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viernes, 7 de marzo de 2014

ACOMPAÑAR UN PASO DE SEMANA SANTA. LAS "MANOLAS".

Hola, soy de un pueblo de Albacete, y quería saber cómo es realmente un traje de manola, porque en la cofradía donde está mi madre las señoras tienen opiniones diferentes y no están de acuerdo con lo que el párroco les dice sobre la ropa que tienen que ponerse. Gracias.

Hola. La etiqueta que han de guardar las mujeres que acompañen a los pasos de Semana Santa, es diferente según el día en el que procesionen.

El Jueves y Viernes Santo, han de llevar un vestido entero (no traje de dos piezas) de color negro liso, de manga larga o semi larga (francesa, por debajo del codo), con un largo por debajo de la rodilla. Los zapatos deben ser también negros, de medio tacón no muy fino. Las medias, también negras no excesivamente tupidas, unos 20dns está bien. Los guantes, de encaje o terciopelo negro, cortos a la muñeca. La peineta debe ser de carey a ser posible si la economía lo permite. Por su parte, la mantilla (o manola) debe ser negra, de tul, blonda, chantilly o encaje de Bruselas, y por delante debe llegar a la altura de las manos (más o menos las caderas) y por detrás llegará bajo las nalgas.

En la procesión del Domingo de Resurrección, por su carácter alegre y de regocijo, la mantilla será blanca, conservando el resto de atuendo en negro. 

A modo de observación le hago notar varias cosas:

El vestido, preferentemente llevará cuello a caja o con un ligero escote en pico o redondo, que no llegará al canalillo. Nunca se descubrirán los hombros ni se usarán tirantes y mucho menos el escote palabra de honor. Será de corte ajustado (nada de vuelos, tablas o similar), sin ser excesivamente ceñido. Puede llevar un pequeño corte trasero en la falda para facilitar los movimientos. Puede ser del mismo tejido que la mantilla y convenientemente forrado de forma muy tupida. En caso de frío extremo, se acompañará de un abrigo de paño negro (nada de pieles de ningún tipo).

En ocasiones, en función de la costumbre de la Cofradía, pueden llevar un rosario entrelazado en las manos durante la procesión. Si no, lo común es portar una vela encendida.

Los zapatos serán cerrados, nada de sandalias o plataformas. De tipo salón, sin hebillas ni adornos. El tacón, como le he dicho, de media altura (5-6 cms.) y ancho de apoyo. Esto, por dos razones. Una, porque el tacón de aguja o fino se asocia a otros acontecimientos de carácter social y mucho más lúdicos; y otra porque una base ancha ayuda a soportar la caminata y en caso de vías empedradas o soladas impedirá accidentes.

La mantilla conviene sujetarla discretamente a los hombros para mantener su efecto de encuadre al cuerpo, y evitar que ondee en días de viento o simplemente por el movimiento de la persona. Su sujeción a la peineta será discreto.

El peinado de las señoras debe ser un recogido en moño, nunca el pelo suelto. Si por el largo del cabello no fuera posible recogerlo, se hará uso de un postizo.

El maquillaje será muy discreto, evitando las sombras y lápiz de labios llamativos.

Las joyas, igualmente muy discretas y sencillas, preferentemente con perlas blancas. Puede llevarse un prendedor sujetando la mantilla a la altura del moño.

Nada de mangas cortas, escotes, trasparencias ni minifaldas.

Si se desea llevar un bolso, habrá de ser de mano, y de color negro sin adornos.

Y por último, al procesionar debe tenerse en cuenta que es un acto de extrema devoción, en una situación de gran recogimiento, por lo que el porte ha de ser sobrio, serio, y siempre en silencio.

Estoy segura de que en lo que le expongo, su párroco no encontrará ningún inconveniente, sino todo lo contrario.



viernes, 9 de noviembre de 2012

Cada uno en su casa, y Dios en la de todos.


Cuando una pareja quiere casarse por la iglesia, se entiende que es católica y en mayor o menor medida, practicante. En los últimos años la tradición ha dejado paso a la convicción, y en la actualidad esta decisión es meditada y consciente en la mayoría de las bodas católicas.

Pero también es verdad que cuando parecía que la única opción respetable era la boda por la iglesia, había poco que organizar y preparar. De todo lo religioso, era el sacerdote quien tomaba las decisiones, tanto en la liturgia misma como en lo que acontecía en el interior del templo. Adornos, fotografía, flores… todo era supervisado y aprobado por el párroco, quien tenía las riendas absolutas. Las parejas aceptaban su criterio, unas veces con mayor gusto que otros, pero es lo que había…

Iglesia de la Asunción, de Xixona, en una boda de TuBodaEsÚnica.


Más tarde, la situación social (hablo de España) fue introduciendo en las bodas religiosas una mayor flexibilidad, hasta el punto de que los novios podían participar activamente en la elaboración de la liturgia, eligiendo sus Lecturas e incluso, con la intervención de algún familiar o amigo. Se produce una especie de acuerdo amable entre las partes, y el párroco (en gran medida por su juventud o apertura de mente), propicia este intercambio. El sentimiento de que la iglesia es de la comunidad, hace posible que las parejas puedan intervenir en su diseño, hasta el punto que lógicamente permite la liturgia. También pueden elegir su propio fotógrafo, introducir adornos y decoración especial, etc.

Pero como siempre ocurre, se nos va la mano y nos encontramos con que la iglesia ya no es que sea de la comunidad y no sólo del párroco, sino que parece convertirse en un espacio lúdico destinado al ornato, ostentación y mayor lucimiento de los novios y sus invitados. Se nos olvida que es un lugar de recogimiento, erigido en honor de Jesucristo, en el que vamos a celebrar lo que no es sólo una fiesta, sino un Sacramento.

Las Diócesis, sensibles a las quejas de sus párrocos y conscientes de los abusos y problemas que se daban en sus parroquias, comienzan a hacer recomendaciones y a delimitar actuaciones y funciones. Todo lo que se aleje de la necesaria devoción religiosa y convierta el Sacramento en motivo de vano ornato, ha de ser desechado.

Estas recomendaciones y normas fueron acogidas de forma más o menos rigurosa por cada párroco, y en la actualidad, absurdo sería negarlo, la iglesia guarda la personalidad que le imprime su titular. Por ello, los novios prefieren unas iglesias más que otras, no porque sean más o menos alocados, sino porque son más o menos participativos y conscientes de lo que van a hacer y de dónde lo van a hacer.

Y con la modernidad aparece la nueva figura del organizador de bodas. Pero claro, que organiza ¿el qué exactamente?. Organiza el banquete, el viaje, las invitaciones, las confirmaciones, el baile, los adornos florales, el coche de novios, etc.etc. Y dentro de esa borágine, a veces la iglesia se integra en las zonas a decorar y organizar…

Aquí es donde surge, casi siempre, la dificultad. Y regaño severamente a muchos organizadores de bodas, que ni siquiera conocen la liturgia del matrimonio religioso, y se olvidan de que la iglesia no es un decorado.

Es verdad que tiene mucho que ver el que la mayoría de organizadores de bodas no sean profesionales del protocolo. Son organizadores de fiestas o eventos diversos, y lo hacen maravillosamente, a la vista está. Pero si quiero organizar bodas religiosas, tengo que conocer y sobre todo respetar.

No puedo imponer una decoración porque vaya en sintonía con la temática cinematográfica de la boda, ni puedo adornar la puerta de la iglesia como si fuera una verbena, ni puedo decirle al párroco lo que tiene y no tiene que hacer para mayor lucimiento de los novios.

El papel de un organizador de bodas, cuando los novios también quieren que se les asesore en el protocolo de la iglesia, es el de vía de comunicación e intercambio entre el párroco y los deseos del futuro matrimonio.

Concatedral de San Nicolás de Bari, en Alicante, en una boda SíQuiero
El organizador debe visitar previamente la iglesia y presentarse al párroco, para ponerse a su disposición, conocer las costumbres de la parroquia y exponerle los deseos de los novios. Y entre los dos, conveniar todas las actuaciones que tendrán lugar dentro de la iglesia. Le contaremos qué personas desean intervenir en la ceremonia y con qué motivo; qué clase de música desean los novios que suene y quién la tocará y cantará, y qué piezas serán y en qué momento se interpretarán, qué Lecturas y Evangelio gustan a los novios y lo someteremos a su aprobación. Le llevaremos, si es posible, alguna fotografía con una aproximación de la decoración floral que deseamos poner. Le informaremos de los testigos, damas, pajes que habrán y dónde pensamos que deben tomar asiento; acordaremos dónde y cómo se firmará el acta y lo pondremos todo por escrito, en un perfecto cronograma, una vez acordados todos los puntos.

En ese cronograma figurará todo, en claro orden, para que el sacerdote sepa en todo momento de la Eucaristía qué sucesos van a tener lugar, qué personas los protagonizarán y cuáles son sus nombres. Y si hay algo en particular que al sacerdote no le guste o nos dice que se sale de la liturgia o costumbre, lo aceptaremos de buen talante.

La iglesia se adornará y limpiará respetando los horarios de los actos religiosos, y mientras eso sucede, el comportamiento de los trabajadores será de total respeto, guardando silencio, cuidando el mobiliario y elementos existentes en la parroquia, no moviéndolos para colocar la decoración y en todo caso con permiso expreso de párroco o sacristán. Volverán a dejarlo todo en su lugar, perfectamente limpio, y la empresa organizadora se hará cargo de cualquier desperfecto ocasionado. Es cortesía de los novios dejar las flores para lucimiento de la iglesia, por lo que se ayudará al sacristán a trasladarlas, y/o cambiarlas de recipiente si es necesario.

En ocasiones, no es posible recoger la decoración inmediatamente finalizada la boda, y habremos tenido que acordar con el párroco que el sacristán retirará aquello que moleste o no concuerde con el tipo de oficios que vayan a tener lugar en la iglesia. En este caso, tendremos el detalle de dar una propina a este señor que nos ha hecho parte del trabajo.

Si nos dicen que no podemos tirar arroz (en algunos lugares es así), indagaremos si el motivo es por el trabajo que ocasiona su limpieza, y si es ésta la razón, nos ofreceremos a realizar la limpieza inmediatamente que los novios y sus invitados se hayan marchado.

Me he encontrado en muchas parroquias una reticencia muy grande a colaborar, y me han echado en cara errores o malos comportamientos de antecesoras, y cuesta mucho que el párroco confíe en nosotros y se muestre colaborador. Y lo entiendo perfectamente. No se puede ir organizando eventos y mucho menos bodas religiosas con la indiferencia o irresponsabilidad de pensar que, como seguramente no vamos a volver… craso error. A parte de que es una actitud y comportamiento deleznable, y de una inexistente profesionalidad, nunca sabemos cuándo nos encontraremos con una pareja que se casará en el mismo sitio donde tuvimos aquella bronca con el párroco… así que, como dicen por aquí, on vagis a tornar, fes-te adorar (donde tengas que volver, hazte querer).


viernes, 10 de agosto de 2012

TRATAMIENTOS RELIGIOSOS.

Su Santidad Benedicto XVI,  Papa católico, y
Su Beatitud Bartolomé I, Patriarca ortodoxo.
Estoy haciendo un trabajo sobre las religiones en España, y salvo de la católica, no consigo encontrar los tratamientos que se les dan a los altos representantes, líderes, etc. de las diferentes confesiones ¿puede ayudarme?. Gracias.

Aunque parece que ya los tiene, le incluyo también los tratamientos honoríficos en la Iglesia Católica, para completar toda la información en un bloque:



IGLESIA CATÓLICA.
Su Santidad el Papa (S.S.)
Cardenales príncipes de la Iglesia (Eminentísimo y Reverendísimo Dr., Excmo. y Rvdmo. Sr.)
Arzobispos (Excmo. y Rvdmo. Sr.)
Obispos y abades mitrados (Ilmo. y Rvdmo. Sr.)
Vicarios generales y canónigos (Muy Iltre. Sr.)
Párrocos (Rvdo. Sr. Párroco de...)
Superiores de órdenes religiosas (Reverendísimo Padre o Reverendísima Madre).

IGLESIA ANGLICANA.
Arzobispo de Canterbury y Cork (Su Gracia)
Obispos (Lord)
Canónigos (Sir)
Sacerdotes (Reverendo)

IGLESIA EVANGÉLICA.
Pastor (Reverendo)

IGLESIA JUDIA.
Gran Rabino (Excelencia)
Rabinos (Reverendo Sr.)

IGLESIA ORTODOXA.
Patriarca (Su Beatitud)
Pope (Reverendo y Monseñor)

RELIGIÓN MUSULMANA.
Líder religioso (Imán)

miércoles, 4 de julio de 2012

LOS ESCOLTAS DE LAS CORPORACIONES LOCALES Y LA INDEPENDENCIA RELIGIOSA.

Maceros en el homenaje
a la Senyera valenciana
¿Pueden los maceros negarse a acompañar a la Corporación Municipal en actos confesionales aduciendo libertad religiosa?

Existe en el protocolo municipal la figura conocida como "macero". Son esos guardias que rodean a la Corporación Municipal en sus actos más solemnes e institucionales. Los maceros son funcionarios con el puesto de bedel o ayudante de asistencia interna y ceremonial, que son designados expresamente para esa función. Poseen su propio uniforme basado en antecedentes históricos y su intervención como tales está restringida a acontecimientos municipales muy concretos.

Los maceros o porteros de sala son también denominados documentalmente Reyes de Armas, y son personajes simbólicos que representan el poder y la autoridad. Sus primeros antecedentes hay que relacionarlos con las propias mazas de ceremonia que portan, originariamente armas de defensa que siempre constan entre los aparejos guerreros de los caballeros medievales, y que servían lógicamente para proteger a sus “señores”.

Después, una vez que se guerreaba menos, los maceros aparecían exclusivamente en las ceremonias solemnes de sus reyes como símbolo de la autoridad del soberano. Después, digo yo que como llevan uniformes molones y vistosos, con el tiempo, las instituciones que poseían autoridad – bien fuera por delegación real, como las audiencias, o por representación propia, como los ayuntamientos– quisieron hacer uso de ellos en sus solemnidades, como personajes alegóricos de su jurisdicción. Más adelante, se amplió la concesión de este privilegio a otras corporaciones y organismos como las universidades o las diputaciones, en cuyos actos oficiales suelen estar presentes, siempre alrededor (físicamente) de la autoridad más alta.
En la actualidad, los Ayuntamientos españoles que tienen Reglamento de Honores, reconocen la figura de los maceros, su uniformidad y regulan su presencia en función de la costumbre del lugar. Por tradición histórica, se asumen en sus Reglamentos que estarían presentes en todas aquellas ocasiones ordinarias y/o extraordinarias que así lo requiriesen, con motivo de la presencia en acto público de la Corporación Municipal en representación de la Ciudad, y siempre que lo determine el Pleno en el correspondiente Reglamento de Honores y Distinciones de la Ciudad.

Maceros escoltando a la Corporación de Las Palmas
en la procesión de Viernes Santo
En el Ayuntamiento de Alicante, el Reglamento de Honores existente (de 1997) no hace ninguna referencia a los maceros, pero sí se recoge su figura en la carta de servicios de Alcaldía, que los refiere exclusivamente para decir que es su responsabilidad (de la Secretaría de Alcaldía), el mantenimiento de los uniformes y las mazas, pero no hace referencia alguna a su funciones ni a cuándo deben intervenir.

En la actualidad, aunque no lo refleje el Reglamento, los maceros abren el desfile de la Corporación cuando lo hace en comitiva, lo que se ha dado en llamar Corporación bajo mazas. Igualmente, y como se hace en casi todas partes, lo hacen con motivo de la visita de una gran autoridad, acompañando a la comitiva en su recorrido y en algunas ceremonias como la constitución de la Corporación y toma de posesión del alcalde, plenos extraordinarios con ocasión de entregas de distinciones, etc. También en otros actos de gran solemnidad se colocan tras la presidencia.

Concretando, y estudiando el comportamiento de otras ciudades que sí tienen un Reglamento de Honores en condiciones y hablan explícitamente de los maceros (por ejemplo el Ayuntamiento de Granada, que recoge un protocolo expreso para su intervención en los actos en honor de la Virgen patrona), resumo:

Macero y Policía Local con uniforme de
gala en el Viernes Santo de Las Palmas
- El de macero es un cargo de honor que bajo la esencia inicial de “proteger” a la autoridad que le concedió tal distinción, sólo interviene cuando ésta se conforma en plenitud, bien sea para su constitución oficial o en actos en los que deba componerse como tal.

- La Corporación Municipal como institución se constituye siempre en representación de la ciudad, e interviene en actos solemnes en calidad de esta representación.

- Por ello, si la Corporación, como autoridad con representación legitimada de forma legal y oficial que le es otorgada por su constitución a través de las leyes y de su elección democrática, decide participar en pleno en un acto que bien por tradición o por costumbre en la ciudad de su jurisdicción, considera procedente estar, los maceros deben “custodiarla”.

- Los maceros no intervienen libremente en los actos, sino por designación expresa bien del Reglamento de Honores o bien por el Pleno, por lo que están a sus órdenes y no actúan a nivel personal sino en razón de su cargo.

- Los maceros representan una función oficial y ceremonial, de modo que su actuación no está en relación a su conciencia sino a la representatividad y competencia que se le otorga (y además cobran un plus por el desempeño del puesto).

- Custodian a la Corporación Municipal o la autoridad superior de carácter civil que esté presente (los Reyes, por ejemplo), pero no a un paso procesional aunque éste forma parte del acto en sí.

Concluyendo, y en mi opinión, no hay nada que avale motivos religiosos para excusarse de custodiar a la Corporación Municipal, porque es a ésta a quien acompaña y no al Obispo, o autoridad religiosa presente o monumento religioso.

Los maceros están vinculados a su cargo, en este caso municipal, y su presencia es designada por su “jefe”, es decir, por la Corporación en Pleno. Se puede renunciar a ser macero, pues el cargo no es de obligatoria aceptación, ya que se otorga de forma graciable.

No se puede ser macero para una cosa y no para otra, como no se puede ser jefe de protocolo para organizar la toma de posesión del alcalde pero no serlo para organizar la romería de la Santa Faz.

O por decirlo de otro modo, ser macero y actuar de acuerdo a sus funciones es una cuestión de coherencia, no de conciencia religiosa.


Gracias a mi compañero Jerónimo S. Ramírez por sus fotos.

martes, 22 de noviembre de 2011

FUNERAL 2.0.

Rvdo.Paolo Padrini, y su Biblia 2.0.
En estos tiempos de inmersión tecnológica, casi nada nos sorprende. Los ipad, ipod, iphone, smartphone, blackberrys… están en todas partes y su utilización es cada vez más habitual e imprescindible en la mayoría de los sectores profesionales y personales.

Incluso los profesionales del protocolo comenzamos a debatir sobre si es correcto que el móvil esté encima de la mesa mientras transcurre la comida. Tal vez en la vida social en general sea una costumbre errónea y debamos evitarlo.

Pero si estamos en una comida de trabajo con colegas, puede que sea incluso necesario. Podemos imaginar un mantel con la pala de pescado, cuchillo de pescado, servilleta, móvil, copa de vino… un disparate y un riesgo para la seguridad de aparato.

En definitiva, vamos aceptando como normales actitudes que provienen de la actualización necesaria de la vida actual, y el protocolo debe buscar y encontrar siempre armonía entre la vida, los tiempos y las conductas.

Lo que todavía no es habitual, es encontrarse con un sacerdote adaptado al ipad.

Situación:

Un responso en recuerdo de un fallecido, la solicitud de presencia del sacerdote, éste que llega, se sitúa en el lugar preparado y acorde al acto que va a presidir, pero en lugar de sacar de su bolsa, maletín o cartera sus libros de oraciones, extrae un ipad y recostando la espalda sobre el respaldo de la silla, pulsa la pantalla y una tras otra va dando lectura a las oraciones ante los atónitos ojos de las personas (de avanzada edad) que asisten al momento de recogimiento.

Muchas de esas personas no sabían que existía un teléfono móvil tan grande, y le observan con perplejidad mientras el sacerdote desliza su índice sobre la pantalla. Otras, las menos, ofrecen una extraña imagen contradictoria: mientras de sus labios salen palabras dulces de recuerdo al difunto y frases conmovedoras, sus cejas fruncidas y ojos acusadores se contraponen con hostilidad a esos generosos sentimientos.

Miran con reproche al sacerdote (¿tanto le costaba traerse un librito?), ajeno al efecto que está provocando pues está absorto en la pantalla… hasta que termina el responso y una de las señoras rompe el silencio de la pausa final y pide recitar una oración.

Sin dejar de mirar fija y acusadoramente al sacerdote, y de memoria, van saliendo de su boca una tras otra las frases del réquiem:

Dios mío, señor de la historia y dueño
del ayer y del mañana, en tus manos están
las llaves de la vida y de la muerte.
Sin preguntarnos te lo llevaste contigo a la morada santa
y nosotros cerramos nuestros ojos,
bajamos la frente y simplemente te decimos: está bien, sea…

El sacerdote, como si se acabara de despertar de un bonito sueño, manifiesta con un lenguaje verbal evidente e indisimulable, que se quiere morir él también. Se le echan encima todas las miradas censuradoras al mismo tiempo que se le hace evidente que ha metido la pata hasta las ingles.

Acabado el réquiem recitado de memoria por la representante y depositaria de los reproches mudos de todos los presentes, el sacerdote no puede sino acercarse y con humildad estrechar entre las suyas las manos de la señora y decirle en voz baja, con tono de arrepentimiento “me ha dejado usted sin palabras”, para hacer una suave inclinación de cabeza y dirigirse a la salida de la habitación de la forma más silenciosa de la que fue capaz…

La moraleja no puede ser más simple. El protocolo y la educación social basan su éxito en la armonía entre lo que pasa y cómo hemos de tratarlo para que el resultado sea lo más equilibrado posible entre todas las partes que intervienen: público, protagonistas, ocasión, adornos… de tal forma que ninguna de ellas distorsione el momento que se está viviendo.

Rvdo. D. Carlos, cura 2.0 del Valle de Soba.
Este sacerdote, de treinta y tantos años, evidentemente fiel seguidor del Reverendo Paolo Padrini seguramente arrasará en sus celebraciones con los fieles jóvenes y contemporáneos, que verán en la utilización de los medios tecnológicos una aproximación necesaria e inevitable a su hacer y su cultura.

Pero la actuación 2.0 de este sacerdote ha distorsionado, ha dañado la sensibilidad de los fieles con los que ha compartido el momento y que dada su edad, lugar y circunstancia, no estaban preparados para la modernidad de D. Carlos, el cura del Valle de Soba. 

ARMONÍA2.0 reivindico, Evento y Gestión dixit

viernes, 12 de agosto de 2011

COSTUMBRES EN LOS FUNERALES.



Hace poco acudí a un funeral y me llamó la atención una costumbre del lugar. Al finalizar la ceremonia religiosa, los familiares se pusieron en el altar, separados los hombres por un lado y las mujeres por el otro y con esta misma separación las personas asistentes pasaban en dos filas, por delante de los  familiares (los hombres delante de los hombres y las mujeres delante de las mujeres) y hacían lo que se llama en ese sitio "dar la cabezá", que consiste en bajar levemente la cabeza delante de los familiares para trasmitirles el pésame y así evitar saludar personalmente a todas las personas.

¿Conocían esta tradición?, ¿Cual puede ser su origen?, ¿Qué tradiciones existen en otros sitios al respecto?. Aunque yo soy una firme defensora de las tradiciones, creo que lo lógico, sería que los familiares se colocaran según el grado de familiaridad independientemente del sexo. De este modo, los asistentes podrían transmitir su respeto a todos los familiares.

Un saludo y gracias de antemano. Teresa.


Hola Teresa. La norma de separar a hombres y mujeres en un funeral no es más que la constatación de una sociedad sexuada para todo y desde tiempos inmemoriales. La vida cotidiana se traslada como es lógico a cada uno de los ritos de la sociedad en la que se practican. Unas veces más influenciados por la cultura, otras por la religión, otras por la política y en todos los casos, por la tradición.

La muerte además ha sido vista por los pueblos de formas muy distintas, y con esa diversidad se ha afrontado y celebrado.

Hoy día es cada vez más escaso, pero todavía se practica sobretodo en el mundo rural y con mayor ahínco en zonas de España con mayor arraigo conservador. No sólo se separan hombres y mujeres para dar el pésame, sino también para asistir a los oficios religiosos.

Es habitual también que la familia, situándose en el centro los más allegados al difunto, y alternativamente a sus lados en parentesco descendente, formen una línea de pésame a la salida de la Iglesia. Sale primero el féretro y mientras se introduce el mismo en el coche fúnebre, los asistentes al funeral van pasando por la línea de pésame manifestando el mismo a los familiares del difunto. 

Esto es cada vez menos habitual, y se tiende a eliminar este momento que se convierte en una procesión que sólo sirve para acentuar el dolor del momento.

Yo no le daría mayor importancia que la curiosidad, en el buen sentido, de cómo evolucionan las costumbres sociales y cómo se van adaptando a los tiempos, a veces con mucha reticencia.

Efectivamente, lo que dice sobre que todos, hombres y mujeres, puedan darse el pésame por igual, nos parece totalmente lógico con nuestro punto de vista.

Los ritos en el interior de la Iglesia son también diversos según la religión que se practica y la cultura sobre la muerte; en los países anglosajones es preceptivo que se hable sobre la persona del muerto estando éste de cuerpo presente, y lo mismo podríamos decir de cómo se viven los velatorios.

Pero fíjese, por ejemplo, los vikingos se embarcaban para arrojar las cenizas de sus muertos al mar, y aprovechaban la travesía para discutir los asuntos de la herencia, cosa que tal vez ahora nos pareciera a la vez que bastante práctico, también bastante cínico.

En cualquier caso, las formas de expresar el dolor son tantas como personas, y hay un principio sabio que dice que donde fueres haz lo que vieres, y en el mejor de los casos, respetes lo que encuentres si no deseas participar.





miércoles, 4 de mayo de 2011

LA PEREGRINA, EN LA ACTUALIDAD.

Los trazos principales de la Peregrina permanecen inalterables en la actualidad. Haciendo un repaso sucinto a la celebración tal y como se celebra hoy, vemos que la que mueve mayor número de afluencia de muchedumbre es la que transcurre el segundo jueves siguiente al Domingo de Resurrección, conocida como la Romería a la Santa Faz.

Previamente a su celebración, sigue acordándose por el Pleno de la Corporación la celebración y su fecha (Punto I-3), y dándose comunicación de ello a las autoridades eclesiásticas, remitiéndose invitación a las mismas así como al resto de autoridades civiles y militares de la ciudad, personalidades y autoridades provinciales y autonómicas.


Diario Información del 4 de mayo de 2011
La Peregrina es organizada con mucha antelación por el Ayuntamiento y el Cabildo de la Santa Faz. Se establece oficialmente un dispositivo especial de seguridad en el que participan efectivos de la Policía Local, Policía Autonómica, Bomberos, SAMU, Cruz Roja, y Protección Civil, que este año se elevan a 396. El itinerario corresponde a la carretera Nacional 332-340 que se cierra a la circulación rodada en dos de sus carriles -el de ida desde la ciudad-, reservándose los otros dos para el tráfico restringido de autobuses, taxis, y vehículos autorizados. La agrupación de Voluntarios de Protección Civil de San Juan cuenta, además de sus propios efectivos, con la colaboración de las agrupaciones de otras poblaciones. Cruz Roja movilizará ambulancias que se ubicarán en las inmediaciones de la carretera de Valencia.
El día previsto, desde las siete de la mañana se comienzan a realizar los actos religiosos que tienen lugar en la hoy Concatedral de San Nicolás. Los Puericantores entonan el canto de las Letanías de Los Santos, y sobre las ocho de la mañana parte la comitiva oficial desde la Puerta Negra de la hoy Concatedral de San Nicolás. Por ella aparece la Comitiva Sacra, con el Canónigo Postaentardarte que lleva una réplica de la imagen de la Reliquia. Va acompañada de dos diáconos y numerosos sacerdotes representantes de las comunidades religiosas de la ciudad, agrupaciones de devotos católicos, grupos de foguerers, colectivos varios de importancia en la ciudad, autoridades civiles y militares, así como numerosos fieles, que llegan a superar las 300.000 personas en su llegada al Caserío.


En la Plaza de San Nicolás, la Concejalía de Atención Urbana del Ayuntamiento es la encargada de suministrar las 15.690 cañas de 1,80 cm. de altura y las 3.385 de 1,60 cms., que haciendo un total de 19.075 cañas se repartirán a los peregrinos que parten desde la Concatedral, muchos de ellos portando ya las cestas con la comida que disfrutarán en los campos que rodean el Caserío, en el que no faltan las habas tiernas, el conejo con tomate, la tortilla de patatas, y cómo no, la típica mona pascuera.

lunes, 2 de mayo de 2011

CRÍTICA Y CONCLUSIÓN SOBRE EL PROTOCOLO DE LA PEREGRINA DESDE SUS COMIENZOS.


  1. Queda sobradamente demostrado el poder de decisión del Ayuntamiento sobre los actos derivados de la Santa Faz. No sólo fue capaz de mantener durante 89 años la festividad en fecha contraria a la Iglesia, sino que convoca la celebración de procesiones, fecha para las rogativas, mantiene su puesto presidencial en las celebraciones, ocupándose de la organización, financiación, invitaciones según su criterio, y es la única que mantiene siempre un puesto fijo en los actos, junto a la Cofradía de San Jaime y los Caballeros de la Junta de Inhibición del Vino.
  2. Hemos visto cómo el protocolo se adapta cuando es necesario complacer a todas las partes. Esto queda visible en la procesión general en las Rogativas, cuando los diputados electos, cambiaban su posición situándose entre los curas y el Santo Cristo de los Cazorla delante de la Cruz de Santa María, y detrás de las Comunidades. Es el mismo caso de los pescadores de la Cofradía de San Jaime, cuando merman en número para compensar la presencia de otras autoridades, o cuando es preciso “invitar” a más personas para equilibrar los puestos en los bancos del Monasterio.
  3. También hemos podido ver como la preparación de los actos requiere de un cambio en la infraestructura de los mismos cuando es preciso acomodar a todos los participantes, como es el caso de la necesidad de construir más bancos para la iglesia del Monasterio.
  4. La fiesta se somete continuamente a las necesidades internas/económicas del Ayuntamiento, variando en esplendor y frecuencia, y podríamos decir que la Peregrina es una demostración de cómo quien paga manda, ya que tratándose en origen de un hecho religioso, protagonizado por un cura y sus fieles, su celebración pasó a depender exclusivamente del patrocinador del evento.
  5. Por otra parte, se constata que la necesidad de establecer un protocolo en los actos, lleva siempre parejos conflictos de diversa índole, y queda demostrado igualmente cómo el protocolo es el encargado de mediar y solucionar dichos conflictos a través de la negociación y la disuasión, aunque no siempre los resultados obtenidos sean los más acordes con la supuesta “legalidad”, utilizando ésta en los casos en que la negociación falla.
  6. Ineludible es la cuestión de las contraprestaciones. Queda patente la necesidad de compensar de algún modo a aquellos que pueden dar relevancia al acto con su presencia, y que se mantiene invariable en la actualidad. Si en aquél entonces se era mucho más pragmático y práctico, con el abono de cantidades económicas, la sutileza en el trato, la elegancia, y por qué no, la mejora de la calidad de vida y de la posición económica de la generalidad, ha ido modificando aquella costumbre cambiándola por obsequios en especie, que si bien ya no tienen la intención de sufragar los gastos originados por la presencia de cada cual, sí mantienen la filosofía original: asegurar la presencia, compensar el supuesto esfuerzo, y sembrar buena predisposición para el futuro. Lo que sí suele ir aparejado es la importancia del acto y la relevancia pública de la persona, con el obsequio con que se le agasaja.
  7. Si la costumbre hace Ley, y ésta es aceptada por la mayoría, se demuestra del mismo modo que los colectivos no siempre hacen gala de las cualidades que supuestamente le son atribuidas por su propia naturaleza, y que afortunadamente siempre una de las partes en conflicto cede en favor de la brillantez del acto.
  8. A la vista de una sociedad en la que las clases estaban bien diferenciadas con una jerarquía definida, es muy interesante observar como se difuminan los límites entre el ceremonial ya establecido, y la elaboración prácticamente espontánea de un nuevo protocolo, a través de cual cada participante va situándose respecto de aquel, hasta el punto de no poder ver claramente qué fue primero, si la costumbre y la necesidad, o la toma de decisiones que establecieran una legalidad a acatar por todos.

En definitiva, el ceremonial deja paso al protocolo, con el que los nuevos elementos se van sumando conforme se producen las circunstancias que los provocaron, y un nuevo orden se va sucediendo al tiempo que se integran casi de forma espontánea.

Podríamos decir que el ceremonial nace, y se convierte en adulto cuando se transforma en protocolo y es capaz de, teniendo en cuenta las necesidades de todas las partes, ordenarlas de manera que cada una de ellas aparezca en su máximo esplendor.



domingo, 1 de mayo de 2011

LA SANTA FAZ. CELEBRACIONES PARALELAS Y ESTABLECIMIENTO DE SUS RESPECTIVOS PROTOCOLOS.

Dentro del culto religioso a la Santa Faz, destacan dos actos religiosos y uno lúdico. Todos remontan sus inicios a finales del siglo XV y principios de XVI, y tienen distinta intencionalidad y han sufrido una divergente evolución a lo largo de los años.

Los actos son de dos tipos. Religiosos, que incluyen La Peregrina y las Rogativas, y los lúdicos, donde se enmarca la Feria de la Santa Faz.


La Peregrina o romería anual tenía como objeto conmemorar los hechos milagrosos atribuidos por la tradición desde 1489 al lienzo Verónico. Si bien no existe documentación sobre los primeros siglos, es lógico suponer que una sociedad de elevada religiosidad para unos, y de fácil fervor para otros, acogería los supuestos milagros como ciertos, atrayendo en gran número (teniendo en cuenta el censo de la época) a las gentes del contorno. Así pues durante los primeros años no es descabellado pensar que las celebraciones en honor de la Santa Faz se desarrollarían con un sencillo y natural protocolo por otra parte bien delimitado, dado las concretas atribuciones de los participantes, debido a una sociedad compuesta de grupos claramente diferenciados.

La llegada de las Clarisas, el establecimiento de un Patronato, la construcción del Monasterio, la instauración del primitivo rezo autorizado por Clemente VII con las consecuentes indulgencias a ganar en la peregrinación, las donaciones de los fieles adinerados, etc.etc., llevarían en poco tiempo a la imperiosa necesidad de ordenar la participación de todas las partes, establecer recorridos, prever las necesidades de los peregrinos, atender a las comitivas oficiales, preparar los agasajos, presupuestar los gastos...

La primera Peregrina documentada data de 1592, aunque se refiere exclusivamente al libramiento de dinero para cubrir los gastos correspondientes.

A partir de 1602 se pueden encontrar documentos que dejan entrever el tipo de organización de la Peregrina, y que he detallado en el apartado anterior.

Hasta 1650 en la comida oficial de la Peregrina, financiada por el Cabildo, tomaban parte las autoridades civiles, las representaciones de San Nicolás, Santa María y dos clérigos de cada Orden religiosa establecida en Alicante. Seguramente por el alto costo de la comida, teniendo en cuenta además la precariedad de las arcas municipales, se acordaría en esta fecha entregar a cambio de esa comida, dos libras a cada convento religioso asistente y 99 reales a repartir entre las 28 personas que acudían de las dos parroquias, como subvención para la sufragación de sus propios gastos. Sin embargo, el Cabildo de San Nicolás seguiría comiendo invitado por el Ayuntamiento, a pesar de seguir recibiendo su subvención. Las cantidades entregadas se irían incrementando en años sucesivos.

En 1661 aparece una primera reglamentación protocolaria provocada por los roces entre los miembros del Ayuntamiento, dado el auge de la fiesta y la gran importancia con que seguía acrecentándose:

“... el Governador se ha de sentar al cap del banch del Evangeli, el jurat en Cap de cavallers, al cap del banch de la Epístola, el jurat en Cap de ciutadans, al cap del Gobernador, el batle enseguida del jurat en Cap de Cavallers (per que no se senten ni vaien dos jurats junts), el Justicia en seguida del jurat en Cap de ciutadans, el jurat segon de cavallers en seguida del batle... y en las procesions se observe lo mateix”.

Así pues, la colocación en la Iglesia era: