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viernes, 7 de marzo de 2014

ACOMPAÑAR UN PASO DE SEMANA SANTA. LAS "MANOLAS".

Hola, soy de un pueblo de Albacete, y quería saber cómo es realmente un traje de manola, porque en la cofradía donde está mi madre las señoras tienen opiniones diferentes y no están de acuerdo con lo que el párroco les dice sobre la ropa que tienen que ponerse. Gracias.

Hola. La etiqueta que han de guardar las mujeres que acompañen a los pasos de Semana Santa, es diferente según el día en el que procesionen.

El Jueves y Viernes Santo, han de llevar un vestido entero (no traje de dos piezas) de color negro liso, de manga larga o semi larga (francesa, por debajo del codo), con un largo por debajo de la rodilla. Los zapatos deben ser también negros, de medio tacón no muy fino. Las medias, también negras no excesivamente tupidas, unos 20dns está bien. Los guantes, de encaje o terciopelo negro, cortos a la muñeca. La peineta debe ser de carey a ser posible si la economía lo permite. Por su parte, la mantilla (o manola) debe ser negra, de tul, blonda, chantilly o encaje de Bruselas, y por delante debe llegar a la altura de las manos (más o menos las caderas) y por detrás llegará bajo las nalgas.

En la procesión del Domingo de Resurrección, por su carácter alegre y de regocijo, la mantilla será blanca, conservando el resto de atuendo en negro. 

A modo de observación le hago notar varias cosas:

El vestido, preferentemente llevará cuello a caja o con un ligero escote en pico o redondo, que no llegará al canalillo. Nunca se descubrirán los hombros ni se usarán tirantes y mucho menos el escote palabra de honor. Será de corte ajustado (nada de vuelos, tablas o similar), sin ser excesivamente ceñido. Puede llevar un pequeño corte trasero en la falda para facilitar los movimientos. Puede ser del mismo tejido que la mantilla y convenientemente forrado de forma muy tupida. En caso de frío extremo, se acompañará de un abrigo de paño negro (nada de pieles de ningún tipo).

En ocasiones, en función de la costumbre de la Cofradía, pueden llevar un rosario entrelazado en las manos durante la procesión. Si no, lo común es portar una vela encendida.

Los zapatos serán cerrados, nada de sandalias o plataformas. De tipo salón, sin hebillas ni adornos. El tacón, como le he dicho, de media altura (5-6 cms.) y ancho de apoyo. Esto, por dos razones. Una, porque el tacón de aguja o fino se asocia a otros acontecimientos de carácter social y mucho más lúdicos; y otra porque una base ancha ayuda a soportar la caminata y en caso de vías empedradas o soladas impedirá accidentes.

La mantilla conviene sujetarla discretamente a los hombros para mantener su efecto de encuadre al cuerpo, y evitar que ondee en días de viento o simplemente por el movimiento de la persona. Su sujeción a la peineta será discreto.

El peinado de las señoras debe ser un recogido en moño, nunca el pelo suelto. Si por el largo del cabello no fuera posible recogerlo, se hará uso de un postizo.

El maquillaje será muy discreto, evitando las sombras y lápiz de labios llamativos.

Las joyas, igualmente muy discretas y sencillas, preferentemente con perlas blancas. Puede llevarse un prendedor sujetando la mantilla a la altura del moño.

Nada de mangas cortas, escotes, trasparencias ni minifaldas.

Si se desea llevar un bolso, habrá de ser de mano, y de color negro sin adornos.

Y por último, al procesionar debe tenerse en cuenta que es un acto de extrema devoción, en una situación de gran recogimiento, por lo que el porte ha de ser sobrio, serio, y siempre en silencio.

Estoy segura de que en lo que le expongo, su párroco no encontrará ningún inconveniente, sino todo lo contrario.



sábado, 6 de agosto de 2011

EL ABANICO MASCULINO.

El Príncipe Felipe, en los toros.
En estos días de calor, suelo robarle algún abanico a mi mujer y utilizarlo allá donde estoy. La gente me mira como a un bicho raro, y luego sonríen. Yo creo que piensan que soy gay, aunque no me parece a mí que sea amanerado o al menos a mi mujer tampoco se lo parece. ¿Tan extraño es que un hombre use un abanico? ¿Está mal? Ernesto, Ciudad Real.

Hola Ernesto. En absoluto está mal, aunque es poco habitual. Y para que nos demos cuenta de cómo las modas influyen en las costumbres (o viceversa), fíjese que el abanico en la antigüedad se usaba entre los nobles e importantes, y en China por ejemplo, los mandarines mandaban hacer una funda de marfil para guardar dentro el abanico y llevarlo colgado de su cinturón.

Parece que la primera representación visual del abanico está en el Asmolean Museum de Oxford, y se trata de dos esclavos que portan sendos flabelos, que agitan suavemente sobre la cabeza del Faraón Narmer (3000 ac), no sólo para refrescarlo sino también, y seguramente como primer uso, espantarle los insectos que  en aquella época debían ser abundantes y muy cansinos.

Y como no podía ser de otra manera, los griegos y los romanos lo tenían como complemento imprescindible.

En sus orígenes, los abanicos no se plegaban como los conocemos ahora, sino que eran rígidos y en su elaboración priorizaba la seda, la palma, y las plumas.

Aquí en España, abanicar al Rey era un privilegio reservado para los nobles, de tal forma que quienes lo portaban se denominaban "el que lleva el abanico". Esto se atestigua en la biografía de Pedro IV de Aragón (Siglo XIV), y por ejemplo, entre los bienes de la Reina Juana la Loca, y fue uno de los obsequios que Cristóbal Colón le trajo a Isabel la Católica en uno de sus primeros viajes de vuelta.

Isabel de Wittelsbach,  Sissi, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría
Por su parte, la Emperatriz Sissi, dentro de las excentricidades de su particular carácter, y llegando a los 40 años, no soportaba que nadie la retratase o la fotografiara, por lo que siempre llevaba consigo un velo azul,  una sombrilla y un gran abanico de cuero  para cubrir su cara si eso sucedía. 

Un poquito más tarde, los hacendados y terratenientes de Cuba, a donde llegó el abanico de mano de los nobles que llegaban allí desde España, guardaban el abanico en la caña de sus botas, y su uso era normal tanto entre hombres como en mujeres, llegándose a elaborar un sofisticado lenguaje con el que las mujeres transmitían sus intenciones y emociones.

Si se da una vueltecilla por las tertulias de la Generación del 27 (García Lorca, Vicente Aleixandre, Alberti, Cernuda...) todos usaban el abanico, por lo que se convirtió en un objeto ligado a la intelectualidad y el pijerío.

Si le apetece ahondar, en www.todoabanicos.com encontrará información sobre la historia del abanico mucho más extensa, y especialmente algo muy interesante, que es una descripción de las partes en que se compone o divide esta bonita pieza. 

Es verdad que ahora se utiliza poco por parte de los hombres e incluso por parte de las mujeres, debido seguramente a la moda más que al hecho de que sea un objeto poco práctico. Lógicamente, el abanico tiene un mayor uso en los lugares más calurosos, lo que también les otorga un mayor conocimiento de su uso, y de cómo debe ser en cuanto a materiales, tamaños...

Digamos que el abanico de un hombre debe ser lo suficientemente grande para que sea práctico pero al mismo tiempo lo suficientemente pequeño para poder guardarlo en el bolsillo interior de la chaqueta. Será de colores oscuros, y sin adornos ni dibujos. Lo moverán sin aspavientos y sujetándolo con el índice y el pulgar, cerca del cuello más que del pecho, en el que no se golpearán en ningún caso.

Karl Lagerfeld
En ciudades como Sevilla, es tradicional que el abanico lo utilicen los hombres de Feria a Feria, es decir, de la de abril a la de San Miguel en septiembre, y los más elegantes lo usan del mismo color que la chaqueta cuando van a los toros.

De modo que ha de saber, lejos de lo que les pueda parecer a los que le miran con insolencia, que está usted totalmente in y catalogado dentro del grupo de los elegantes.

miércoles, 1 de junio de 2011

¡QUE SE BESEN, QUE SE BESEN! SEXO CON PÚBLICO.

William y Kate Middlenton,
los últimos novios monárquicos
.
Buenas noches, me gustaría saber de dónde viene la tradición de pedir que los novios se besen tras la boda, muchas gracias.

Hola. El beso en público de los novios después de la celebración del matrimonio es la manera moderna de constatar que el mismo se ha consumado, es decir, que ha habido coito. Digamos que es una derivación de la antigua costumbre de verificar con testigos que la pareja formalizaba realmente su unión a través del sexo, de forma completa. 

Se elegían a personas, normalmente cortesanos o cercanos a la pareja, para que presenciaran el momento de la unión sexual entre los esposos. Incluso participaba la Iglesia, como constatación del poder de la misma a la hora de bendecir actos cristianos, en este caso el sacramento del matrimonio. Básicamente, esto de los testigos se realizaba en los matrimonios reales o muy poderosos, en los que la descendencia era un fin primordial, y en los que la pureza en la herencia monárquica pesaba tanto. 

La presencia de testigos servía para comprobar que la novia efectivamente era virgen y que no se corría el riesgo de que el primer hijo no fuese del marido... Esto tenía sus ventajas y sus inconvenientes. 

Súper César Borgia
Ventaja lo fue, y mucho, para César Borgia, por ejemplo, cuyos testigos no tuvieron reparo en pregonar que el matrimonio con Carlota d'Albert había sido sobradamente consumado, concretamente 8 veces. 

Y desventaja lo fue para el pobre Enrique IV, que a sus 15 años no le fue muy bien en su primera vez... 

Hoy día, ni es importante la virginidad y menos las relaciones anteriores, pero hemos conservado la deformación de la prueba de consumación matrimonial que es el tradicional beso ante los invitados a la boda.

Y menos mal, porque con lo otro seguramente no ganaríamos para disgustos ;-).

lunes, 2 de mayo de 2011

LAS BODAS DE RIPOLL.

Hola, el verano pasado conocí a una chica durante las vacaciones en Tarifa y hemos continuado una buena relación desde entonces. Me ha invitado a su boda, ahora en mayo, y en la invitación ha puesto "Casament a Pagès", y será en el monasterio de Santa María de Ripoll. ¿En qué consiste exactamente ese tipo de boda? Gracias, Elisa.


Hola Elisa. La Boda a Payés es una tradición del siglo XIX, que celebraban las bodas entre los herederos y las pubilles de las familias pudientes y acomodadas de la comarca de Ripoll, en Gerona. Es una auténtica boda campesina de la época.

Su protocolo consiste, para empezar, en que ha de celebrarse en el Monasterio de Santa María de Ripoll. La novia, vestida de blanco, por supuesto, pero con un destacado -y exagerado a veces- velo, y ramo de flores silvestres. El novio ha de vestir traje negro con capa y sombrero, medias blancas y calzado de época.

Los novios llegan, por separado, a caballo, y precedidos de una comitiva festiva, con gigantes y cabezudos, y una banda de música que toca piezas tradicionales de la época. La novia, lleva en su cortejo particular una mula que transporta su dote.

Mientras se celebra la boda en el interior del monasterio, fuera, los gralleros y grupos de danzas actúan para los invitados, y tras la ceremonia, y dentro del monasterio, los danzantes bailan para los recién casados el baile de l'espunyolet. Cuando la pareja sale a la plaza, los gigantes realizan el baile del Roser. Ambos, son danzas tradicionales.

Para celebrar el enlace, los novios invitan al pueblo a comer coca con longaniza y vino en porrón. 

No obstante, no tenga reparo en preguntar a su amiga si es conveniente tener en cuenta algún aspecto que se salga de  lo habitual en las bodas modernas. Y prepárese a pasárselo muy bien, pues estas bodas se celebran coincidiendo con otros acontecimientos de gran tradición, como la fiesta de la lana (con concurso de esquile incluido).

jueves, 17 de marzo de 2011

¡POR TUTATIS! ESTOS ROMANOS ESTÁN LOCOS...

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No hagan ustedes planes para esta noche. Deseo invitarles a cenar y sería para mí todo un honor que quisieran acompañarme. Estoy convencido de que no se arrepentirán ya que, gracias a Júpiter y a la diosa Fortuna, disfruto de una economía holgada, una situación de privilegio dentro de la nobleza romana y puedo asegurarles que el banquete estará a la altura de mi elevado estatus.


Mi esclavo invitator les hará llegar la invitación y si acaso ésta no les llegara considérense invitados por medio del siguiente texto.

Domus romano
La cena tendrá lugar en mi domus de la Colina Palatino y como es costumbre, comenzará después de que ustedes se hayan dado sus baños, es decir, a la hora novena (las 17 horas aproximadamente).

Les recuerdo que deben de traer cada uno de ustedes su servilleta con la que luego, si lo desean, podrán llevarse restos del banquete o quizás algún regalo. También les recuerdo que pueden venir acompañados por su propio esclavo, aunque si no lo hicieran no deben preocuparse pues todos los esclavos de mi domus estarán a su entera disposición.

martes, 15 de marzo de 2011

HE ESTADO EN MÁS REGAZOS DE HOMBRES QUE UNA SERVILLETA.

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"I've been on more men's laps than a napkin."  Una mítica frase más de Mae West. Ella no tenía ninguna duda sobre dónde hay que ponérsela, aunque tal vez no conocía su procedencia, que os ofrezco en esta entrada.



La palabra servilleta procede del siglo XIV, de la voz francesa serviette, que viene del verbo servir (paño pequeño que sirve).




Lo de especificar pequeño paño, es porque en sus inicios, cuando la costumbre de los grandes banquetes sin fin, exigían grandes telas, toallas, que pudieran durar las largas horas de degustación con las que solían agasajarse sin pudor.

Los egipcios, los griegos y los romanos fueron los primeros en darse cuenta de que tanta comida, tantos platos distintos y tantas horas en la mesa, requerían telas de gran tamaño que les permitieran limpiarse, teniendo en cuenta que los cubiertos aún no habían sido descubiertos en su plenitud y las manos eran las grandes protagonistas en la mesa. Como mucho, se ayudaban de cuencos con agua aromatizada con flores y hierbas, en los que sí eran grandes expertos.

A los nobles romanos, gran ejemplo para muchas cosas, durante el reinado de Tarquinio el Soberbio, en el siglo VI a.C., se les ocurrió un nuevo uso para esos grandes trozos de tela. Finalizada la comida, la servilleta se transformaba en una práctica bolsa donde se depositaban los manjares que no se habían consumido durante el banquete (ya se sabe el derroche del que hacían gala), haciendo así un gran favor a los anfitriones (palabra que por cierto también procede de la cultura romana). Irse sin llevarse nada se interpretaba como un desaire, algo así como que no te gustaba lo que te habían servido.


domingo, 6 de marzo de 2011

CÓMO SENTAR AL ASESINO EN LA MESA. NORMAS DE PROTOCOLO DE LEONARDO DI SER PIERO DA VINCI.


El Codex Romanoff es propiedad de una reservada familia italiana. Se trata de un libro, escrito a máquina tras la segunda guerra mundial, que comienza diciendo: "Ésta es la obra que yo, Pasquale Pisapia, he copiado a mano del manuscrito de Leonardo da Vinci que se conserva en el Hermitage de San Petersburgo".

Sin embargo no se conoce al tal Pasquale y los responsables del Hermitage niegan poseer tal manuscrito. Verdad o leyenda, el tema del libro está de acuerdo con hechos de la vida de Leonardo que se conocen por otras fuentes y lo divertido de su lectura hace que hoy lo traigamos aquí.

El arte de Leonardo da Vinci nunca dejará de sorprendernos. Empiezas a conocer a este magnífico personaje primero por sus cuadros, que te dejan con la boca abierta y se te cae la baba antes esas pinturas, que por muy artista del pincel que seas a su lado no eres más que un niño haciendo garabatos con un plastidecor.

jueves, 24 de febrero de 2011

LA PRIMERA COMUNIÓN, LA ARMADA Y LA BARCA DE PEDRO.

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Hace unos días me preguntaron sobre el traje de primera comunión de los niños y sobre cómo es más adecuado celebrar el acontecimiento. Me preguntaban si en el traje de Capitán de Fragata, los zapatos debían ser azul marino o beig, y qué había que hacer con los calcetines. En todo caso, recordemos que en cuanto al vestuario masculino y sea cual sea el “rango militar” del niño, los calcetines siempre han de ser del mismo color que los zapatos. 


Lo curioso de esta consulta, es darnos cuenta de que por inercia, tradición o costumbre vistamos a nuestros niños con determinados trajes sin saber exactamente el porqué. En este caso la mamá no sabía por qué quería vestir al niño de Capitán de Fragata, máxime cuando no existía ninguna vinculación con el ejercicio militar en su familia. Sencillamente, opinaba que “porque así se hace siempre, y me gusta más que el de marinero raso”.

Pero, aparte de preguntarnos por la divisa militar que preferimos, nos queda la incógnita del porqué de la elección de determinado ejército. ¿De dónde viene la costumbre de vestir a los niños de marinero en su primera comunión? ¿Por qué no de Capitán General del Ejército de Tierra o de Comandante del Ejército del Aire?.

Los fundamentos del protocolo deben estar siempre presentes en las decisiones que tomamos, porque son las razones y argumentos que nos ayudan a entender la mayor parte del comportamiento humano y de sus tradiciones.

Básicamente, vestir a los  niños de marinero, es una tradición española por supuesto vinculada a la religión católica. La explicación, si bien no es muy conocida, sí que es bastante lógica.

martes, 8 de febrero de 2011

SAMURAIS. EL BUSHIDO Y EL HARA-KIRI.









“Dicen que Japón fue creado por una espada… Dicen que los antiguos dioses hundieron una hoja de coral en el océano, y cuando la sacaron, cuatro gotas perfectas volvieron a caer al mar, y esas cuatro gotas se convirtieron en las islas de Japón. Yo digo que Japón lo hicieron un puñado de guerreros valientes dispuestos a dar la vida por una palabra olvidada: HONOR.”





Así comienza “El último Samurai”. Es una introducción que anuncia un país nacido y desarrollado dentro del más puro respeto a la tradición, la educación, y el protocolo más exquisito y elaborado.

El harakiri o seppuku (abrirse el vientre), es una práctica japonesa de suicidio ritual por destripamiento, en origen restringida a los nobles y adoptada más tarde por todas las clases sociales. El término también se utiliza para designar cualquier suicidio cometido en aras del honor personal. El harakiri tiene sus orígenes en el Japón feudal, cuando lo practicaban los samurai o nobles guerreros, para eludir el deshonor de caer capturados por sus enemigos. Más tarde se convirtió de hecho en un método indirecto de ejecución, según el cual, cualquier noble que recibía un mensaje del mikado (Emperador), por el que se le comunicaba que su muerte resultaba esencial para el bien del imperio, se hacía el harakiri.

Los samurais consideraban su vida como una entrega al honor de morir gloriosamente. Rechazando cualquier tipo de muerte natural, buscaban haber fallecido en pleno esplendor de sus años. Por eso, antes de ver ésta deshonrada por un delito o falta, recurrían con este acto a darse la muerte (tal y como significan esas palabras, hara-kiri: cortadura de vientre), ya que los japoneses pensaban que el alma se encontraba en el estómago.

En la mayoría de los casos de los denominados harakiri obligatorios, el comunicado imperial iba acompañado de una daga ricamente adornada para que fuera utilizada como instrumento del suicidio. Al infractor se le concedían un determinado número de días para preparar la ceremonia. En casa del noble ofensor, o en un templo, se levantaba un estrado que se cubría con alfombras rojas. Al comenzar el acto final, el noble, ataviado con atuendo ceremonial y asistido por un grupo de amigos y oficiales, ocupaba su lugar en el estrado.

Postrado de rodillas, rezaba sus oraciones, recibía la daga de manos del representante del emperador y públicamente confesaba su culpa; entonces, desnudándose hasta la cintura, hundía la daga en el costado izquierdo del abdomen, la desplazaba lentamente hacia el costado derecho y efectuaba una incisión ligeramente ascendente. En el último momento, un amigo o familiar decapitaba al noble moribundo. A continuación, era costumbre enviar la daga ensangrentada al emperador como prueba de la muerte del noble por este método. Si el trasgresor se hacía voluntariamente el harakiri, es decir, actuaba según el dictado de su conciencia culpable en lugar de por mandato del emperador, su honor se consideraba restituido y todas sus posesiones pasaban a manos de su familia. Por el contrario, si el harakiri venía ordenado por el emperador, la mitad de las posesiones del muerto quedaban confiscadas por el Estado.

El seppuku/harakiri, era una parte clave del bushido, el código de los guerreros samurai. En las acciones de guerra, mientras el guerrero efectuaba el seppuku, el compañero se mantenía a su lado de pie (el guerrero de rodillas) y, si veía a su amigo sufrir demasiado, le cortaba la cabeza.

El samurai que efectuaba el seppuku tenía que sostener el wakizashi usando un paño para no salpicarse las manos, ya que morir con las manos manchadas de sangre constituía una deshonra.

Cuando lo practicaban individuos de todas las clases sociales, el harakiri servía con frecuencia como gesto supremo de devoción hacia un superior que hubiera fallecido, o como forma de protesta contra algún acto o medida gubernamental. Esta práctica llegó a estar tan difundida que, durante siglos, se producían unas 1.500 muertes al año por este método; más de la mitad de ellas eran actos voluntarios.

El harakiri como forma de suicidio obligatorio quedó abolido en 1868. En épocas modernas es raro que se produzca como medio de suicidio voluntario. Sin embargo, muchos soldados japoneses recurrieron al harakiri durante los últimos conflictos bélicos, incluida la II Guerra Mundial, para eludir la ignominia que suponía la derrota o el cautiverio.

Las mujeres que seguían el bushido también realizaban esta práctica, pero de diferente manera: estando de pie se hacían un corte en el cuello. Previamente debían atarse con una cuerda los tobillos para no tener la deshonra de morir con las piernas abiertas al caer. En el caso de las mujeres, en lugar del wakizashi, se utilizaba una daga con hoja de doble filo llamada kwaiken.

En la tradición japonesa, el bushido es un término traducido como “el camino del guerrero”. Muchos samurai (o bushi) entregaban sus vidas al bushido, un código estricto que exigía lealtad y honor hasta la muerte.

El bushido es un código ético particular. En su forma más pura, el bushido exige a sus practicantes que miren efectivamente hacia atrás al presente desde el momento de su propia muerte, como si ya estuvieran muertos. Esto es particularmente verdadero en las formas más tempranas del bushido o budo.

Las férreas doctrinas que se desprenden del bushido propiciaron el trato brutal y denigrante que las autoridades japonesas otorgaron a los prisioneros de guerra, tanto civiles como militares, durante la Segunda Guerra Mundial. Una de las cosas que enseña el bushido es el absoluto desprecio por el enemigo que se rinde, puesto que esto es un deshonor que hace preferible la muerte.

Muchos maestros de hoy ven el bushido actual como una forma evolucionada de su original propósito guerrero; el maestro Morihei Ueshiba, también conocido como O’Sensei, divulgó un nuevo estilo de ver el bushido donde el combate puede entenderse como una forma de vida armónica a través del aikido o camino de la energía en armonía. En este arte marcial la filosofía del bushido se funde con un pensamiento más civilizado, donde la tolerancia es una estrategia y a la vez una forma complemenaria y fluida de combate, la que permite conocer al oponente venciéndolo en su propio terreno y sin causar daño físico, con el consiguiente respeto que puede llegar a significar en la mente de un “enemigo” racional, todo esto sin dejar de ser bushido.

El bushido visto desde el punto de vista del aikido funda su base en la idea de que un samurai podía vencer a un enemigo sólo con estrategia e inteligencia y sin necesidad de desenvainar la espada.

En su forma original, sin embargo, se reconocen en el bushido siete virtudes asociadas:

Gi, la rectitud. Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

Yuu, el coraje. Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurai debe tener valor heróico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heróico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

Jin, la benevolencia. Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

Rei, el respeto. Los samurai no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.

Makoto, la honestidad, la sinceridad absoluta. Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo dentendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de “dar su palabra”, no ha de “prometer”. El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción.

Meiyo, el honor. El auténtico samurai sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo son un reflejo de quién es realidad. Nadie puede ocultarse de sí mismo.

Chuugi, la lealtad. Para el samurai, haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Las palabras de un hombre son como sus huellas, puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

lunes, 7 de febrero de 2011

¿DE DÓNDE VIENEN LOS ZAPATOS NÁUTICOS?




¿De dónde vienen los zapatos náuticos?  Gracias de Suria.



Hola Suria.
Los náuticos los inventó el balandrista de Connecticut, Paul Sperry, cuando observó, una mañana de invierno, que su cocker spaniel no se resbalaba sobre el hielo. Pensó en que eso debía de tener una razón, pues al mismo tiempo veía que no se trataba de una cuestión de uñas, ya que el perro, al contrario de lo que pudiera parecer lógico, no las utilizaba para adherirse mejor en el hielo. Así que se puso a examinar las patas de su mascota, y descubrió un complejo sistema de ranuras en las patas, que dejaban salir el agua, evitando así el patinar. Es decir, algo parecido al sistema de evacuación de agua de los neumáticos.

De las patitas de su cocker sacó Sperry el dibujo de la suela de lo que actualmente es el auténtico sperry topsider, el pionero náutico de cuero encerado con una adherencia impresionante, eficacísimos en navegación y que son capaces de evitar los resbalones, en la cubierta de un barco o fuera de ella.

Saludos Suria!

sábado, 5 de febrero de 2011

EL ILUSTRÍSIMO SEÑOR MARQUÉS DE DEL BOSQUE.




Pero ¿qué es un Marqués y para qué sirve serlo? Para situarnos, conviene explicar cuáles son los títulos nobiliarios relevantes que se conceden en España, ordenados de mayor a menor:
  1. Duque
  2. Marqués
  3. Conde
  4. Vizconde
  5. Barón

De modo que Marqués es el segundo título de mayor honor. La Constitución, en el artículo 62, atribuye al Rey la concesión de honores de acuerdo a las leyes, y estos honores se conceden como reconocimiento a importantes méritos.

El Marqués era el señor de una tierra que estaba en la "marca" del reino. Los territorios que estaban en la frontera del reino, eran conocidos como "marca del reino", lo que derivó en marquesado. Por lo tanto, la merced de Marqués es la que corresponde al señor de alguna tierra de una comarca del reino, refiriéndose por comarca a región fronteriza. La frase se origina de hecho en Alemania, ya que es ahí donde los territorios fronterizos se denominaban como un Mark, por ejemplo, el Ostmark (frontera del Este).

Su concesión se acompañaba de la concesión de privilegios y donación de tierras, e incluso se les eximía de pagar impuestos, y el título era hereditario en el primogénito. En España, el origen del primer marquesado de Castilla fue creado por Enrique II (hijo ilegítimo de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán) en el año 1336, y se le concedió a Juan Manuel Fernández Pacheco, como Marqués de Villena. El título se otorgó con poca frecuencia hasta el siglo XIX; desde entonces ha sido el de Marqués el título que con más frecuencia se ha otorgado en la Monarquía española, especialmente durante el reinado de Isabel II.

Don Alfonso XIII valoró tan altamente su potestad en la concesión de títulos, que hizo hincapié en ello el primer día de su reinado, ante su primer Consejo de Ministros: "Como ustedes acaban de escuchar, la constitución me confiere la concesión de honores, títulos y grandezas; por eso les advierto que el uso de este derecho me lo reservo por completo", para que a nadie le quedara ninguna duda de que tenía muchas ganas de conceder títulos.

La concesión de títulos nobiliarios está basada en la soberanía de quien lo da (los Reyes); y esta soberanía tiene su origen en cuatro derechos nobiliarios: el “ius imperii"; el “ius gladii"; el “ius majestatis" y el “ius honorum", este último es el derecho a premiar virtudes y méritos, con títulos nobiliarios o caballerescos, pertenecientes al patrimonio de su dinastía. Estos derechos son inherentes a la persona del soberano y son inseparables, imprescriptibles e inalienables.

España es uno de los pocos países donde la concesión de títulos sigue dándose hasta el día de hoy, y donde la sucesión a los títulos es eficazmente y seriamente regulado por el gobierno. Los títulos nobiliarios, al menos en España, ya no conllevan la misma cantidad de privilegios que hace unas cuantas décadas. Ni tampoco llevan vinculados funciones oficiales inherentes, como fue el caso del Duque de Benavente que por herencia era el Notario Mayor de Castilla. Y su concesión ha sido sumamente inusual por parte del Rey actual, Don Juan Carlos I, que no ha sido excesivamente prolífico en nombramientos. Tal vez, de los más conocidos de los últimos años sean el Ducado de Suárez para Adolfo Suárez, o el Marquesado de Iria Flavia para Camilo José Cela.

En definitiva, lo especial de este nombramiento es precisamente la figura en la que ha recaído, y las circunstancias que lo han provocado. Vicente del Bosque desde hoy tiene el tratamiento de Ilustrísimo Señor, su primer hijo o hija heredará el título y su familia ya por siempre, poseerá el Marquesado de Del Bosque.

Y no me explico cómo es posible que SM no se haya atrevido a conceder los Marquesados de Iniesta, de Casillas, de Piqué, de Torres... aunque siempre hubiera quien se atreva a gruñir cosas como "así es como se hacen los nobles, por ganar en el fútbol. Y luego, esta gente presume de buena cuna..."

En todo caso, debe haber una cualidad inherente a la posesión de un título nobiliario, que debe ser la humildad, y de eso al Iltmo.Sr. Marqués de Del Bosque no le falta, ya que es el primero en manifestar que el título refleja los méritos de toda una selección campeona del mundo.

viernes, 28 de enero de 2011

ANÁLISIS DE ORATORIA A 3 POLÍTICOS ESPAÑOLES.


Hay que ver... ordenando papeles, doy con este análisis (de principiante, pues habría mucho más que ahondar...) hecho alrededor del año 2002 ó 2003, cuando andaba profundizando en las técnicas de oratoria. No es que tenga nada de particular, salvo que casualmente elegí a Eduardo Zaplana, a Rodríguez Zapatero y a nuestro Alcalde Luís Díaz. Uno comenzaba su "alejamiento" de la política activa, otro iniciaba su popularidad, y el último, estaba en su plenitud como Alcalde de Alicante.


Tienen su jugo, así que os lo copio para vuestra curiosidad y comparaciones (entre ellos y entre los años aquellos y éstos):

EDUARDO ZAPLANA HERNÁNDEZ-SORO.

Eduardo Zaplana es, a mi modo de ver, uno de los mejores oradores del panorama político español.

En sus discursos, mantiene la entonación adecuada en todo momento, sabe mantener el interés sobre lo que está diciendo, arbitra los énfasis con inteligencia, y las ideas las plantea de forma clara, concreta y sencilla. No utiliza palabras excesivamente técnicas, ni incluye expresiones en otros idiomas. Es asombrosa su capacidad para “interpretar” resultados y transformarlos en positivos cuando no lo son (lo bueno de lo malo, dice Carlos Rosser).

Sabe intercalar comentarios aclaratorios a través de ejemplos, y argumenta sus exposiciones con datos e informaciones concretas. Vocaliza correctamente.

Por otro lado, cuida su aspecto físico y sabe elegir el adecuado a cada momento.

Su lenguaje no verbal es medido, mantiene las manos siempre visibles cuando está sentado, y las mantiene normalmente juntas cuando está de pie. Sólo cruza los brazos en situaciones en las que es visible la relajación del protocolo. Siempre mira a los ojos del interlocutor o a la cámara cuando se le entrevista. Se mantiene continuamente en una postura erguida con naturalidad.

Le pongo un pero: Utiliza la coletilla estándar del Partido Popular mire usted con excesiva frecuencia para comenzar sus frases, y en ocasiones hace uso del sarcasmo y la hilaridad de forma demasiado hiriente.

Del mismo modo, en algunas entrevistas comprometidas su mirada se torna torva y huidiza, lo que delata su nerviosismo o la falta de verdad en lo que dice. Su apariencia general es de seguridad y aplomo.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO:

Quizá su poca práctica todavía justifique su pésima oratoria. Habla entrecortadamente, da la impresión de verbalizar frases aprendidas, de no controlar la materia. No sabe improvisar, es visible su falta de seguridad y su nerviosismo.

No controla la voz, y sus exposiciones resultan de una entonación monótona, seguramente porque hace énfasis en prácticamente todas las palabras. Abusa de determinadas palabras (de todos es conocido ya lo de diálogo, diálogo y diálogo) y esto creo que es una mina para los humoristas imitadores, que en su caso tiene un sutil pero peligroso cariz de mofa en su peor sentido.

Su expresión bonachona le resta prestancia en ocasiones, y debería corregir su postura levemente encorvada. Su lenguaje no verbal todavía deja mucho que desear. El movimiento de sus manos es monótono y repetitivo, y de pie no sabe dónde ponerlas, apretando muchas veces los puños de forma excesiva.

Opino que debería aprovechar su expresión de buena persona para hacerse más cercano y rentabilizar las posibilidades que esto le puede brindar; esta expresión se une a la apariencia de hombre tranquilo y si consiguiera armonizar ambas con equilibrio comenzaría a tener ese preciado carisma al que tantos políticos aspiran.

LUIS DÍAZ ALPERI:

El Alcalde de Alicante tiene una gran cualidad: siempre parece que sabe de lo que está hablando, aunque no sea así.

Es cordial en el trato, afectuoso en sus saludos; resulta cercano y entrañable, y lo transmite en sus discursos. Adopta una postura natural, esporádicamente hace movimientos con las manos; utiliza más los movimientos de cabeza para resaltar o hacer énfasis. Sabe bromear con sutileza, domina el arte de mantener el interés.

Domina igualmente el arte de discursear sin papeles; normalmente nunca los lleva, y ordena perfectamente las ideas que expresa. Desarrolla el contenido de la exposición con claridad, pero al mismo tiempo de una forma agradablemente coloquial, aunque su vocalización no es perfecta, debido más a su acento que a la incorrección. No se pone nervioso, transmite aplomo y seguridad.

En las entrevistas en directo comete un error: pierde la mirada con frecuencia al infinito, aunque lo contrarresta con su expresión verbal fluida; habla para el ciudadano, no para el periodista.

Su aspecto físico es el de un auténtico dandy, a pesar de las dificultades que su volumen tiene para aparentar armonía. Cuida su vestuario, que es siempre impecable.

¿A que tiene jugo, visto a casi 8 años después?


martes, 25 de enero de 2011

La transformación de la señorita Bea.

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El tratamiento de señor proviene de la posesión del señorío. Se le otorgaba este tratamiento para distinguirle como dueño y propietario frente al resto. El señorito y la señorita pasaban a ser los hijos solteros del señor. Y la señora, la esposa.

Los tratamientos evolucionan y se adaptan a los tiempos, con lo cual el de señor se comienza a dar a los hombres adultos en general, independientemente de su categoría profesional o personal.

Los señoritos se constituyen en una figura de connotaciones peyorativas, con lo cual en este mundo tan magníficamente controlado por la mentalidad masculina, alguien decide que debe dejar de emplearse para dirigirse a los hombres, pues ya se sabe que todos los hombres son, por propia naturaleza, dignos de tratamiento distinguido.

Con este mismo criterio, y por la propia naturaleza de las mujeres (ups) se mantiene el tratamiento de señorita, puesto que, como todo el mundo tuvo claro durante siglos, la señorita es una joven soltera que no merece dignidad de señora hasta que la tutela un hombre, quien, por su sola protección la traslada automáticamente al plano superior, no porque lo merezca por sus méritos, noooooo, sino porque no sería digna de estar a su lado si no se transformara en señora.

Así pues, lejos de adentrarnos en cuestiones semánticas o simplemente históricas, el resumen de porqué Bea debió convertirse automáticamente en señora cuando acabó su niñez, es muy simple: Bea no necesita que ningún hombre la eleve a un status superior. Bea es señora desde el momento en que deja de ser niña, porque el título de señorita implica sometimiento a la figura masculina, y no me imagino a Bea sometida a nada.

O más sencillamente explicado, no ha nacido todavía, el señor al que Bea tenga que darle las gracias por ser una señora.

La señorita Bea ha muerto, ¡viva la señora Bea!

sábado, 22 de enero de 2011

Quedo a sus pies besándole la mano.

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El debate sobre si alguno de los comportamientos que datan de hace siglos, siguen estando vigentes hoy día, es algo que nos surge desde la contemplación de alguno de ellos cuando nos pilla desprevenidos.



Por ejemplo, besar la mano a las señoras. Y no me refiero a ese beso que implica ternura y que quien nos quiere nos da, sea en el dorso o en la palma, y que tanto transmite…

Dos altos ejecutivos de las finanzas, hombre y mujer, me referían la situación vivida con un alto cargo de la banca, preguntándome si ese comportamiento era correcto u obsoleto y demodé. La situación es la siguiente:

El banquero con importantísima responsabilidad en su empresa, recibe a sendas señoras de elevada edad, y más elevada cartera monetaria. Una tras otra, les tiende la mano y sujetando la de cada una con soltura y firmeza a la vez, les realiza el gesto de besarles la mano.

Tras una breve conversación y distendido encuentro, el banquero se despide, quedando las señoras próximas a los altos ejecutivos, quienes oyen decir a una de las señoras: “Hay que ver qué clase tiene este hombre, se nota en el gesto de besarnos la mano”.

Las señoras quedaron encantadas, y totalmente predispuestas a seguir poniendo su cartera monetaria en manos de ese educadísimo caballero que les había demostrado un signo de tan esmerado respeto.

¿Obsoleto? ¿Demodé? Pues digamos que como todas las muestras de cortesía tradicionales, depende del cuándo, el porqué y el cómo. Ahí radica su éxito.

Probablemente, el que un empleado de banca se comporte así con unas señoras de elevada edad, que proporcionan buen negocio a su empresa, es un ejemplo de armonía entre las tres preguntas, con garantía de obtener éxito como se demuestra en el comentario de una de las señoras.

La inteligencia en el modo de complacer halagando a la persona de la cual esperamos una deferencia, es una virtud que se adquiere o bien por talento, o bien por experiencia.
No me imagino ese gesto en mi persona, pues por edad no entra en mi concepción de la cortesía y los buenos modales actuales alrededor del mundo profesional, pero me gustaría mucho que se le hiciera a mi madre.

Sería algo así como lo que sentí la primera vez que la cajera del supermercado me dijo “gracias, señora”. Fue un sobresalto y de golpe me hice consciente de que los años pasan y hay gente más joven que nosotros. Si alguien me besara la mano ahora, en un saludo o como gesto de respeto, no me daría un disgusto pero tampoco sentiría gusto.

Los saludos deben ser acordes con los tiempos, y por supuesto con la situación profesional y personal. Sin embargo, los tiempos no son los mismos para esas dos señoras que para nosotros. Respetarlas en sus percepciones de las muestras de respeto es lo que nos hace a nosotros más educados, y doblemente meritorios si somos mucho más jóvenes.

Si un caballero de mediana o avanzada edad, intenta realizar este gesto con una mujer joven, laboralmente activa y considerada moderna, seguramente se encontrará con la resistencia de ella, y no por oposición, sino por sorpresa. Ella no entenderá en el primer segundo qué quiere hacerle él con el gesto de elevar su mano al tiempo que se agacha, por lo que probablemente pondrá resistencia al movimiento. Y estoy por casi asegurar que cuando se percate de que lo que quiere es besarle la mano, le estirará de ella para atraerle hacia sí y plantarle dos besos en la cara, o por el contrario dará un pequeño paso atrás.

El hombre que realiza ese gesto, no espera ser besado literalmente y mucho menos con la familiaridad que implica hacerlo en la cara.

Pero, ¿cuál es la forma correcta de besar la mano a una mujer?

El beso en la mano consiste en simular que se da, en la mano derecha de la señora, pero sin darlo. El caballero recogerá la mano que le tiende la señora, y con delicadeza se la aproximará a la cara sin llegar a tocarla con los labios.

Se realiza de pie, nunca sentado, y únicamente en ocasiones formales. El hombre mantendrá los pies juntos de la forma más natural posible, y las piernas rectas, y se inclinará levemente a la vez que sube la mano de la señora.

Cuando lleguemos invitados a un acto social, besamos la mano a la anfitriona y cuando a ésta le acompañan otras señoras, se les da la mano, para distinguir el especial trato a quien nos invitó.

Si el hombre lleva guantes, se lo quitará para coger la mano de la señora, pero sin embargo ella puede dejárselo puesto.

En resumen, la ocasión la pinta calva. Y si su ocasión de conseguir un objetivo está en utilizar cosas positivas, como lo son los buenos modales, pertenezcan a nuestros tiempos o no, no tenga dudas: Bese.

Al fin y al cabo, no están las cosas como para dejar pasar besos.