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domingo, 31 de julio de 2011

EL REGISTRO ARTESANAL DE LAS LLAMADAS. ANÉCDOTA MUNICIPAL.



No hace mucho me decía una colega que, después de tantos años en la administración, seguro que tendría anécdotas referidas a mi profesión. Pues sí, algunas hay. Lo que pasa es que casi ninguna se debe contar, porque forman parte de la confidencialidad del puesto. Pero otras, muy poquitas, merece la pena contarlas.

Ésta en concreto, me sirvió para darme de bruces con la simplicidad (en el sentido de sencillo) de ocuparse de una tarea sin las implicaciones enrevesadas que pretenden hacernos la vida más organizada y eficaz. Y ha venido a mi memoria porque he tenido que pedir que me recojan una llamada importante que yo no iba a poder atender, y porque además, coinciden en el tiempo. Es decir, julio, y las vacaciones veraniegas.

Dentro del protocolo municipal podemos incardinar algo que, aunque en la actualidad está reconocido y potenciado a través de los convenientes cursos para el personal al servicio de las administraciones públicas, hace 20 años no era más que una idea que comenzaba a surgir: la formación de los bedeles en lo que se refiere a la atención al público, tanto personal como telefónica.

En aquellos años, la media de edad de estos trabajadores se situaba alrededor de los 50-60 años. Era antes de la explosión demográfica del funcionariado, de la descentralización de los servicios y por ende, de personal joven recién incorporado que trajera consigo un nuevo estilo de funcionario más acorde con los tiempos modernos, y con el cambio de mentalidad hacia el ciudadano, y casi más importante aún, con un ímpetu más participativo y voluntarioso.

Vengo a decir que no existía preparación para el desempeño de determinadas tareas, y que a eso se añadía, además, un número de años de servicio con vicios adquiridos muy difíciles de desarraigar, y pocas ganas también de hacerlo.

Así pues nos encontramos en el mes de julio, con la plantilla bajo mínimos y con la ausencia de la otra persona con la que compartía tareas en la secretaría particular del Concejal, a quien debía acompañar a un acto.

El Concejal esperaba una importante llamada desde Madrid, y cuando voy a marcharme, con la intención de advertir al bedel sobre esta llamada y qué debía hacer si se recibía, me encuentro justo con la persona a la que sabía que no podía dar explicaciones medianamente complejas, o que supusieran una cadena de tareas de más de dos eslabones. De modo que me limité a pedirle que tomara nota de las llamadas que se produjeran, y que se las recogería al volver.

Una hora y media más tarde, vuelvo a la Concejalía y le pido el listado de llamadas.

- No las he podido anotar, es que me he quedado sin papel aquí y como estoy solo, no me podía mover.

Tuve un sentimiento de impotencia tremendo, y la certeza de que no se podía hacer nada. Mi cara de perplejidad debió de ser tan evidente, que el pobre bedel puso cara de compadecerme infinitamente, y nerviosamente añade:

- Pero no te preocupes, que me acuerdo de todas.

- ¡Ah, qué bien!, exclamé, pensando esperanzadamente que aunque de los teléfonos no se acordara, yo los podría averiguar si me decía quién había llamado. Él, contagiándose de mi sonrisa y con gran aplomo y satisfacción me dice:

- Dime nombres…




miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA SALA DE ESPERA DE LOS EJECUTIVOS.


Soy secretaria en una empresa de Valencia, y me han encargado habilitar una sala de espera para las visitas a los altos ejecutivos. ¿Puede darme unas indicaciones sobre cómo hacerlo? Gracias, es una muy buena idea el poder preguntar estas dudas. Luisa M.

Hola Luisa. La sala donde las visitas aguardan el inicio de la entrevista ha de cuidarse en su aspecto externo dado que es un espacio habilitado para hacer más discreta y agradable la espera. La sala debe utilizarse para una sola visita, puesto que nadie debería esperar turno para ser atendido. Debe tener luz suficiente y una decoración sencilla. Es recomendable que disponga, como mínimo, de un sofá o sillas confortables, así como una mesa baja, sobre la que se colocarán los periódicos del día y otras publicaciones relacionadas con la actividad de la empresa.

Igualmente, incorporará un pequeño mueble donde pueda habilitarse un sencillo juego de café, por si fuera necesario ofrecerlo durante una espera prolongada debido a motivos imprevistos, así como un teléfono con acceso al exterior.

En las ocasiones en que la entrevista se demore por diferentes causas, se ha de advertir a la persona de la demora ofreciendo un motivo justificado (el señor director ha tenido una incidencia y tardará en llegar unos diez minutos) y en consecuencia se ofrecerá un café, un refresco o similar.

Igualmente, ofrecerá el teléfono al interesado por si desea ajustar su agenda o avisar a alguien de posibles retrasos posteriores.

Nunca se pasará al invitado al despacho del ejecutivo donde se celebrará la entrevista, pues resulta más incómodo para el visitante.

Cuando la entrevista finalice el anfitrión se pondrá de pié y acompañará hasta la puerta de su despacho al visitante, donde se despedirá. Desde ese punto el responsable de la secretaría conducirá al invitado hasta la salida del área o, como signo de mayor deferencia, hasta la recepción del edificio. Puede hacer esta misma operación el propio ejecutivo, lo que se entendería como máxima cortesía, que puede responder a los intereses propios de la empresa.