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jueves, 17 de marzo de 2011

¡POR TUTATIS! ESTOS ROMANOS ESTÁN LOCOS...

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No hagan ustedes planes para esta noche. Deseo invitarles a cenar y sería para mí todo un honor que quisieran acompañarme. Estoy convencido de que no se arrepentirán ya que, gracias a Júpiter y a la diosa Fortuna, disfruto de una economía holgada, una situación de privilegio dentro de la nobleza romana y puedo asegurarles que el banquete estará a la altura de mi elevado estatus.


Mi esclavo invitator les hará llegar la invitación y si acaso ésta no les llegara considérense invitados por medio del siguiente texto.

Domus romano
La cena tendrá lugar en mi domus de la Colina Palatino y como es costumbre, comenzará después de que ustedes se hayan dado sus baños, es decir, a la hora novena (las 17 horas aproximadamente).

Les recuerdo que deben de traer cada uno de ustedes su servilleta con la que luego, si lo desean, podrán llevarse restos del banquete o quizás algún regalo. También les recuerdo que pueden venir acompañados por su propio esclavo, aunque si no lo hicieran no deben preocuparse pues todos los esclavos de mi domus estarán a su entera disposición.

martes, 15 de marzo de 2011

HE ESTADO EN MÁS REGAZOS DE HOMBRES QUE UNA SERVILLETA.

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"I've been on more men's laps than a napkin."  Una mítica frase más de Mae West. Ella no tenía ninguna duda sobre dónde hay que ponérsela, aunque tal vez no conocía su procedencia, que os ofrezco en esta entrada.



La palabra servilleta procede del siglo XIV, de la voz francesa serviette, que viene del verbo servir (paño pequeño que sirve).




Lo de especificar pequeño paño, es porque en sus inicios, cuando la costumbre de los grandes banquetes sin fin, exigían grandes telas, toallas, que pudieran durar las largas horas de degustación con las que solían agasajarse sin pudor.

Los egipcios, los griegos y los romanos fueron los primeros en darse cuenta de que tanta comida, tantos platos distintos y tantas horas en la mesa, requerían telas de gran tamaño que les permitieran limpiarse, teniendo en cuenta que los cubiertos aún no habían sido descubiertos en su plenitud y las manos eran las grandes protagonistas en la mesa. Como mucho, se ayudaban de cuencos con agua aromatizada con flores y hierbas, en los que sí eran grandes expertos.

A los nobles romanos, gran ejemplo para muchas cosas, durante el reinado de Tarquinio el Soberbio, en el siglo VI a.C., se les ocurrió un nuevo uso para esos grandes trozos de tela. Finalizada la comida, la servilleta se transformaba en una práctica bolsa donde se depositaban los manjares que no se habían consumido durante el banquete (ya se sabe el derroche del que hacían gala), haciendo así un gran favor a los anfitriones (palabra que por cierto también procede de la cultura romana). Irse sin llevarse nada se interpretaba como un desaire, algo así como que no te gustaba lo que te habían servido.