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viernes, 17 de febrero de 2012

LOS SÍMBOLOS DE LA CIUDAD DE ALICANTE. LA BANDERA Y EL HIMNO.

La descripción de la bandera de Alicante es muy sencilla:

Es rectangular, de proporciones 2/3, formada por dos franjas verticales iguales, siendo blanca la franja junto al asta y azul la del batiente. Con el escudo de la ciudad brochante al centro y en sus colores.



La disposición de las franjas, los colores que la conforman, y las figuras que se insertan en una bandera, tienen sus significados históricos y su argumentación.

Brochante: Se dice de la pieza que se superpone sobre otra, quedando en su interior, es decir, sin salir de su contorno.

Azur (azul): En la simbología heráldica significa justicia, hermosura, lealtad y dulzura.

Blanco (plata): Humildad, inocencia, felicidad, pureza, templanza y verdad.

En la descripción heráldica que realiza  el técnico Félix Ortiz, menciona la utilización de los colores blanco y azul como alusivos al mar y destacadamente presentes en el escudo de Alicante, aunque el significado que detallo aquí tiene un carácter simbólico e incluso esotérico que no debe ser tomado al pie de la letra,  según  apunta amablemente  D. Rafael Agüera Espejo-Saavedra en Heraldaria, tras mi consulta, señalando que una de las reglas de la vexilología es que los colores de las banderas estén basados en los esmaltes del escudo correspondiente y eso es, precisamente,  lo que ocurre en el caso que nos ocupa. Por lo tanto, el azul y blanco (plata) de la bandera de Alicante alude a los colores marinos.

Respecto al Himno de la ciudad, fue creado por D.Juan Latorre Baeza en 1902. La letra fue de José Mariano Milego y Francisco Martínez Yagües, inspirada en las poesías del Marqués de Molíns (Mariano Roca de Togores y Carrasco).

Sus poesías, llamadas Alacant, iban dirigidas a un amigo poeta de Madrid llamado Manuel Bretón de los Herreros y fueron adaptadas al himno así:

Som fills del poble, que té les xiques
com les palmeres de junt al mar.
Són molt airoses, molt reboniques,
i fan quan volen riure i plorar.

Es la millor terra del món,
perque el poeta li hu va dir,
i en el passeig del Malecó,
n'haurá qui li puga competir.
I desde el matxo del Castell,
mires i dius: qu'encant!
no es este ja el poble vell,
qu'es altre Alacant!

Visca Alacant! Visca Alacant!! Visca Alacant!!!
 
Una estupenda cronología realiza en su web Alicante Vivo, que me permito copiar aquí:
 
El 14 de abril de 1841, D. Mariano Roca de Togores, primer Marqués de Molíns, escribía una letrilla al poeta castellano D. Manuel Bretón de los Herreros, en la que ensalzaba las excelencias climatológicas de Alicante. Su título quedaría grabado de forma indeleble e inseparable al nombre de nuestra ciudad: «La Millor Terra del Món», aunque su título original era «Alicante», y según lo publicara la Sociedad del Liceo de Alicante, se trataba de un «Adagio Alicantino», que efectivamente iba dedicado al citado poeta.


D. Mariano Roca de Togores y Carrasco (Albacete 1812 - Lequeitio 1889), orador, escritor y político conservador, era de distinguida familia oriunda de nuestra provincia, en concreto de la pedanía oriolana de Molíns, y que de hecho residía en Orihuela en el Palacio familiar que su padre, el Conde de Pinohermoso (actualmente Ducado de Pinohermoso), tenía junto a la Catedral de Orihuela, lo que hizo que aquí tuviera numeroso bienes y residiera grandes temporadas, muy especialmente en una finca de la capital que se denominaba «El Carmen», conociendo así sobradamente nuestro magnífico clima. Que naciera en Albacete es anecdótico, pues se dio la circunstancia de su madre dio a luz durante un viaje de regreso de Madrid a Alicante, precisamente al pasar por esta capital manchega.


D. Mariano Roca de Togores, Marqués de Molíns.
Llegó a ostentar varios ministerios, como el de Fomento, reformando la Real Academia Española de la Lengua (que dirigió en 1865), la Real Academia de la Historia, la Real Academia de Medicina y Ciencias Naturales y la Real Academia de Leyes de estos Reynos y de Derecho Público, y fundando la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Fue varias veces Ministro de Marina, y también de Regencia, además de Embajador de España en Londres, París y la Santa Sede. Se interesó especialmente por la promoción y el cuidado de los intereses morales y materiales del pueblo alicantino, y ello le hizo acreedor en 1848 de su título nobiliario que hace referencia al lugar de donde era oriundo. Era además Vizconde de Rocamora, Caballero de la Gran Orden de Caballería del Toisón de Oro (1863), Gran Cruz de la Orden de Carlos III, Caballero de las Órdenes de San Juan y de la de Calatrava, Maestrante de Valencia, Diputado y Senador vitalicio del Reino, Académico de las Reales Academias de Historia, de Bellas Artes de San Fernando y de Ciencias Morales y Políticas, y fue designado Director de la Biblioteca Nacional y Presidente del Ateneo de Madrid.

Como escritor cultivó todos los géneros, desde el drama histórico hasta la seguidilla popular. En sus obras poéticas se mezclan las piezas neoclásicas y románticas. En sus romances jocosos y letrillas hay verdadera gracia y alegría. También hay poemas de amor y religiosos, así como numerosos artículos. Fue un mecenas de las Artes y las Letras y eran famosas sus veladas literarias en su palacio de Madrid, en las que se reunían los mejores artistas y escritores de la capital, entre ellos Bretón de los Herreros, siendo además introductor del romanticismo teatral en nuestro país. Escribió también biografías, entre ellas precisamente «Bretón de los Herreros: recuerdos de su vida y de sus obras» (1883).

En cuanto a D. Manuel Bretón de los Herreros (Quel 1796 - Madrid 1873), uno de los mejores poetas festivos del teatro español del siglo XIX, a sus 16 años de edad se sintió impulsado durante la Guerra de la Independencia a iniciarse en el servicio de las armas, eligiendo Alicante por ser una de las contadas plazas que no se habían doblegado a las huestes de Napoleón, siguiendo la carrera militar durante 10 años y regresando a Madrid, donde sería bibliotecario en la Biblioteca Nacional, dirigida entonces como hemos visto por Roca de Togores. Ese tiempo que aquí estuvo fue suficiente para que Alicante le dejara una huella imborrable.

D. Manuel Bretón de los Herreros.
Tras haber coincidido varias veces en Madrid, a partir de 1828 ambos trabaron una gran amistad, viajando juntos con frecuencia. Fue Secretario Perpetuo de la Academia Española de la Lengua, que había sido reformada y era dirigida por Roca de Togores, y asiduo del Ateneo de Madrid, presidido igualmente por Roca de Togores. Y de este modo, en una de las frecuentes misivas de éste a su amigo Bretón de los Herreros, escrita en su finca «El Carmen», que por cierto estaba situada donde el actual Parque Municipal del Palmeral, en la entonces Partida de Babel, y que contaba con más de 7000 palmeras, Roca de Togores evocaba con los versos citados íntegramente a continuación, tratando de provocarle sana envidia a su amigo, la ciudad que ambos conocían:

Sepades, señor Bretón,
que de Poniente a Levante,
es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Mientras que a vos embozado
por las mañanas de enero,
a la orilla del brasero
os da un dolor de costado,
yo me voy desabrochado
desde el Muelle al Malecón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Sólo en pasas, por estrenas,
gastáis vos un Potosí,
mientras abundan aquí
racimos como azucenas,
y venden por dos seisenas
el Porrat de San Antón;
que es si disputa Alicante
la millor terra del món.

Vos ponderáis la dulzura
de las hijas de la villa:
buen provecho su mantilla
os haga y su empopadura;
que si yo busco ternura,
le clavo el diente al turrón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Su donaire no descreo,
mas niego su primacía;
y aún os juro por Talía
que si vierais lo que veo
desde este sitio en que leo,
que mudarais de opinión:
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Ni es mucho, ni yo lo dudo,
que la gente cortesana
tenga la lengua liviana
y el entendimiento agudo;
pero aquí aun el sordomudo
despunta por socarrón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Mientras vos sudáis lo tinto
empotrado en la luneta,
yo al compás de la retreta
bajo el verde terebinto
estoy oyendo el requinto,
¡sin ver tanto farolón!
Que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

¡Vos en remojo y no es cuento,
en una sartén de estaño,
mientras tengo el mar por baño
y por toldo el firmamento,
y aún a veces represento
la fábula de Acteón!...

Que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

¡Bailes! ¡Vaya noramala!
¿Qué es el ver en una hora
al son de dulzaina mora
juntarse tanta zagala,
y tornar un barrio sala
y danzar en procesión?

Que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Espectáculo gentil
vuestro circo representa,
y es su diversión cruenta
digna de plebe servil;
aquí de plaza y toril,
hace cualquier callejón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

¿Llega el pez vivito aún
a Madrid desde Bilbao?
Denme arroz con bacalao
y ancha torta con atún,
y del aloque común
añadan medio porrón;

¡y nieguen que es Alicante
la millor terra del món!

¿No veis en el breve espacio
que el mar cierra y las montañas,
en vez de humildes cabañas
tanto soberbio palacio?
¿Y de perlas y topacio
las uvas de promisión?

Pues negad que es Alicante
la millor terra del món.

Junto al nopal de Occidente
se alza la palma lozana,
y en la estación más temprana
ni aun el almendro imprudente
de dar su flor se arrepiente
al soplo del Aquilón;

que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Nunca el mar a esta ribera
niega su plácida brisa,
ni su apacible sonrisa
esconde la primavera;
un naufragio pareciera
fabulosa tradición;

que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Mas como en fin la marea
dentro del puerto importuna,
aún recuerdo la tribuna
 la pública Asamblea;
pero disipa esta idea
un trago de fondillón;

que es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

Hoy que, mísero trofeo
de robustos aquilones,
miro tornarse en baldones
los ensueños del deseo,
hallo aquí en nuestro Liceo
fraternal consolación.

¡Salud, salud, Alicante,
mi puerto de salvación!

¡Salud! si arreciado zumba
el vendaval enemigo,
tú me darás un abrigo
junto a la paterna tumba;
y al menos cuando sucumba
en la común disensión,
reposarán mis cenizas
donde está mi corazón.

Y sabed, en fin, Bretón,
que hasta el postrimer instante
será para mí Alicante
la millor terra del món.

Han pasado 170 años, y nadie puede negar que esta letrilla no sólo conserva todavía plena vigencia, sino que la mantendrá por mucho tiempo, pues como más fácil y conocido ejemplo de ello, tenemos el famoso fragmento de «Himne d’Alacant», compuesto en 1902 por Juan Latorre Baeza, con letra de José Mariano Mileto y Francisco Martínez Yagües, que se inspiraron sin duda en esta letrilla, y que reza de este modo:

Es la millor terra del mon,
així el poeta heu va dir...

Ver más:



viernes, 29 de abril de 2011

MONOGRAFÍA ALICANTINA: LA SANTA FAZ, CEREMONIAL, PROTOCOLO Y FERVOR POPULAR.

“... cuando lo conducían, agarraron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres llorando y lamentándose por él. Jesús se volvió y les dijo: Vecinas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque llegará un día en que se diga: ¡dichosas las estériles, los vientres que no parieron, los pechos que no criaron! ...”

En el Evangelio, es la única referencia que apunta la posibilidad de que alguna de aquellas mujeres, compadeciéndose de Jesús, enjugara su rostro para librarle del sudor y la sangre. A esta desconocida mujer se le dio el nombre de Berenice (Verónica), que significa portadora de la verdadera imagen.

Sin embargo, la historia ha sido confirmada documentalmente por diversas autoridades eclesiásticas a lo largo de estos dos mil años, lo que ha acabado por dar por acaecido lo que en su origen no fue más que un acto de compasión supuesto. Hay datos que parten del año 330 de nuestra era.

Digamos que el fervor popular ha conseguido superar con creces la autenticidad histórica, convirtiendo a ésta en un hecho relativo, cuestionable y dado a múltiples interpretaciones, frente a la fuerza de la creencia y religiosidad popular.

La eficacia natural de la fuerza de las creencias y la necesidad del ser humano de ser fiel a ellas, consigue una vez más crear un acto repetitivo a lo largo de siglos, como es la Romería a la Santa Faz, convirtiéndolo en una disciplina dotada de su propia identidad.
Este documento no pretende argumentar la veracidad histórica de este hecho ni de los que le sucedieron a lo largo de siglos, ni mucho menos especular con la autenticidad de la Reliquia de la Santa Faz.

La Santa Faz es una prueba de cómo, partiendo de un hecho dudoso, el ser humano construye todo un protocolo de actuación capaz de influir incluso en el comportamiento social, político y económico de toda una ciudad, adaptando un ceremonial a las necesidades concretas de aquel hecho. Es necesario hacer una breve síntesis de la relación entre Huerta y Santa Faz, puesto que su historia no se habría producido sin ella.



jueves, 17 de marzo de 2011

¡POR TUTATIS! ESTOS ROMANOS ESTÁN LOCOS...

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No hagan ustedes planes para esta noche. Deseo invitarles a cenar y sería para mí todo un honor que quisieran acompañarme. Estoy convencido de que no se arrepentirán ya que, gracias a Júpiter y a la diosa Fortuna, disfruto de una economía holgada, una situación de privilegio dentro de la nobleza romana y puedo asegurarles que el banquete estará a la altura de mi elevado estatus.


Mi esclavo invitator les hará llegar la invitación y si acaso ésta no les llegara considérense invitados por medio del siguiente texto.

Domus romano
La cena tendrá lugar en mi domus de la Colina Palatino y como es costumbre, comenzará después de que ustedes se hayan dado sus baños, es decir, a la hora novena (las 17 horas aproximadamente).

Les recuerdo que deben de traer cada uno de ustedes su servilleta con la que luego, si lo desean, podrán llevarse restos del banquete o quizás algún regalo. También les recuerdo que pueden venir acompañados por su propio esclavo, aunque si no lo hicieran no deben preocuparse pues todos los esclavos de mi domus estarán a su entera disposición.

martes, 15 de marzo de 2011

HE ESTADO EN MÁS REGAZOS DE HOMBRES QUE UNA SERVILLETA.

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"I've been on more men's laps than a napkin."  Una mítica frase más de Mae West. Ella no tenía ninguna duda sobre dónde hay que ponérsela, aunque tal vez no conocía su procedencia, que os ofrezco en esta entrada.



La palabra servilleta procede del siglo XIV, de la voz francesa serviette, que viene del verbo servir (paño pequeño que sirve).




Lo de especificar pequeño paño, es porque en sus inicios, cuando la costumbre de los grandes banquetes sin fin, exigían grandes telas, toallas, que pudieran durar las largas horas de degustación con las que solían agasajarse sin pudor.

Los egipcios, los griegos y los romanos fueron los primeros en darse cuenta de que tanta comida, tantos platos distintos y tantas horas en la mesa, requerían telas de gran tamaño que les permitieran limpiarse, teniendo en cuenta que los cubiertos aún no habían sido descubiertos en su plenitud y las manos eran las grandes protagonistas en la mesa. Como mucho, se ayudaban de cuencos con agua aromatizada con flores y hierbas, en los que sí eran grandes expertos.

A los nobles romanos, gran ejemplo para muchas cosas, durante el reinado de Tarquinio el Soberbio, en el siglo VI a.C., se les ocurrió un nuevo uso para esos grandes trozos de tela. Finalizada la comida, la servilleta se transformaba en una práctica bolsa donde se depositaban los manjares que no se habían consumido durante el banquete (ya se sabe el derroche del que hacían gala), haciendo así un gran favor a los anfitriones (palabra que por cierto también procede de la cultura romana). Irse sin llevarse nada se interpretaba como un desaire, algo así como que no te gustaba lo que te habían servido.


domingo, 6 de marzo de 2011

CÓMO SENTAR AL ASESINO EN LA MESA. NORMAS DE PROTOCOLO DE LEONARDO DI SER PIERO DA VINCI.


El Codex Romanoff es propiedad de una reservada familia italiana. Se trata de un libro, escrito a máquina tras la segunda guerra mundial, que comienza diciendo: "Ésta es la obra que yo, Pasquale Pisapia, he copiado a mano del manuscrito de Leonardo da Vinci que se conserva en el Hermitage de San Petersburgo".

Sin embargo no se conoce al tal Pasquale y los responsables del Hermitage niegan poseer tal manuscrito. Verdad o leyenda, el tema del libro está de acuerdo con hechos de la vida de Leonardo que se conocen por otras fuentes y lo divertido de su lectura hace que hoy lo traigamos aquí.

El arte de Leonardo da Vinci nunca dejará de sorprendernos. Empiezas a conocer a este magnífico personaje primero por sus cuadros, que te dejan con la boca abierta y se te cae la baba antes esas pinturas, que por muy artista del pincel que seas a su lado no eres más que un niño haciendo garabatos con un plastidecor.

jueves, 21 de octubre de 2010

EL SUJETADOR TAMBIÉN TIENE HISTORIA.



Las primeras en utilizarlo fueron las mujeres cretenses unos 1.700 años a. de C. El sostén, o sujetador, existía ya en la Roma clásica, donde las gimnastas utilizaban el strophium, una especie de faja enrollada que oprimía los senos. 

El primer sujetador moderno lo diseñó la casa Cadolle en 1889, y el primer brassiere moderno fue patentado en 1913, por la neoyorkina de la alta sociedad Mary Phelps Jacob. Entonces, la única prenda interior aceptada era el horroroso corset. 

Mary acababa de comprar un vestido de noche escarpado para uno de sus eventos sociales. En aquella época, la única ropa interior aceptable era el corsé con alma de varillas. María encontró que las varillas se veían de manera ridícula. Entonces, el acto creativo: dos pañuelos de seda y una cinta rosada, y Mary había diseñado un alternativa al corsé. La nueva ropa interior de Mary se llevaba de maravilla con las nuevas modas y las demandas de amigos y de la familia fueron altas para el sujetador nuevo. 

Backless
El 3 de noviembre de 1914, la inventora patentó el sujetador de Backless:

Caresse Crosby era el nombre del negocio Jacob. Sin embargo, la vida de empresaria no era agradable para la señora Jacob, y pronto optó por vender la patente del sujetador al Warner Brothers Corset Company de Bridgeport, Connecticut, por la miseria de $1.500. Durante los siguientes 30 años, los Warner (los fabricantes de ropa interior, no los de films) generaron ganancias por 15 millones de dólares con la patente del sujetador.
Evolución entre los años 30-60
Si bien el sujetador comenzó a ganar el mercado rápidamente, fue la I Guerra Mundial la que vino a darle el golpe mortal al corsé, cuando en 1917 las industrias de guerra de los E.E.U.U. piden a las mujeres que dejen de comprar corsés, medida que permitió utilizar unas 28 mil toneladas de metal, ya no en prendas íntimas sino en balas. 

Mae West
El sujetador afirmó su presencia en los años veinte, cuando la actriz estadounidense Mae West, sex-simbol de la época, lo promocionó generosamente.. 

En 1928, el inmigrante ruso Ida Rosenthal fundó Maidenform. Ida era responsable de agrupar a mujeres en las categorías de busto-talla: las copas, cuyo uso se generalizó desde mediados de los años 30.

En los años 40 aparecen los primeros sujetadores con copas de naylon y los primeros modelos hechos totalmente con algodón. 

Su uso se generalizó en los años 50. A partir de los años 60 se realizaron en tonos más vistosos y con las nuevas fibras de nailon, que facilitaban sus cuidados.

La ropa interior nació para moldear el cuerpo femenino sin ser vistos y ahora se diseñan para lucirla en público. Sujetadores, bragas, tangas y corsés son los “top secret” de la seducción femenina y han sufrido muchos cambios hasta convertirse en fetiches. 

El sujetador, cuyo objetivo es sujetar y corregir, es hoy una pieza insustituible. Sus nuevos materiales han hecho de él una pieza ligera, suave y adaptable que además puede servir como instrumento de seducción: bello al tacto y bello a la vista. Los hay para todos los gustos y actividades, desde el sencillo y cómodo para el deporte, hasta los más coquetos y sexys para seducir.

En 1948, Christian Dior diseñó ropa interior que estilizaba la figura femenina, y la revolución definitiva llegó con los grandes escotes de Marilyn Monroe.

Sujetador de los años 70
En los 70, las mujeres despreciaron el sujetador, se lo quitaron para sentirse libres. En los ochenta, se lo pusieron llenos de encajes, blondas y puntillas, resultaba imperdonable no preocuparse por el aspecto interior, se debían cuidar los valores internos. Más tarde, se manifestó el culto al cuerpo y llega la moda de la ropa oculta y del lujo que se siente, pero que no se ve. Hoy, en el siglo XXI, los diseños de la ropa interior permiten lucirla públicamente sin ningún pudor, y en muchos caso, se confecciona para que se vea.
Sujetador de Madonna

El sujetador, que había viajado por la historia de la moda siempre debajo de otras prendas, se hizo definitivamente visible cuando Madonna la impuso por encima y en solitario. 

El Museo de Moda y Textiles de Santiago de Chile pagó 19.740 dólares (unos 3´5 millones de pesetas) en una subasta por el sujetador que llevaba Madonna en su gira "Blonde Ambition". Una extravagante e impresionante prenda que fue diseñada por su amigo el modisto francés Jean Paul Gaultier.

Sujetador Bra
Hoy el sujetador es objeto de utilizaciones diversas, dentro de su función original: El nombre escogido por la popular marca Victoria's Secrets para designar a esta sofisticada creación, la sexta de su línea Fantasy Bra, es Heavenly Star Bra (sujetador estrella celestial). Y lo cierto es que la modelo encargada de mostrarlo en el catálogo, la sensual Heidi Klum, parece más una representante del Olimpo de las diosas de la belleza que una simple mortal. La prenda, por desgracia, no se halla al alcance de cualquier bolsillo, pues ha salido al mercado, de cara a la campaña de Navidad, al módico precio de 12,5 millones de dólares (unos 2.375 millones de pesetas).

Victoria’s Secrets ha encargado la creación de la pieza al joyero Mouawad, que se ha empleado a fondo para dotar a la prenda de todo el glamour y lujo posibles. Así, el sujetador lleva entre las copas un impactante diamante de 90 quilates, además de estar completamente cubierto con 1.200 zafiros rosas y más de 2.300 millones de diamantes marquesa.
Sujetador para mastectomizadas

La lencería inteligente, que empezó a finales de la década de los noventa, sigue hoy día investigando tejidos milagrosos y revolucionando la manera de vestir: 
  • Un sostén equipado con un circuito electrónico que si detecta alguna alteración en el ritmo cardíaco y respiratorio avisa a una central de alarma. El artilugio, diseñado por una británica, está proyectado para proteger a las mujeres en situaciones de peligro.
  •  En el Instituto Textil de Lyon (Francia), los químicos desarrollan una gama de materiales que poseen propiedades futuristas, por ejemplo tejidos que absorben energía solar para ayudar a retener el calor corporal.
  • “Airotic” es el primer sujetador hinchable que incrementa el tamaño del pecho sin que sea necesario someterse a una cirugía estética ni a implantes de silicona. Sus copas están dotadas con un dispositivo hinchable –muy similar a los airbags de los automóviles- con los que se puede conseguir dos tallas más de pecho.
  • La casa Triumph ha ido más allá y ha presentado el primer sujetador pulsímetro, que va conectado a la muñeca con el fin de medir el ritmo cardíaco mientras se haga deporte.
  • Triumph ha lanzado un chaleco antibalas, específico para las mujeres que trabajan en las Fuerzas de Seguridad del Estado, que permite ir protegido sin necesidad de sufrir. Su precio ronda las 50.000 pesetas. 
  • Sujetador anti-balas de Triumph
  •  Una de las grandes atracciones del mundial de Corea fue el conjunto de braguita y sujetador que, bajo licencia de la FIFA, ha creado la firma Triumph. ‘Hat Trick Bra’ es el nombre que le han puesto a este sujetador; una típica frase inglesa que da nombre a una jugada en la que un mismo jugador mete tres goles en un sólo partido. Y para representarlo, aparecen tres balones en el conjunto, dos en las copas del sostén y uno en la braguita. Pero este recuerdo femenino es pura simbología: para representar las porterías, las copas van cubiertas por una red; el color de fondo es verde, como el del campo; los motivos del balón de reglamento han sido incluidos en los tirantes (que pueden quitarse), y el emblema oficial del Mundial puede verse en un lado del sujetador. Cuesta 150 € y sólo se han fabricado 100.
En definitiva, hay sujetadores para el día y para la noche, para escotes pronunciados y de espalda al aire, sin tirantes o cruzados, atados al cuello o por el estómago, que agrandan o disminuyen el volumen, con rellenos de silicona e incluso de agua. Sujetadores que masajean, que equilibran la temperatura del cuerpo, y sujetadores antiestrés. 

Hat Trick Bra
En mi opinión, el uso que hoy se da al sujetador es excesivamente visible. Las adolescentes lo exhiben sin ningún pudor, no sólo esta prenda sino la ropa interior en general. Existen multitud de modelos de tirantes para hacer juego con las camisetas; determinados modelos de sujetador se piensan para enseñarlos, bien a través de escotes o con transparencias. 

Creo que esto responde a una desinhibición mal entendida, y desde luego a partir de una determinada edad es de muy mal gusto en la ropa de día, con determinadas concesiones más o menos elegantes a la ropa de noche, teniendo en cuenta siempre la oportunidad, el momento y el entorno.

"RESERVADO CABALLEROS MUTILADOS".

Yo tenía unos 7 años cuando tuve contacto consciente por primera vez del concepto “urbanidad”, aunque entonces no lo supe. Fue en el autobús. Por aquel entonces al final de los autobuses urbanos habían dos asientos con un letrero atornillado al respaldo: “Reservado caballeros mutilados”.  Mi madre (seguramente por no tener otra opción) me había llevado con ella para hacer papeles por varios sitios en los que tuve que soportar casi dos horas de esperas, colas y la escucha de conversaciones que eran ininteligibles para mí, y por lo tanto aburridas y exasperantes. Esto, unido al estate quieta, no molestes, no corretees, no toques eso, no te tires al suelo, etc., me había llevado al límite de mi resistencia física y psíquica.

Cuando subimos al autobús, mis ojos recorrieron ávidamente el interior buscando un asiento libre para poder sentarme, sola o encima de mi madre.

Y lo había. En realidad, habían dos. Por supuesto no me cuestioné en absoluto la razón de cómo era posible que con tanta gente adulta de pie, esos asientos estuvieran libres. ¡Qué buena suerte! Así que mientras mi madre pagaba los billetes corrí hacía ellos como si hubiera hecho un descubrimiento importantísimo sólo para mis ojos, exclamando “¡aquí, mamá, aquí!”, y me senté en el primero poniendo mi pequeña mano en el asiento contiguo, con el afán de proteger el espacio para ella.

Mi madre sencillamente no se sentó. Su explicación fue una escueta pero tan firme frase que supe que no tenía que insistir: “¿Es que no has visto el letrero? cuando yo te lo diga te levantas”. Yo me volví y lo leí. Anticipándose a mis pensamientos (las madres casi siempre lo hacen, es otro misterio para los niños) me dijo “en casa te lo explico”.

Permaneció a mi lado, con actitud vigilante durante todo el trayecto, hasta que llegamos a casa. Afortunadamente para mí no tuve que levantarme. No volví a preguntar las razones de aquello, guiada quizá por ese instinto infantil que a los niños nos hace saber cuándo no merece la pena ahondar en cosas de adultos que no vamos a entender, y que además, en realidad nos importan poco.

A ella se le olvidó explicármelo en casa, y para mí aquél episodio dejó de tener interés casi inmediatamente. Poco tiempo después (o quizá mucho, los niños no tenemos conciencia del tiempo real), las monjas me revelaron el misterio.

LOS NIÑOS NO SON PERSONAS.

Para la mayoría de los padres y madres, los niños no son personas. Pasada la época de bebés (en que son irresistibles y se les consiente todo), parece que pasan a convertirse en trozos de mármol que hay esculpir. A nuestro gusto, claro está, y sin miramientos especiales. Muchos padres creen que su amor está por encima de todo, por supuesto, y no tienen en cuenta la condición del niño como sujeto individual, como prójimo. Y no se trata a los niños con la misma cortesía con que lo haríamos con otro adulto.

La coherencia entre lo que se piensa, se hace, y se dice, sin duda proporciona elegancia al individuo y genera respeto por parte de los demás.

Hoy día, en que yo misma soy madre, muchas veces me he encontrado en esa disyuntiva. Le gritas tú pero no quieres que el niño lo haga. Le previenes sobre el peligro de hablar con desconocidos, pero le pides que salude a extraños. Le alertas sobre los abusos sexuales, pero le obligas a besar a todo el mundo. Le exiges amabilidad y les das órdenes ... El equilibrio entre la realidad y lo deseable, la oportunidad de los comportamientos y su conformidad con el entorno, forman parte indiscutible del saber estar. La tolerancia con los errores y/o dificultades del otro es el mejor ejemplo de lo que es generosidad.

Si pretendes enseñar cortesía, hay que ser cortés. No se puede ordenar recoger los juguetes. No se puede abanderar generosidad y no ofrecer nuestra ayuda. No se pueden atropellar los tiempos que los niños miden de otra forma. Decir “recoge tus juguetes, por favor. ¿Quieres que te ayude?” es sin duda la mejor forma de instruir en la cortesía. Y si queremos que lo tenga hecho a las ocho, tendremos que empezar a pedírselo a las siete y media y recordárselo alguna vez más. Con el tiempo, esa media hora se irá reduciendo poco a poco.

Si quieres aleccionar sobre algo, debes ser humilde. Reconocer que no se sabe todo, y que nos equivocamos, es el primer antídoto para que no se nos reproche una ignorancia o una contradicción. Pedir perdón a nuestros hijos reconociendo que hemos hecho algo incorrecto, nos reviste de humanidad y proximidad, es decir, de sensibilidad.

La autenticidad es un complemento imprescindible. Una persona que pretende hacer gala de una urbanidad y cortesía artificiales y aprendidas, como quien monta a caballo sin saber hacerlo, no conseguirá más que aparecer como una patética imagen falsificada.

Coherencia, cortesía, amabilidad, delicadeza, respeto, corrección, autenticidad y tolerancia conforman, en definitiva, el saber estar, la urbanidad, que debe ser igual a persona. Y no se puede adquirir como conocimiento intelectual. Es un conjunto de objetivos y conceptos que se van difuminando convirtiéndose en parte de nuestra forma de ser, interiorizándolas de tal modo que dejamos de tener conciencia de ellas, haciéndonos imposible el actuar de otra manera.

Construir una sociedad en la que se conviva en armonía y confiadamente es una experiencia individual, un aprendizaje continuo, una concesión a las necesidades del otro y un control de las propias. Diría que es una buena excusa para usar a nuestros hijos como conejillos de indias, aunque sea por propia vanidad. Nada nos complace más que oír decir a los demás “que bien le han educado sus padres”. Esta es la recompensa que nunca mencionó la madre Joaquina María, a quien, a pesar de todo, recuerdo con gran cariño.

MONJAS, MODALES, ADULTOS E INCOHERENCIA.

Claudina Thevenet, fundadora de la
Congregación Jesús-María
En mis primeros años de colegio, con mis queridas "madres" de Jesús María, una vez a la semana teníamos clase de “buenos modales”. Nos la daba una monja uraña y tosca, nada cariñosa, que sentenciaba más que enseñaba. Las monjas eran lo más cercano a Dios, junto con el cura y el médico. Nunca había que cuestionarles nada, porque según ella misma decía, era de mala educación que los niños preguntaran.

Pero en aquella clase se aclararon los motivos y significado de aquel letrero. Me sentí extremadamente culpable por mi falta de urbanidad, y experimenté un sentimiento nuevo, que hoy sé que era el del ridículo. Lo había hecho por primera vez, delante de todo un autobús lleno de gente, que debió haber pensado de mí lo peor.

En aquellas clases la madre Joaquina María nos aleccionaba sobre lo que eran los buenos modales y la urbanidad. Ella decía que para ser una niña educada, había que ir siempre limpia y aseada de cuerpo y vestido, ser ordenadas en nuestras cosas, sonreír a los adultos, besarlos al saludar, dejarles pasar primero, quedarnos los últimos para todo. No teníamos que correr, gritar ni decir palabrotas. Debíamos pedir las cosas por favor y dar las gracias. Debíamos saber esperar, ser pacientes y no molestar a los adultos en sus quehaceres ni conversaciones. Teníamos que ayudar a nuestras madres en la casa, ofrecernos a ayudar a los ancianos, no pelearnos con los otros niños. Y sobre todo, ser solícitas, obedientes, y tener espíritu de sacrificio, ya que según ella, cuanto más nos costara hacer todo eso, mejores niñas seríamos y más mérito tendríamos. Y si no lo hacíamos, nadie querría nuestra compañía y no seríamos queridas. Nunca nos habló de recompensa alguna.

En fin, que cuando acababa la clase todas sentíamos unos deseos casi convulsos de que la vida nos proporcionara esas oportunidades que hicieran posible que forjáramos nuestro espíritu y consiguiéramos adornarnos con unas virtudes que a lo que se veía, eran la propia recompensa a nuestro esfuerzo.

No pretendo hacer una crítica sobre cuestiones propias de una época en que sencillamente las cosas eran así, pero sí me quedaron ideas que al pasar del tiempo, con la madurez y la experiencia, al cultivar el criterio personal y las repetidas ocasiones de practicar las enseñanzas de la madre Joaquina María, -no siempre de forma afortunada-, he podido ir identificando.

La primera es la coherencia. Los adultos somos estandarte de la incoherencia. No pueden enseñarse ese tipo de cosas como lo hacía la madre. No puedes decir que hay que saber escuchar, cuando no dejas preguntar. No puedes exigir sobreesfuerzos impropios al otro. No correr y no gritar es imposible para los niños porque es “inherente al cargo”. No debes impedirlo; pero sí puedes enseñarles cuándo sí y cuándo no. Es el respeto esencial a la condición de la otra persona.

martes, 19 de octubre de 2010

HISTORIA DEL HIMNO DE ESPAÑA Y SU "NO LETRA".


¿Cual es la historia y por qué el Himno de España no tiene letra? Mª José de Orihuela.

Los estudios realizados por el eminente y prolífico investigador de estos temas, Ricardo Fernández de Latorre, permiten afirmar que la Marcha de Granaderos (Carlos III) como originariamente se llamó al Himno de España,  fue escrita en 1761 por Manuel de Espinosa, inspirado en antiguos toques militares de la Ordenanza del Ejército español existentes durante el reinado de Carlos III.

Los granaderos eran por lo general soldados escogidos, de elevada estatura y gran fortaleza física, y tenían una misión de choque o asalto; disponían de granadas para arrojarlas sobre las defensas enemigas, abriendo paso a las cargas a la bayoneta de los fusileros.Dentro de las Reales Ordenanzas de este Rey, que se usaron durante más de dos siglos, hasta la que Juan Carlos I dictó sus propias Reales Ordenanzas, los toques militares también estaban reglamentados. En la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva el manuscrito que llevaba el título de “Libro de Ordenanza de los toques de pífanos y tambores que se tocan nuevamente en la Infantería Española compuestos por D. Manuel de Espinosa de los Monteros”.

Por Decreto núm. 226, de 27 de febrero de 1937, de la Jefatura del Estado, se declara la Marcha Real o Granadera como Himno Nacional. Posteriormente, y por Decreto de 17 de julio de 1942 (BOE nº 202), la Marcha Granadera es confirmada en su elección como Himno Nacional de España, denominación que llega vigente hasta nuestros días.

Desde entonces sólo pueden señalarse dos disposiciones que lo reafirman en su uso e, incluso, delimitan su ámbito y extensión de interpretación. En primer lugar, a una modificación del Reglamento de Honores Militares publicada por Decreto en el Diario Oficial núm. 269, de 17 de noviembre de 1966, que establece una nueva redacción del Artículo 12 de la misma disposición oficial aprobada en 1963. En ella se fija la duración de la interpretación del Himno Nacional en un minuto y cuarenta y cinco segundos, o en treinta y cinco segundos -si se trata de su primera parte-, según sea la categoría de los respectivos honores. La segunda es el Real Decreto 834/1984, de 11 de abril (BOE nº 107, de 4 de mayo) por el que se aprueba el Reglamento de Honores Militares, vigente hasta el día de hoy, y que deroga el anterior, de 1963, y sus modificaciones posteriores.

El uso del Himno Nacional se generalizó entre el público porque acompañaba los actos que contaban con la presencia de los Reyes, sobre todo durante el reinado de Isabel II.

El primer documento oficial donde se cita expresamente la pieza de Espinosa está fechado en 1853, y dice: “S.M. la Reina ha tenido a bien disponer que, en lugar de la marcha prescrita por el Reglamento Táctico de Infantería, aprobado por Real Orden de 18 de octubre de 1850, se toque en lo sucesivo la antigua española vulgarmente conocida con el nombre de Granadera...”. Desde este momento las referencias a la Marcha Real son innumerables.

El 18 de septiembre de 1868, en Cádiz, el almirante Topete se pronuncia contra al gobierno de Isabel II. El día 28 las fuerzas rebeldes derrotan, en Alcolea, al escaso ejército leal a la Reina, e inmediatamente las nuevas autoridades dan paso a las Juntas Revolucionarias. El día 30, Isabel II abandona España. La revolución ha triunfado y con ella la Marcha Real es desterrada de todas las partituras de las agrupaciones musicales. Se reimpone en su lugar el Himno de Riego, como signo del sentimiento antimonárquico del momento. Durante la Regencia del general Serrano se escuchó, efímeramente, una composición de 1869 titulada Nueva Marcha Nacional, de J. Squadrini.

Reinstaurada la Monarquía por las Cortes Constituyentes -el 13 de octubre de 1870- en la persona de don Amadeo I, a instancias del general Prim, convoca un concurso nacional para elegir un Himno Oficial del Estado. A pesar de las 447 composiciones presentadas, el jurado declara desierto el certamen, lo que lleva a Prim a adoptar nuevamente la Marcha de Granaderos como Himno Nacional, aunque siga careciendo de letra para ser cantado.

De este primer concurso que no llegó a fructificar, llegamos hasta la Guerra Civil. Durante la confrontación bélica -y una vez reinstaurada la Marcha Real como Himno Nacional (1937)- varios poetas españoles de renombre hicieron intentos de adaptar una letra a nuestro Himno, pero ninguna prosperó por uno u otro motivo.

No obstante, existen cuatro composiciones escritas de las cuales, dos son más bien cantos a la bandera española -las del H. Miguel Antonio (I) y Eduardo Marquina (II)- y otra de José Mª Pemán (III) que puede aproximarse, dentro de su brevedad, a un himno con calcos falangistas evidentes. Esta última versificación es la que recogió Giménez Caballero en su libro La Infantería Española, como testimonio de la resurrección del himno, que se escuchó durante varios años -finalizada ya la guerra- a la vista del retrato de Franco en las pantallas de los cines, en los desfiles y en las concentraciones de la época.

La letra original del H. Miguel Antonio y versión musical del P. Narciso Otaño (IV), es un canto a la bandera, con la pretensión de que fuese la “letra para ser interpretada al izar y arriar banderas en las grandes solemnidades”. La sugerencia no prosperó a pesar de las alusiones al Caudillo y a tener un final extraído del Cara al Sol, aunque sí se cantó, en contados casos, en algunas escuelas primarias, existiendo ya el Frente de Juventudes.

Esta dificultad de adaptar al Himno Nacional una letra quizá resida en su breve partitura -no olvidemos que en su origen era un Toque- e incluso por el ritmo de entonación. Que haya de escucharse, o cantarse, en posición de pie casi es secundario; más bien se puede deber a que falta a la música la amplitud estrófica y el arranque armónico para adaptarlo a un poema hímnico.
Basta con comprobar que en casi toda Europa los himnos pueden ser entonados a coro, ensalzando a su rey -el God save the Kind, inglés, y su versión alemana en tiempos del Kaiser, Heil dir im siegerkranz, el ruso de los Zares, el rumano de antaño, el austríaco, etc.- y otros de signo más revolucionario y original -La Marsellesa francesa, o La Brabançonne belga-, o el portugués, también escueto, meridional y abundante en gritos de ánimo que dice: “¡Héroes del mar! ¡Noble pueblo, nación valiente, inmortal, levantada hoy de nuevo! ¡El esplendor de Portugal!”. Y después reitera: “¡A las armas! ¡Por la Patria luchar! ¡Contra los cañones marchar! ¡Marchar!”.

1. Himno Nacional.
¡Salve! ¡Salve!
Bandera de la Patria,
vida, amor y fe
del español hogar.

Nueva aurora en tus colores brilla
anunciando el sol de la España imperial.
Vuelven los siglos de gloria y honor
por el solar hispano con paso triunfal.

Luz, esperanza,
amor, juventud.
España entera
vuelve fuerte a resurgir

Son tus pliegues recuerdo de los bravos,
que en la lid lograron sucumbir.
¡Santa bandera, que mi alma venera,
a tu sombra quiero yo morir!

Letra: H. Miguel Antonio, H.M. (1947)

2. Himno Nacional.

¡Gloria! ¡Gloria!
Corona de la Patria,
soberana luz,
que es oro en tu pendón.
Púrpura y oro, bandera inmortal,
en tus colores juntas carne y alma están.

Vida, vida,
futuro de la Patria,
que en tus ojos es
abierto el corazón.
Púrpura y oro, querer y lograr;
tú eres, bandera, el signo del humano afán.

Letra: Eduardo Marquina (1942)

3. Himno Nacional

¡Viva España!
Alzad los brazos, hijos
del pueblo español,
que vuelve a resurgir.
Gloria a la Patria que supo seguir,
sobre el azul del mar, el camino del sol.

¡Triunfa, España!
Los yunques y las ruedas
cantan al compás
del himno de la fe.
Juntos con ellos cantemos de pie
la vida nueva y fuerte de trabajo y paz.

Letra: José María Pemán (1942)

4. Himno Nacional

Cielo y tierras
y mares se juntaron
por besarte ¡al fin!,
con beso triunfador.

Ya eres Reina y Señora, como en tiempos
que, ondeante al sol, hurtabas su esplendor.
Y es tu consigna de amor y de luz
que tus colores cubran la fecunda paz.

Bajo un Caudillo, un Imperio, una Cruz,
nuestra bandera triunfe en cielo, tierra y mar.

Letra: H. Miguel Antonio, Versión musical: P. Narciso Otaño, S.I.J. (1942)

Por Decreto núm. 226, de 27 de febrero de 1937, de la Jefatura del Estado, se declara la Marcha Real o Granadera como Himno Nacional. Este Decreto restablece el himno vigente hasta 1931, y crea, además, los Cantos Nacionales Cara al Sol y Oriamendi.

La Marcha Real reaparece, de este modo y con su nueva denominación en plena Guerra Civil y en las mismas condiciones, es decir, sin letra para ser cantada. Posteriormente, en 1942 (BOE nº 202), la Marcha Granadera es confirmada en su elección como Himno Nacional de España.

El Estado tiene los derechos de explotación mediante RD1543/1997, de 3 de octubre, que sirve para confirmar que la autoría de la nueva revisión e instrumentación del Himno corresponde, a partir del momento presente, al mencionado Grau Vergara, y el hecho de la compra de los derechos de explotación se ha realizado a los hasta ahora propietarios (derechohabientes) de la versión que de la Marcha Granadera instrumentó en 1908 el maestro Bartolomé Pérez Casas, siendo director de la Real Banda de Guardia de Alabarderos durante la Regencia de la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena.

En segundo lugar, por RD1560/1997, de 10 de octubre (BOE nº 244), de la Presidencia del Gobierno, se regula la utilización como Himno Nacional de España de la composición citada y se establecen, formalmente, la partitura oficial, sus diferentes versiones y las distintas modalidades de interpretación.