • cuchillo de carne
y a la izquierda del plato, y desde fuera hacia el mismo:
  • tenedor de entrantes (donde incluimos la ensalada),
  • tenedor de pescado (si lo hay), 
  • tenedor de carne (si lo hay). 

Si descarta la ensalada colocará los mismos.  


Para ayudarle de forma práctica, le invito a visitar mi Canal de Videos donde encontrará videos explicativos sobre protocolo social, y le inserto el correspondiente a la Mesa de Etiqueta:






Un saludo, 

sábado, 30 de julio de 2011

QUÉ HACER CON LA MINUTA Y EL BOLSO.



Cuando voy a banquetes de algún tipo, sean bodas, comidas, lo que sea, siempre tengo dudas con lo mismo, y además suele ser motivo de comentarios en la mesa. Es qué hacer con el menú que te ponen encima del plato, que acaba molestando lo pongas donde lo pongas, y lo otro es qué hacer con el bolso, porque son bolsitos de fiesta que no los puedes colgar, y tenerlo en los muslos con la servilleta es incómodo, y entre el respaldo y el cuerpo también, porque no te deja sentarte con tranquilidad.
Una buena idea de Arte Catering, de Santiago de Compostela.
Bajoplato transparente, que permite al comensal ver el menú entre cada
servicio.

Pues es verdad, son dos cosas tontas que pueden incomodar sin necesidad. Cuando dices el menú, es la minuta, cartulina de diversos tipos y tamaños donde se relaciona el menú que se va a servir. Es verdad que tenerlo dando vueltas por la mesa, teniendo en cuenta que suelen haber tantos como personas (unos 10 más o menos) puede ser un incordio, tanto para nosotros como para los camareros que han de ir esquivándolos para colocar los platos.

Una buena solución es colocarlo debajo del bajoplato, de donde podemos rescatarlo momentáneamente si queremos consultarlo y donde no nos molestará.

Respecto al bolso, un buen lugar es debajo de la silla, en el suelo, apoyado por la parte interior de la pata de la silla, preferentemente de la izquierda, pues el camarero nos servirá por la derecha y así evitaremos algún accidente. Lo tendremos bajo control y no nos molestará. Podría dudarse sobre la conveniencia de dejarlo en el suelo y que tal vez no sea muy elegante, pero si el respaldo no nos permite ubicarlo allí, bajo la silla es la mejor opción. 

Lo que no debemos hacer nunca es ponerlo sobre la mesa. 

viernes, 29 de julio de 2011

BAJOPLATO Y CAFÉ.



He estado en un banquete de boda hace poco, y no nos quitaron los bajoplatos, sirviendo el café sobre ellos. ¿Eso es correcto?

No, no lo es. Lo que sí es extraño es que, montando una mesa de boda, en la que se incluye bajoplato (que ya supone una cierta categoría), los profesionales que trabajan para montar y servir el banquete tengan una formación tan escasa.

Pero en fin, no tengo más datos que los que usted me da, así que no podemos entrar a valorar en profundidad si hubo alguna razón por la que eso se hizo así. El resto de lo que veo en la fotografía es correcto. Se dejaron las copas de agua y se sirvió el cava. Están sirviendo los licores y hay bombones o dulces sobre la mesa. Lo chocante es la mano enguantada del camarero y la taza sobre el bajoplato... no se corresponden entre sí.

Lo que sí puedo decirle es que el bajoplato está pensado para marcar la posición de la persona y evitar el mantel vacío entre plato y plato. La norma es retirarlo tras el postre, y servir el café y las copas sin su presencia.

No obstante, si el bajoplato era tan bonito que el jefe de sala ordenó dejarlo... pues él sabrá.

Por mi parte, le aconsejo que ante estas dudas, no tenga reparo en plantearlas al responsable. Es decir, acérquese usted al maître o jefe de sala y pregúntele la razón de por qué se actúa así, y explíquele que usted tenía entendido que había que retirarlo.

Un amigo mío acostumbra a decir que el que pregunta, es tonto una vez, pero el que no pregunta nunca, es tonto siempre. Una buena pregunta realizada con corrección normalmente tiene una buena respuesta.

A mí también me gustaría saber porqué no los quitaron...

martes, 26 de julio de 2011

CÓMO SERVIR A LOS INVITADOS.


Hola, he visto los artículos referidos a elegir un menú y el orden en que deben servirse los alimentos, y me gustaría saber el orden de servicio a las personas que están sentadas a la mesa, y quién y cómo se ha de servir. Gracias.

El orden en que debe servirse la comida a las personas sentadas a la mesa, varía ligeramente en función de si la comida es en casa, servida por los anfitriones o el servicio si lo hay; si es en un restaurante servido por camareros o si se trata de un banquete oficial o de boda.



COMIDA EN CASA SERVIDA POR LOS ANFITRIONES:

Dependiendo de la formalidad de la ocasión, lo más normal es que los anfitriones (uno u otro) comiencen a servir empezando por la persona de más edad (o mujer) más relevante que estará seguramente a su derecha. Irá recogiendo los platos que le ofrecen los invitados y sirviéndoles hasta acabar con el hombre más joven. Los últimos en servirse son los anfitriones.

EN UN RESTAURANTE SERVIDO POR CAMAREROS:

Lo normal es que el camarero comience a servir primero a las señoras (la de más edad antes) y continúe hasta terminar con el hombre más joven.

EN UN BANQUETE:

En una boda, se sirve primero a los novios y a la mesa presidencial. El resto de mesas se sirven comenzando por la "señora 1", después el "caballero 1" siempre de derecha a izquierda.

Si el banquete es oficial, los invitados estarán sentados de acuerdo al RD 2099/93 sobre precedencias, y se les servirá en ese orden.

En resumen, las reglas generales del servicio son primero a la esposa del invitado del honor y después al resto de señoras por la derecha, terminando con la anfitriona. En cuanto a los hombres, primero al invitado de honor y a continuación al resto por la derecha, terminando con el anfitrión.

Las señoras antes que caballeros y el invitado antes que el anfitrión, salvo altas personalidades o bodas como ya he dicho.