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lunes, 6 de junio de 2011

CARTA ABIERTA A TODOS LOS PERROS DEL MUNDO. LOS PROTOCOLOS PERRUNOS. PARTE 1.

En mi primera experiencia laboral, pude disfrutar de un jefe ciertamente especial. Él le regaló a su esposa un cocker spaniel dorado, pero tal y como transcurrieron posteriormente los hechos, el animal pasó a ser más mascota de él que de ella. La posesión de este animal influyó bastante en ciertos hábitos de su dueño, hasta tal punto que incluso, le hizo variar su horario de trabajo.

Tenía que pasear al perrito por la mañana y por la noche, con lo cual su hora de llegada al despacho también cambió. Esto, por mencionar uno de los más notorios, que no relevantes, alteraciones de su cotidianeidad.

De modo que un día, más satisfecho de su mascota que otros días, sentenció “hay dos clases de hombres: los que tienen perro y los que no”. Y bueno, supongo que en muchas cosas en relación a este tema, tenía razón.

Cumplía escrupulosamente con su cuidado físico (del perro quiero decir), sus visitas médicas y su alimentación (del perro también). Lo llevaba sujeto a una correa de pura piel con anclajes bañados en plata, y una chapita de plata con su nombre y teléfono (nombre del perro y teléfono del dueño, se entiende) con forma de hueso (la chapita, no el dueño). En fin, que en su momento este perrito cayó en mejor casa que los hijos de Sara Montiel.

Mi jefe, que era un hombre extremadamente pulcro, limpio y escrupuloso para todas sus cosas, irritantemente exhaustivo y detallista en el trabajo, le costaba un poquito más el protocolo público del perro.

Es decir, recoger los excrementos, llevarlo convenientemente sujeto, regañarle ante comportamientos agresivos, impedir las muestras de cariño gratuitas a desconocidos… y todos estos recuerdos (de hace unos 25 años) me han venido a la cabeza después de casi esparcirme en mi totalidad por la vía pública, gracias a los reflejos dificultados por mis tacones y desatados por un inesperado resto orgánico animal que acababa de depositar un precioso perro sin raza aparente unos segundos antes de mi paso.

El perro se detuvo, se desahogó, y continuó trotando como si tal cosa. Es lo natural, digo yo. Pero es que lo hizo mientras era esperado con gesto complaciente por su dueño, que con sus manos entrelazadas a la espalda lo miraba sonriente, y que renaudó el paso al tiempo del perro, dejando su rastro cual Garbancito del cuento.

No voy a entrar a discernir la educación social, urbanidad y comportamiento adecuado en sociedad de los humanos, porque a la vista está que no todos los cerebros están capacitados para asimilar los mensajes, instrucciones, ruegos, y ordenanzas que le son facilitados para mejorar la convivencia ciudadana.

Así que me voy a dirigir a vosotros, los perros, que a través de los siglos habéis demostrado vuestro respeto a las normas que os son enseñadas, vuestra sensibilidad respecto a las necesidades ajenas, vuestra paciencia y capacidad de retención de líquidos y sólidos, vuestro buen carácter y sobre todo, sobre todo, vuestra esmerada y ávida actitud positiva hacia el aprendizaje:

Ten en cuenta, querido perro, que cualquier cosa mal que hagas, y cualquier perjuicio que causes en la vía pública, será responsabilidad de tu amo, de modo que debes intentar no complicarle la vida, pues puede ser denunciado, multado, y lo que es peor, si tu amo se enfada más de la cuenta y no quiere reparar el daño, la policía te retendrá a ti (sí, ya sé que es injusto y deberían retenerle a él y llevarte a ti casa, pero recuerda que la polícia son humanos y recuerda lo que he dicho antes de los cerebros humanos…) te llevará a la perrera, y estarás allí hasta que tu amo pague y/o recapacite.

No te sueltes de la correa. Si a tu amo se le olvida ponértela, intenta hacerte entender y si no se entera, no te separes de su lado. Si además eres un perro con buena facha, pinta macho-can, metrosexual o de esos que tienenla mala fama de tener mala leche, no puedes salir a la calle sin bozal, y si a tu amo se le olvida ponértelo, haz el favor de no meterte en líos y contener tu mal genio si te ves envuelto en una reyerta o similar, sea con otros canes, otros animales u otros humanos, especialmente y sobre todo, si los humanos son cachorros.

Cuando lleves a tu amo de paseo, recuérdale que tiene que proveerse de unas bolsitas (vale cualquiera) para recoger tus excrementos y depositarlos, convenientemente cerrados en dicha bolsita, en una papelera, contenedor, o elemento especial para ello. Ya sé que lo recogerías tú mismo si tuvieras dedos.

Si tu amo te lleva a pasear por lugares en los que no hay pipicanes (luego te explico lo que es), y el pobre no se ha acordado de llevarse la bolsita, y tú no puedes más, tus opciones son limitadas pero existen:

         1- Nunca en la zona de paso de peatones, sea acera o calzada, parterres, jardines, ni zonas de juegos infantiles.
         2- Utiliza los imbornales (son esas rejillas que hay en el suelo, normalmente junto a los bordillos de las aceras, y que pertenecen a la red de alcantarillado).
         3- Como siguiente opción y si tampoco hay imbornales, hazlo en la calzada pegadito al bordillo (ya sabes, la parte trasera de tu cuerpo hacia la carretera, no hacia la acera) o si los hay, en los alcorques de los árboles (siempre y cuando no tengan enrejado, porque si no se quedará flotando…).

Un pipican es el nombre por el que se conoce el lugar acotado y señalizado que especialmente se destina en la ciudad para atender tus necesidades fisiológicas. Los distinguirás porque llevan un perrito dibujado en un cartel, están delimitados y seguramente habrá un poste en el que haya un expendedor de bolsitas. Si lo ves, aprovecha, porque no son numerosos y casi ningún humano los distingue.

No te acerques a cachorros humanos y no quieras jugar con ellos sin permiso de sus padres aunque los indicados cachorros te inciten. La comunicación a dos vías es compleja, porque tú los entiendes a ellos pero ellos no te entienden a ti.

Cuidado con los humanos que se apoyen en palos (los llamanos bastones o cayados), porque si se te enredan en tu correa o tropiezan contigo se pueden causar daños físicos complicados y te echarán la culpa exclusivamente a ti. Bueno, es posible que encuentres algún humano que diga algo parecido a “qué le voy a decir al pobre animal, si la culpa es de usted que es su dueño”, pero eso no será habitual.

No chupes, lamas ni babees a nadie que no sea tu dueño. Aunque a él le parezca gracioso, te aseguro que al otro humano no le va a dar ningún gusto.

Si tu amo se empeña en que entres en un establecimiento donde tienes prohibido pasar, haz lo posible porque no lo consiga, a riesgo de romperte la tráquea a estirones. Tal vez tengas suerte y desista, dejándote atadito a la entrada. Le harás un favor, y no le meterás en un posible lío. Si a pesar de todo consigue hacerte entrar, procura pasar desapercibido, pégate a su pierna y respira lo justo hasta que salgas.


Y por supuesto, mientras esperas a que salga, simula ser una estatua, no respondas a provocaciones y no ladres para que tu amo se de prisa. Es inútil, hará lo que le de la gana y luego te regañará.

Por tu seguridad y la de tu dueño debes ir atado cuando te lleva en el coche. Esto casi ningún humano lo piensa, de modo que es difícil que lleve el arnés adecuado. Por lo tanto, intenta quedarte en el suelo del coche, tras el asiento derecho, durante todo el trayecto. Evitarás salir despedido en caso de colisión y le ahorrarás a tu amor el disgusto de tu muerte, si es que ésta no se lo lleva a él y le evita el dolor de tu pérdida.

Todo el mundo sabe que los amos acaban pareciéndose a su dueño. Esta es una gran responsabilidad para ti y es la razón por la que debes ser educado, guardar las formas y ser cortés, intentando ser simpático pero correcto, generoso pero no invasivo, y por supuesto limpio y que no se note por dónde pasas. Que si se te tiene que parecer, que por ti no quede.

Y por favor, si tu dueño se cree el encantador de perros, no le dejes mal cuando intenta demostrarlo. Te dejará antes en paz y nos ahorrarás a todos un rato raro.

Estas normas valen para ti y para toda tu familia, todos tus amigos y en general, toda la especie perruna, por lo que te ruego que le des la máxima difusión. Pero no utilices el método de llamada aullido nocturno de tus congéneres en 101 Dálmatas, porque habrá quejas de todo el vecindario y puede que de toda la ciudad. Utiliza el morro a morro durante tus paseos diarios.

Y por favor transmite al grupo VID que otro día les daré unas instrucciones concretas para ellos, atendiendo a las especiales características de sus dueños, esos que no poseen todos sus sentidos, y concretamente, el de la vista.

Un ¡guau! muy cariñoso para ti.

domingo, 15 de mayo de 2011

PROTOCOLO Y EDUCACIÓN SOCIAL PARA JÓVENES.

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Aquí están los jóvenes con los que hemos compartido toda una semana de protocolo social. Han demostrado mucho interés en aprender, porque son conscientes de cómo puede ser útil esta vertiente de la vida de cara a su futuro, y de cómo el desarrollo de sus habilidades sociales y el perfeccionamiento y ampliación de sus recursos personales, resultan un elemento altamente positivo en la mejora de sus relaciones y en el futuro cercano, también en el mundo laboral.




Mis felicitaciones para ellos y para el Colegio Ángel de la Guarda por la educación cuidada y llena de valores que les imparten. Y un abrazo, son magníficos.



lunes, 18 de abril de 2011

DESESPERO EN LA SALA DE ESPERA.

He estado enferma los últimos días, nada importante, pero lo suficiente para tener que ir al médico. La seguridad social ha mejorado muchísimo, creo que no podemos dudarlo. Y en sus instalaciones, mucho también, y en sus funcionarios ha habido un cambio a mejor. Me pregunto si los usuarios también hemos mejorado.

Había carteles avisadores por todas partes: Silencio, apaguen el móvil, respete el turno y el espacio, coja su número, prepare su sip y su dni, etc. etc. Cuando llegué, mi turno era el 77, mientras que en la pantalla aparecía un frustrante 16. Unas 50 personas nos acumulábamos en el hall, frente a un mostrador con 3 funcionarias que atendían con la rapidez directamente relacionada con el asunto.

El teléfono sonaba y sonaba, ese mismo al que he llamado tantísimas veces para pedir número y que nadie cogía... ahora sé por qué.

Me gusta observar el comportamiento de la gente. Y en vista del rato que me quedaba de estar allí, busqué un lugar con perspectiva que apareció junto a uno de los pilares retrasados y allí me apoyé ligeramente.

El mostrador estaba repleto, muchas personas muy cerca de sí mismas y del mostrador. La intimidad de los asuntos por lo tanto no existía, e incluso algunos se permitían comentar el tema ajeno metiéndose en la conversación (unas veces más y otras menos airada) del paciente y la administrativo, mientras pisaba los restos del adhesivo donde parece que en algún momento señalaba una distancia a guardar del mostrador.

Apareció una abuela, empujando un carrito de niño y con el indicado niño de la otra mano. El niño a su vez llevaba un inseguro zumo en su mano libre, que goteaba por el suelo a cada bamboleo señalando su rumbo cual garbancito del cuento, cosa que no parecía preocupar en absoluto a la abuela, más preocupada por abrirse camino hacia el mostrador atropellando literalmente con el carrito al resto de pacientes. Al mismo tiempo, con voz deliberadamente alta, alegaba fiebre alta del niño que se había levantado vomitando, y se quejaba de que hubieran anulado las urgencias infantiles. No estaba dispuesta a esperar su turno en compasivo gesto hacia el nieto. Justificaba la gravedad de su estado y la prisa que tenía, pues desde las 7 de la mañana que el niño tuvo fiebre alta no había podido ir al centro de salud y claro, ahora ya era la 13.30 y tenía prisa porque su hijo llegaba de trabajar y tenía que ponerle la comida... ¿? Y esta angustiada abuela, ¿qué había hecho desde la alta fiebre de las 7 hasta la una del mediodía? Y claro, nadie la creía, con lo cual comenzó una discusión besuguiana interminable.

Un calor repentino e intermitente me sacudió la nuca. Alguien tosía a mi espalda dejando volar libremente sus virus y yo me los imaginaba haciendo un halo a mi alrededor, pugnando por entrar en mi interior por cualquier sitio disponible... Al segundo ataque a mi nuca me volví, lo reconozco, con muy mala uva, pero fue peor, porque al hacerlo el ataque masivo me dió de lleno en la cara sin ninguna piedad. Incluso creo que pude ver algún microbio sacudiendo un pañuelito y despidiéndose de su anterior dueño, un señor con aspecto descuidado que al ver mi cara de reproche, sacó un pañuelo de tela de su bolsillo y lo pasó por su boca  y, efectivamente, la visión del estado del pañuelo fué mucho peor que lo anterior...

Huí de ese puesto de vigilancia y me retiré a un lado, en la esquina junto a la escalera, donde terminan los asientos de espera.

Allí, en el penúltimo asiento, había una niña, de unos 9 ó 10 años, regordeta, con aspecto de valla publicitaria. Camiseta de Hanna Montana, pantalones de Nike, zapatillas de Barbie, cartera colegial de Princesas Disney, diadema de la Bella Durmiente y múltiples pulseritas de silicona, que a malas penas tapaban unas calcamonías ya imposibles de identificar. La niña mascaba chicle, hacía pompas todo lo grandes posible hasta que le explotaban sonoramente entre la nariz y la boca. A la cuarta o quinta vez, se oyó una voz, todavía más sonora y potente que dijo "¡¡¡ niñaaaaaaaaaaaaaaaa tate quieta o te tragas el puto chicle !!!". La voz provenía de un abuelo, supuestamente de la niña, con un cayado de punta metálica con el que no paraba de dar golpecitos impacientes en el suelo, y un jersey que cubría una gran tripa más llamativa por las manchas que mostraba que por su tamaño. La niña, escupiendo el chicle directamente sobre el zapato de la señora de al lado, y en el mismo volumen que su abuelo le contestó "¡¡¡ yayo es que maburro !!!.

Como 3 ó 4 personas más allá, había una señora muy estilosa, con largas uñas decoradas, que rebuscaba en un bolso-maleta con claras muestras de nerviosismo. De repente su gesto encogido se transformó en relajado, y sacó un paquete de tabaco, un mechero y la tarjeta SIP. Se puso un cigarro en la boca, sin encenderlo, y aspiró. ¿?

Podría seguir... pero no hace falta. Pensé en mis cosas y recordé a mi primer jefe, un hombre muy especial del que algún día contaré algo, y que un día de agosto con calor insoportable, entró en el despacho, y dijo "qué barbaridad, he subido en el ascensor con el portero, y olía a sudor maloliente, insoportable, y digo yo que se puede ser pobre, pero no guarro... caramba, que una pastilla de jabón lagarto vale 10 pesetas!!"

Y esta frase, tan al límite de muchas filosofías de dudosa aprobación, me pareció bastante apropiada para aplicarla a la sala de espera. Y me alegré mucho de poder trabajar con los niños de los colegios, donde he visto muchos como la niña-anuncio, y contribuir modestamente a que al menos los míos, sepan que los pañuelos deben estar limpios y usarse delante de la boca cuando tosemos, que no hay que colarse en las colas, que se ha de tener cuidado en no manchar los espacios comunes y públicos, que no se han de tirar los chicles al suelo, que no se ha de gritar en espacios cerrados y compartidos... en fin, una serie de pequeñas cosas que ayudan a la convivencia y sobre todo, a hacer más gratas las esperas, y no más desesperantes...

miércoles, 23 de febrero de 2011

LOS PEQUEÑOS HORRORES.

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  1. Esperanza Aguirre recién salida del quirófano, centenares de medios de comunicación a las puertas del hospital esperando el primer parte médico. Salen dos personas, supongo que los responsables del gabinete de prensa del hospital, con las manos llenas de folios, que se dirigen hacia los periodistas con evidente ademán de hacerles entrega de esos folios. Y una de las personas, dirige con movimiento rápido su pulgar hacia la boca, y se lo rebaña desde el principio hasta el final con su propia lengua… Luego, con esa humedad que le facilita la separación de los folios, los va entregando repitiendo el ademán cada 2 ó 3 hojas…
  2. Llegas a un lugar y comienzas a saludar a los conocidos. Te acercas a uno de ellos al tiempo que a él le da un golpe de tos, y muy educadamente, vuelve ligeramente la cabeza y con la mano en canutillo, se tapa la boca intentando toser lo más discretamente posible. Luego, te extiende esa misma mano para estrechártela en el saludo…
  3. En un evento vas al baño a asegurarte de tu compostura, sacas un pequeño cepillo para el pelo, lo dejas en la encimera y llega una “conocida” que simultáneamente a “qué bien, déjamelo”, se cepilla enérgicamente su cabellera, y te lo devuelve con la mejor sonrisa y gracias, pero también con unos cuantos cabellos suyos enredados en las cerdas de TU cepillo…

Estas desagradables anécdotas, nos han pasado a todos alguna vez. Y en esas situaciones siempre me viene a la cabeza un antiguo compañero de trabajo, muy socarrón, que aquellos años compartía conmigo un jefe muy escrupuloso. Éste solía sentarse frente a su mesa cada tarde para revisar papeles, y cogiéndole un lápiz, lo mordisqueaba mientras los leía. A mi compañero este gesto le desagradaba bastante.

Una de esas tardes, debió mirar al jefe con mayor intensidad que otros días, de modo que éste se dio por aludido y con una ligera sonrisa se excusó diciendo “ay, perdone, es una manía que tengo y no me doy cuenta”, a lo que mi compañero, con toda la parsimonia que merecía un momento tanto tiempo esperado, le contestó “no se preocupe, yo también los chupo todos los días…”.

La tarde siguiente, el jefe llegó con su propio lápiz.

viernes, 28 de enero de 2011

ANÁLISIS DE ORATORIA A 3 POLÍTICOS ESPAÑOLES.


Hay que ver... ordenando papeles, doy con este análisis (de principiante, pues habría mucho más que ahondar...) hecho alrededor del año 2002 ó 2003, cuando andaba profundizando en las técnicas de oratoria. No es que tenga nada de particular, salvo que casualmente elegí a Eduardo Zaplana, a Rodríguez Zapatero y a nuestro Alcalde Luís Díaz. Uno comenzaba su "alejamiento" de la política activa, otro iniciaba su popularidad, y el último, estaba en su plenitud como Alcalde de Alicante.


Tienen su jugo, así que os lo copio para vuestra curiosidad y comparaciones (entre ellos y entre los años aquellos y éstos):

EDUARDO ZAPLANA HERNÁNDEZ-SORO.

Eduardo Zaplana es, a mi modo de ver, uno de los mejores oradores del panorama político español.

En sus discursos, mantiene la entonación adecuada en todo momento, sabe mantener el interés sobre lo que está diciendo, arbitra los énfasis con inteligencia, y las ideas las plantea de forma clara, concreta y sencilla. No utiliza palabras excesivamente técnicas, ni incluye expresiones en otros idiomas. Es asombrosa su capacidad para “interpretar” resultados y transformarlos en positivos cuando no lo son (lo bueno de lo malo, dice Carlos Rosser).

Sabe intercalar comentarios aclaratorios a través de ejemplos, y argumenta sus exposiciones con datos e informaciones concretas. Vocaliza correctamente.

Por otro lado, cuida su aspecto físico y sabe elegir el adecuado a cada momento.

Su lenguaje no verbal es medido, mantiene las manos siempre visibles cuando está sentado, y las mantiene normalmente juntas cuando está de pie. Sólo cruza los brazos en situaciones en las que es visible la relajación del protocolo. Siempre mira a los ojos del interlocutor o a la cámara cuando se le entrevista. Se mantiene continuamente en una postura erguida con naturalidad.

Le pongo un pero: Utiliza la coletilla estándar del Partido Popular mire usted con excesiva frecuencia para comenzar sus frases, y en ocasiones hace uso del sarcasmo y la hilaridad de forma demasiado hiriente.

Del mismo modo, en algunas entrevistas comprometidas su mirada se torna torva y huidiza, lo que delata su nerviosismo o la falta de verdad en lo que dice. Su apariencia general es de seguridad y aplomo.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO:

Quizá su poca práctica todavía justifique su pésima oratoria. Habla entrecortadamente, da la impresión de verbalizar frases aprendidas, de no controlar la materia. No sabe improvisar, es visible su falta de seguridad y su nerviosismo.

No controla la voz, y sus exposiciones resultan de una entonación monótona, seguramente porque hace énfasis en prácticamente todas las palabras. Abusa de determinadas palabras (de todos es conocido ya lo de diálogo, diálogo y diálogo) y esto creo que es una mina para los humoristas imitadores, que en su caso tiene un sutil pero peligroso cariz de mofa en su peor sentido.

Su expresión bonachona le resta prestancia en ocasiones, y debería corregir su postura levemente encorvada. Su lenguaje no verbal todavía deja mucho que desear. El movimiento de sus manos es monótono y repetitivo, y de pie no sabe dónde ponerlas, apretando muchas veces los puños de forma excesiva.

Opino que debería aprovechar su expresión de buena persona para hacerse más cercano y rentabilizar las posibilidades que esto le puede brindar; esta expresión se une a la apariencia de hombre tranquilo y si consiguiera armonizar ambas con equilibrio comenzaría a tener ese preciado carisma al que tantos políticos aspiran.

LUIS DÍAZ ALPERI:

El Alcalde de Alicante tiene una gran cualidad: siempre parece que sabe de lo que está hablando, aunque no sea así.

Es cordial en el trato, afectuoso en sus saludos; resulta cercano y entrañable, y lo transmite en sus discursos. Adopta una postura natural, esporádicamente hace movimientos con las manos; utiliza más los movimientos de cabeza para resaltar o hacer énfasis. Sabe bromear con sutileza, domina el arte de mantener el interés.

Domina igualmente el arte de discursear sin papeles; normalmente nunca los lleva, y ordena perfectamente las ideas que expresa. Desarrolla el contenido de la exposición con claridad, pero al mismo tiempo de una forma agradablemente coloquial, aunque su vocalización no es perfecta, debido más a su acento que a la incorrección. No se pone nervioso, transmite aplomo y seguridad.

En las entrevistas en directo comete un error: pierde la mirada con frecuencia al infinito, aunque lo contrarresta con su expresión verbal fluida; habla para el ciudadano, no para el periodista.

Su aspecto físico es el de un auténtico dandy, a pesar de las dificultades que su volumen tiene para aparentar armonía. Cuida su vestuario, que es siempre impecable.

¿A que tiene jugo, visto a casi 8 años después?


lunes, 24 de enero de 2011

PROTOCOLO: INCONGRUENCIAS Y CONTRADICCIONES.


Resulta que el protocolo nos agobia, nos aburre, nos martiriza, nos encorseta, nos presiona, nos incomoda, nos desespera. Frases como el protocolo es para pijos ricos es algo habitual que escucho ya, a estas alturas, con el mismo aburrimiento que me produce Carmen Lomana. Pero que nadie piense que esta señora es así de envarada por practicar exhaustivamente las cuadriculadas normas del protocolo que la obligan a parecer que se ha tragado un cazo. Bañado en oro, seguramente, pero cazo al fin y al cabo. Pues no, su rigidez y plana expresividad se deben a otras cosas que tienen más que ver con cuestiones de cirugías y bisturís.

El caso es que al decir que el protocolo es para pijos ricos, en realidad quiero pensar que lo que subyace es que erróneamente, relacionan el protocolo con la cursilería, con el engolamiento y con el querer aparentar un estilo o elegancia, que al no existir realmente, acaba resultando patético y ridículo.

Otra asociación errónea llega de atribuir al protocolo una conexión inquebrantable con el lujo y la ostentación. 

Ambas cosas son absolutamente falsas. Cursi es aquel que quiere aparentar lo que no es. Cursi es aquel que adopta de forma artificial expresiones, gestos o comportamientos que de ninguna manera tiene integrados. Es el dedo meñique alzado, la confusión del bacalao con el bacalado. Creo que todos sabemos a qué me refiero.

Y ciertamente, si el desdén, y a veces incluso desprecio y sorna, que muestran algunas personas cuando se refieren al protocolo, estuviera basado en un conocimiento real de lo que están hablando, no me explico cómo no le ponen una querella al protocolo por amargarles la vida. Y otra a Carmen Lomana por querer convencer a chonis, poligoneras,  frikis y a tí y a mí, que naturalmente no somos nada de eso, de que sólo se puede ser exquisitamente educada si tus zapatos te han costado más de 600 €.

Si estas personas tuvieran, al menos, la inquietud de mirar la definición de protocolo que da la Real Academia de la Lengua, se le aclararían algunas cosas fundamentales. Básicamente, el protocolo no tiene que ver con la educación, sino con el orden. 

Ordenar las cosas de la vida para que se desarrollen de la forma más eficaz y sencilla posible, y alcanzando el mejor resultado en función de para qué han sido ordenadas. Esto es protocolo. Protocolizan los notarios, los médicos, las naciones... con el fin de ponerse de acuerdo en el mejor procedimiento para conseguir un resultado óptimo. Y protocolizan los organizadores de eventos, de ceremonias, de congresos... protocolizas tú cuando siendo maestro decides en qué orden van a colocarse los niños para entrar a clase, y protocolizas también cuando organizas tus actividades de la semana. Y nos hemos inventado algo que se llama "social" porque el protocolo inicialmente solo contemplaba actuaciones de carácter institucional y muy formal.

Así que, dedicarse al protocolo, no significa pasarse el día dando manotazos a la gente porque no coja bien la cuchara. A eso, y sin dar manotazos, se le llama Educación Social. Digamos que es aplicar los fundamentos básicos de las relaciones humanas partiendo de las características propias del entorno. La educación, la cortesía, la amabilidad, la empatía, el respeto, la paciencia, la templanza... son cualidades que facilitan el trato y hacen la vida mucho más agradable para todos. Y eso, no implica solo el usar bien los cubiertos, o saber presentarse en una reunión, o saber expresarse con naturalidad. También implica, y muchísimo más, una cualidad escasa: la humildad. 

Haz este experimento: pregunta a 3 personas de tu alrededor si le dan importancia a comportarse adecuadamente, a los modales y a la cortesía. Pregúntales después si creen que esas actitudes, al ser practicadas, les benefician o perjudican. 

Me atrevo a afirmar que todas dirían "" rotundamente y sin vacilar. Y ahora hazles la última pregunta: ¿Crees necesario formarte en ello?. Y aquí viene la cara de sorpresa y la dubitación. Pues esta es la incongruencia y la contradicción. Resulta que considerando estas cualidades como fundamentales para nuestro desarrollo integral como personas y trabajadores, dudamos sobre si hemos de perfeccionarlas. 

¡Cuántas caras de sorpresa he visto al descubrir cuál es la forma correcta de hacer una presentación o de estrechar la mano! ¡Y cuántas veces he oído decir ¿no tiene padres ese maleducado?!

Y aquí estamos dedicando más horas al inglés, a la informática, al paddel, al futbito, o a la inteligencia emocional, y quejándonos de la pérdida de valores y de la desidia, indiferencia o agresividad en la que parece que se mueven nuestros niños y jóvenes.

Pues bien, yo creo que estoy en una de las últimas generaciones encontradas, que creció con límites y esfuerzo personal, que aprendió el valor de las cosas y lo que cuesta alcanzarlas, y sin ninguna dificultad para diferenciar el bien del mal. Tras la mía, como parece que la evolución de la sociedad lo atestigua, han llegado las generaciones perdidas, en las que nos hemos ido degradando hasta llegar a los límites insostenibles en los que los seres humanos comenzamos a echar de menos lo que perdimos. Es decir, lo que acabo de decir entre "que creció con límites" y "el bien y el mal".

Así que esperemos que por la propia naturaleza del ser humano, que se inventa los cubiertos para demostrar su evolución pero que hoy día certeramente los desecha para degustar el jamón serrano y recordar el placer de comer con las manos, estemos en el punto en el que comenzamos a avanzar hacia el pasado, con la inteligencia suficiente para recuperar lo que nos fue bien y nos hizo mejores personas. 

E insisto, me querellaré por insultos a mi inteligencia como vuelva a oír lo de pijos ricos.

miércoles, 19 de enero de 2011

La "semana del amor".

Hoy es 14 de febrero, día de los enamorados. Esta mañana me preguntaban sobre el origen de esta celebración y sobre cómo se ha desarrollado a lo largo de los años la costumbre de demostrar el amor.

En principio, se dedica un día conmemorativo a las cosas que consideramos marginadas, con el fin de promocionarlas o concienciar sobre ellas. ¿Está el amor marginado hoy día?. Ese parece otro debate…
Lienzo de Mónica Sabiatello

Cupido es, en la mitología romana, el dios del amor, que equivale al Eros de la mitología griega, y a Kāmadeva en la mitología hindú, y que su nombre latino significa «el deseo». Cupido es hijo de Venus y de Marte, Diosa del Amor y Dios de la Guerra, respectivamente. Se le adjudica la creación de amores y pasiones entre los mortales y suele ser representado por un niño alado (parecido a un ángel). Al ser hijo de los dioses de la guerra y del amor, Cupido resulta ser el dios de los enamorados, creando de esta manera un balance entre el amor y la tragedia. Esto lo podemos leer todos en cualquier enciclopedia. 

Pero... ¿Balance entre el amor y la tragedia? ¿Tiene algo que ver con lo de que entre el amor y el odio casi no hay espacio? ¿Se amaron muchísimo un día Venus y Marte, tuvieron este hijo y luego lo usan eternamente para paliar los desencuentros, peleas y disgustos?

Por su parte, San Valentín tiene una dudosa historia. En realidad, no se sabe si existió o no. Los antecedentes más verídicos parece que se fundamentan en que la festividad de San Valentín la vino celebrando la Iglesia Católica Romana cada 14 de febrero hasta 1969 (qué casualidad!). La fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el Papa Gelasio I. Según la Enciclopedia Católica, el santo cuya festividad cayó en la fecha conocida hoy como Día de San Valentín fue posiblemente uno de los tres mártires que fueron ejecutados en el año 270 d.c durante el reinado del Emperador Claudio II, y de esos tres parece justamente el que fuera un médico romano que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados, a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador, que lo consideraba incompatible con la carrera de las armas.

Pero la realidad es que la fiesta de San Valentín es mucho más antigua que el propio cristianismo: se enlaza con las fiestas lupercales del Imperio Romano, rituales paganos en homenaje a Fauno Luperco (de "lupus", lobo, Pan para los griegos) que protegía a los pastores y los rebaños, y que se celebraban el 15 de febrero de cada año, cinco semanas antes del comienzo de la primavera. Y como esto no podía soportarlo la Iglesia, hacia finales del siglo V d.c., el Papa Gelasio I acogió las leyendas sobre San Valentín e instituyó su conmemoración el 14 de febrero, con el fin de apropiar para la Iglesia la tradición de las lupercales, que se extinguió, y boicotear así la celebración pagana.Sin embargo, a pesar de ser una celebración católica, resulta que la tradición de celebrarlo es anglosajona, y nos la hemos importado como tantas otras cosas.

En España, el Día de San Valentín se empezó a celebrar alrededor de la fecha en que, mira por dónde, Galerías Preciados, y fruto de la perspicacia de Pepín Fernández, su creador, comenzó a impulsarlo casualmente un año antes de que la Iglesia dejara de celebrarlo.

El motivo, pues huelga: Gasto, consumo y ganancias comerciales.Y parece que en los últimos años a eso reducimos el amor: gasto, consumo y ganancia. Es como la Navidad más o menos. Personalmente, pienso que si hay que celebrar cosas así (incluso los cumpleaños no son conmemoraciones agradables para todos), pues mejor en la intimidad.

Ir por la calle con la rosa roja en la mano el día de los enamorados, no a todos gusta y a otros enloquece, básicamente por la misma razón: se hace evidente el regalo y el motivo. 

Tal vez determinadas celebraciones que forman parte del ámbito más privado de las personas deban quedarse en esa intimidad compartida entre dos. Siempre es buen momento para celebrar el amor, y realmente, es en la intimidad donde podemos darle rienda suelta con intensidad y naturalidad a la ternura.

Hace tiempo leí que "El derecho a la Ternura debería de instaurarse por decreto. Sería estupendo que la ternura se administrara "por ley" al igual que cualquier otra atención médica. Nada me parece mas enfermizo que la carencia total o parcial de ternura. La piel que no es acariciada por otra piel, se mustia. Igual le ocurre a los ojos, que si no son contemplados muy de cerca y con amor, pierden su brillo. Unos labios que no son besados despacito y suavemente, suelen caerse hacia abajo dibujando una sonrisa triste. Y es que el cuerpo que no recibe de cuando en cuando un abrazo, envejece y enferma. Si... definitivamente la Ternura es una necesidad física y psicológica , y su carencia provoca grandes problemas en aquellos que la padecen.”

Lo mejor de la ternura es que es unisex y absolutamente universal, casi casi como el amor. La ternura sirve y puede estar en toda nuestra vida. Es algo que damos al amar, no importa a quién.Y no todo el que ama es tierno, pero quien practica la ternura, es porque ama.

sábado, 11 de diciembre de 2010

¡CUIDADO! LA IMAGEN PELIGRA EN LOS ESCAPARATES.




La cuestión es simple y la planteo directamente: ¿Se encuentra usted a gusto en una peluquería, con el tinte, los rulos, las mechas, el baby... mientras todo viandante que pasa por la calle puede verle impunemente de esa guisa? Yo no. No puedo entender a esos establecimientos que exponen de forma tan indiscreta momentos tan privados de sus clientes, pero aún menos entiendo a los clientes que se sientan tranquilamente en esos sillones sin que les importe ser maniquís de escaparate.

Es como si te pasearas por la Explanada con el papel de plata en el pelo o con el gorro del secador puesto y al rato volvieras a comprarte algo en los puestecillos, pero ya perfectamente arreglada. ¿Para qué nos arreglamos entonces? Si permitimos que se nos vea durante la preparación (nada favorecedora) ¿Qué gracia tiene salir a las dos horas perfectamente peinadas si lo peor ya nos lo han visto?

Esto me recuerda a esas señoras que salen a primera hora de la mañana a  pasear al perrito, en pijama y bata, sin peinar y con las zapatillas de andar por casa, y al rato vuelven a por el pan pero ya de punta en blanco.

Nadie puede recordarte maravillosa si tiene grabada en su mente tu imagen con los pelos de punta (literalmente) y llenos de esa sustancia indescriptible que va cambiando de color.

No hagan esto jamás. Ni exponerse en una peluquería que no defienda su intimidad ni mucho menos lo de la señora que menciono. Por favor.


lunes, 22 de noviembre de 2010

LOS BYB (BÚFALOS Y BISONTES) EN EL TRABAJO.

Búfalo Bill debería haberse llamado en realidad Bisonte Bill. Cuando los colonos llegaron a América, se encontraron con una bestia parecida a los búfalos, y con esa osadía que da la ignorancia y la prisa, decidieron llamarlos así. Pero en realidad eran bisontes. 
 
El problema radica en que el búfalo cafre (syncerus caffer) habita originariamente en África y el búfalo indio (bubalus bubalis arnee) lo hace tranquilamente en Asia. Pero el auténtico bisonte (bison bison) vive y pasta también tranquilamente en América del Norte.
 
Ambos, búfalos y bisontes son parientes, de la misma familia, la bovidae, que incluye a más de 100 especies de mamíferos con pezuñas, entre los que están sus primos hermanos los antílopes, las gacelas, el ganado vacuno, las ovejas y las cabras.

Así que venimos a deducir que búfalos y bisontes, a la vista de los colonos americanos, eran la misma cosa pues se parecían muchísimo. Sin embargo, hay unas diferencias sustanciales entre ellos, que apreciaríamos inmediatamente si los tuviéramos juntos delante de nosotros.

El búfalo cafre es básicamente holgazán. Pasta por las praderas y sabanas africanas y sobre la cabeza lleva como un escudo del que le brotan los cuernos.

Pero para cuernos, los del búfalo indio. De tamaño descomunal, forman como una luna creciente sobre su cabeza y entre sus puntas puede haber una distancia de hasta 180 centímetros. Pero al contrario de otros cuernos, los del búfalo indio no son sólo para que se vean bien y clavarlos a quien le ataque, puesto que, como habita en los pantanos, los usa mucho más para recoger el lodo y echárselo a la espalda.

¿Y esto qué tiene que ver con este blog dedicado al protocolo, el saber ser y el saber estar?
Pues que si miramos a nuestro alrededor, todos, (y especialmente en algunos lugares de trabajo), nos encontramos con búfalos cafres que no pegan ni golpe y su escaqueo lo disfrazan de agotadoras sesiones de trabajo, que describen como polifuncionales, pues su entrega y dedicación les hace exultantemente responsables, pero que, a la hora de hacer las operaciones matemáticas que debieran demostrar tal capacidad sin límites, el resultado da =casi cero. Es decir, pastan sobre el trabajo y se esconden bajo su escudo protector sacando sólo los cuernos a quien ose hacerles interpelación o alegue no encontrarlos nunca donde dicen que anduvieron.

Los búfalos indios son también muy comunes. Tienen tanta capacidad de echarse lodo a la espalda sin inmutarse, que necesitan que sus cuernos estén muy separados para que les quepan los fardos entre ellos.

Y por supuesto, están las gacelas, esas que andan de puntillas sobre sus pezuñas y tienen una habilidad insultante para escabullirse de cualquier marrón con inusitada velocidad. De los antílopes, sólo diré que tienen los cuernos huecos…

Y nos queda el ganado vacuno, las ovejas y las cabras. No añadiré descripciones porque seguro que a usted le acaba de venir alguien a la cabeza…

Pues para lidiar con estos bovidaes, es necesaria una templanza, gallardía y paciencia extraordinarias. Los bovidaes sirven para educar nuestro carácter, hacernos hombres y mujeres, amaestrar nuestra ira y por eso, hemos de contemplarlos como seres necesarios para poder medir los límites entre lo positivo y lo negativo. Es decir, colaboran activamente en el entrenamiento del autocontrol, del saber ser y del saber estar.

Es importante que, si te los encuentras cara a cara, nunca bajes los ojos. Has de mirarlos fijamente a los suyos y cual Bush padre en campaña electoral, señalando tu boca con tu índice, dirás pausadamente, “read my lips: no more taxes”. O lo que es lo mismo en este caso y aplicado a la circunstancia, “lee mis labios: no me engañas”. 
 

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LOS POLÍTICOS Y LAS CUALIDADES PARA SERLO.

A mí los protocolos no me van. ¡La de veces que he oído esta frase! Y puedo afirmar y afirmo –emulando al querido Duque de Suárez en su etapa de Presidente- que siempre procede de personas que tienen una idea equivocada de qué es protocolo. Y sinceramente, me molesta. 

El protocolo es la manera de ordenar los actos de la vida para que resulten más eficaces y agradables, y en consenso con el entorno. Punto. Nada más. Y ahí entra la rutina diaria de aseo cuando nos levantamos, nada más eficaz y agradable hecho con el debido orden; pasando por el dígame cuando descolgamos el teléfono o la elaboración de un proyecto urbanístico, y llegando hasta la organización de un congreso internacional. Los actos separados van in crescendo hasta conjugarse de manera armoniosa y hacernos alcanzar el fin que pretendíamos con el equilibrio debido y el resultado esperado.

Si eso lo trasladamos al comportamiento personal, añadimos conceptos menos técnicos pero sí mucho más humanos:  

La urbanidad, que es el conjunto de reglas escritas o no escritas de las que se dota la sociedad para regular las relaciones entre sus individuos.

La cortesía, que es la demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene una persona a otra.

Urbanidad y cortesía, pilares en el trato con los demás que se podrían enmarcar  a su vez en dos consideraciones esenciales como son las cualidades personales que uno tiene y las formas con las que nos comunicamos con los demás.

¿Cuáles son esas cualidades y esas formas que ayudan al trato social?: 

Integridad, que denota la rectitud e intachabilidad en el comportamiento.
Generosidad, es la oposición al egoísmo y es el fruto de la bondad.
Honestidad, que implica la decencia, la justicia y la honradez.
Templanza, necesaria para saber controlarse y expresarse de forma adecuada, elegante y educada en situaciones tensas.
Humildad, que proporciona de forma vigilante el reconocimiento de las propias limitaciones y debilidades y la capacidad de reconocer los valores que poseen los demás.
Prudencia, evitando gestos o comentarios que puedan  molestar o resultar inoportunos.
Serenidad, permite acertar prudentemente en nuestro comportamiento.
Saber escuchar, importante para poder mantener una conversación.
Comprensión, facilita pasar por alto de manera elegante equivocaciones ajenas, sin darles demasiada trascendencia.
Discreción, cualidad que no tiene precio. Consiste en no revelar, a quien no se debe, asuntos que se conocen por la profesión o situación en la que uno se pueda encontrar, y es el pilar fundamental de la amistad.
Optimismo, actitud que en determinadas situaciones, hacen fácil y agradable el trato social.
Amabilidad, logra que las personas que tiene alrededor, se encuentren a gusto, encontrando las palabras oportunas.
Empatía, sentimiento o emoción que nos permite identificarnos mental y afectivamente con el otro.

Poniendo en práctica esas cualidades y esas formas, conseguiremos algo muy poco habitual: el destacarnos de forma que se nos tenga en cuenta, se nos respete y se desee nuestra presencia.

En resumen, el que seamos capaces de actuar con soltura en cada ocasión, el atender dignamente a las personas y estar a la altura de las circunstancias en los distintos tipos de relaciones, es algo que no se improvisa, que no se adquiere de la noche a la mañana, sino que se posee en esencia y se va desarrollando y perfeccionando a través de la vida.

La pregunta es ¿tienen nuestros políticos esas cualidades?. En los últimos meses hemos ido conociendo actitudes, comportamientos, conversaciones… en las que se evidencia el talante y el estilo de personalidades públicas, sean políticos o no. Y en el propio Facebook, convertido en un instrumento de cercanía con el ciudadano, estamos viendo el talante con el que algunos politiquillos tratan a los ciudadanos que les interpelan, así como la elegancia y disponibilidad permanente de otros.

Los políticos adaptan con frecuencia su comportamiento a la necesidad concreta en la que se encuentran. Eso en principio es bueno. Significa adaptabilidad, mano izquierda, y en muchas ocasiones, priorizar el bien general en lugar del particular. Y para eso, muchas veces han de bregar con verracos o impresentables sin que éstos perciban hostilidad. 

Es necesaria mucha inteligencia y templanza para permanecer impoluto en el mundo de la política. Y desgraciadamente, muchos de nuestros políticos no poseen ni una cosa ni la otra. Éstas se demuestran en el día a día y se consolidan a lo largo de una trayectoria personal y de trabajo.

Es mirando a largo plazo cuando sabemos si un político es lo que dijo ser. Y se puede grabar a fuego su honestidad cuando después de abandonar su cargo, se transforman en amigos aquellos ciudadanos a los que sirvió en su etapa pública. ¿Cuántos políticos son recordados con afecto y respeto por los ciudadanos después de esa etapa?

He conocido no muchos, pero sí los suficientes políticos para poder aseverar que de los que ahora tenemos, tal vez el 10% pasen a la categoría de “fue un buen…” El otro 80%, la única cualidad de la que pueden presumir es la de haber sido un aprovechado, que según la RAE aplicado a una persona significa que saca beneficio de las circunstancias que se le presentan favorables, normalmente sin escrúpulos y en provecho propio.

Como explica brillantemente Clara Gil, "lo único que distingue a un político de aspirante a electo es el jefe que tienes. A partir de ser elegido, tus jefes son todos los ciudadanos que te han elevado a tu acta de edil, a ellos les debes tu trabajo y tu trabajo es el de servirles a ellos. Compórtate, por lo tanto, con cada ciudadano con la humildad con la que se trata a un superior. Si tienes la responsabilidad de gestionar un área piensa que cada céntimo que gastas es el dinero de cada uno de los ciudadanos. Ten tu despacho abierto siempre, pues el Ayuntamiento es la casa del Pueblo y tú eres su representante, el nexo de unión entre la ciudadanía y el Estado.

Ya no te representas a ti mismo, estás representando a un Consistorio que trabaja bajo las directrices de un partido al servicio de los ciudadanos, con lo cual, no actúes por libre, sigue la estrategia elaborada por el equipo de gobierno y representa con orgullo los principios que te han llevado a aceptar el cargo.  Y ¡suerte!, a partir de ahora, debes tener templanza pues todos tus movimientos serán analizados, y como tu cargo no es de por vida, sigues siendo un candidato”.

Así que volviendo al principio, ¿qué políticos conocen de verdad qué es el protocolo?  ¿Han sido capaces de ordenar los actos de su vida para que resulten más eficaces y agradables, en consenso con el entorno? 

En Alicante los hay, yo conozco al menos a tres.