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miércoles, 6 de noviembre de 2013

LA FORMACIÓN FINANCIERA DE LOS NIÑOS.

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Ya he dicho otras veces cuánto me interesa la formación social de los niños y jóvenes, y mi opinión de cómo la sociedad ha ido paulatinamente abandonando este aspecto fundamental de la persona, centrándose más en los conocimientos intelectuales.

Hace tiempo que tengo en la carpeta de “ver y leer” el texto de “La educación encierra un tesoro”, informe de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, que presidida por Jacques Delors se presentó a la UNESCO en los años 90.

Lo he estado releyendo, y es impresionante ver cómo está de plena actualidad. En estos tiempos que sufrimos, de gran crisis económica mundial, (más o menos manipulada, impulsada o conducida), y con la serie de debates y reflexiones sobre qué nos ha llevado a esta situación, es absolutamente incuestionable que uno de los grandes errores del ser humano es menospreciar la educación en cualquiera de sus vertientes, y en este caso especialmente, la educación financiera en los niños.

La educación encierra un tesoro, de muy recomendable lectura, en su segunda parte describe los pilares de la educación, que concreta en cuatro:
  • Aprender a conocer
  • Aprender a hacer
  • Aprender a convivir
  • Aprender a ser

lo que demuestra que claramente la educación intelectual comienza en la educación personal. Este informe, que desarrolla todos los aspectos posibles que inciden en la formación de la persona, analiza y propone una educación transversal, a lo largo de toda la vida y de cómo han de adaptarse métodos y contenidos a las diferentes etapas del crecimiento.

Esto ha traído a mi memoria, la famosa frase de Ortega y Gasset "el hombre y sus circunstancias", y por asociación de ideas, a mi amigo Juan Casamayor, s.j., que siempre añadía "y lo que el hombre hace con esas circunstancias".

De modo que, una vez que conocemos, hacemos, convivimos, y somos, ¿qué hacemos con lo que poseemos, con lo que materialmente tenemos? Las circunstancias son diversas para cada uno, pero todos debemos hacer algo con ellas, y de nuestra formación dependerá el sentido y la inclinación que les demos.

Así que no puedo estar más de acuerdo con la propuesta sobre el 5º pilar en que debería basarse la educación, que hace María Inés Sarmiento Díaz en su libro "Cómo facilitar el despertar financiero en los niños y niñas: APRENDER A TENER".

En esta sociedad del primer y segundo mundo, consumista y basada en el dinero, es fundamental dedicar un importante espacio de atención a cómo enseñamos a nuestros niños a relacionarse con el dinero. Poco tengo que añadir, más que copiar íntegramente la presentación del libro de María Inés, Psicóloga, en el que hace interesantísimas propuestas destinadas a padres y educadores en este importante aspecto de la vida moderna y que comparto al cien por cien:

Aprender a tener, entendido como el aprendizaje que facilita que las decisiones y los comportamientos asumidos por una persona en relación con los recursos que posee, generen bienestar e incrementen no sólo su calidad de vida, sino la calidad de vida de las personas que la rodean. Aprender a tener dinero, implica tomar decisiones y elegir comportamientos económicos que generen bienestar personal y social.

Los seres humanos recibimos una serie de recursos desde que nacemos hasta que morimos: recursos personales (físicos, mentales, emocionales, espirituales, etc.), recursos naturales, (sociales, institucionales, materiales), etc. y dentro de los recursos materiales está el dinero.

Llama la atención que muchas personas que tienen recursos, por desconocimiento, por descuido o deliberadamente, no los aprovechan, no los valoran e incluso sus acciones provocan su deterioro, destrucción y extinción. Por ejemplo podemos preguntarnos por el número de especies ya extintas o en vía de extinción, por causa de las acciones del hombre que no Sabe Tener. Si las personas no Aprendemos a Tener, difícilmente podremos dejar a las generaciones futuras un mundo mejor que el que recibimos.

El dinero, como recurso, es un instrumento que permite al ser humano satisfacer sus necesidades, al ser cambiado en el presente o en el futuro, por algo que requiere o desea, sea un bien (alimentos, juguetes, herramientas, máquinas, vivienda, etc.) o un servicio (educación, salud, transporte, etc.). Como dicen Cloé y Claudio Madanes “…con dinero podemos comprar tiempo para disfrutar de la belleza, el arte, la compañía de amigos, aventuras... Podemos ayudar a los que amamos y garantizar a nuestros hijos mejores oportunidades... Es un instrumento de justicia con el que podemos reparar el daño que causamos a los demás… También, por dinero, las personas pueden tener problemas: Preocupaciones financieras, sufrimiento, peleas con los seres queridos… El dinero penetra todos los aspectos de la vida humana y hoy es la energía que mueve al mundo”.

Se le ha dado al dinero tal importancia, que muchas personas sacrifican principios y valores para obtenerlo (roban, matan), o lo acumulan sin un propósito de intercambio (tener por tener), o lo utilizan como un medio para expresar poder (el poder de corromper). Problemas de nuestro país como corrupción, pobreza, narcotráfico, violencia, entre otros, se relacionan con individuos que, al no Aprender a Tener, colocan el dinero en un pedestal, lo buscan como un fin más que como un medio y le dan tal valor que terminan siendo controlados por el dinero en lugar de controlarlo ellos.

Aunque el dinero ocupa un lugar importante en el mundo actual, sorprende que a nivel educativo no se dediquen ni el tiempo ni el espacio, para enseñar a los niños y niñas a Aprender a Tener. En la medida en que las entidades educativas y las familias, asuman la formación financiera de manera intencional e integral, orientando a los(as) pequeños(as) para que desarrollen actitudes, valores, conocimientos, y comportamientos financieros prósperos, en esa medida, comenzaremos a sembrar el cambio que permita el día de mañana, contar con adultos financieramente independientes, los cuales administren los recursos propios y ajenos con sabiduría y responsabilidad y quienes le den más importancia a la prosperidad que a la riqueza.

¿Qué aspectos debemos incluir al brindar una educación financiera a los niños y niñas?

Ya se han mencionado algunos aspectos que son importantes de abordar en una educación financiera, entre ellos, las actitudes, los valores y los comportamientos económicos. Además de los anteriores es básico trabajar procesos cognitivos, y un conjunto de conocimientos económicos que les permitan a los niños y niñas comprender conceptos financieros claves.

Las actitudes se aprenden, se forman y pueden modificarse. Se abordan con vivencias afectivas más que mediante métodos racionales basados en el conocimiento. Es importante fomentar actitudes positivas hacia la riqueza y lo financiero y trabajar sobre las actitudes que evitan la prosperidad económica de las personas.

Aprender a Tener implica además de adquirir conocimientos financieros, vivir valores que permitan manejar las finanzas con sabiduría.

Brindar una educación financiera a las personas, desde que nacen, es un proceso gradual que puede generar altos dividendos en el crecimiento económico, en el desarrollo humano y en el bienestar de una familia, de una sociedad y de las naciones. Está en manos de las familias y de las instituciones educativas iniciar este proceso.

(María Inés Sarmiento Díaz es Psicóloga y autora del libro: "Cómo facilitar el despertar financiero en los niños y niñas", Bogotá: Editorial El Manual Moderno, 2005).


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miércoles, 26 de enero de 2011

LOS PROTOCOLOS DE LA SEDUCCIÓN.

Quiero conquistar a una chica, y kuiero saber k cosas le gustan mas a las mujeres. Es que lo de las flores y eso no se si es hacer el ridiculo, bueno, es que tengo 15 años. Pero si se las kiero regalr cuales son las que mas le van a gustar??? R.


Hola R. 


Realmente, tienes alma de seductor. Porque aunque tal vez aún no lo sepas, estás hablando de seducción. Como vienes a preguntar en un espacio donde hablamos de educación social, me atrevo a asegurarte que estás en el buen camino.

Aquí no tengo un manual de seducción, ni técnicas para ligar, ni estrategias para enamorar. Pero sí puedo decirte algunas cosas que te ayudarán en tus relaciones personales, y en este caso, con la chica que te gusta.

A las mujeres nos gustan, en primer lugar, los hombres íntegros e inteligentes, los que nos tratan con cortesía y están atentos a los detalles. Los que son capaces de mantener una conversación sobre temas que nos interesen, los que son cuidadosos con su aspecto personal, los que son honestos, los que respetan nuestra independencia y son capaces de compartir, apoyándonos en nuestros proyectos. Esto, básicamente. ;-)

Y eso es lo difícil, encontrarse con un hombre así. Verás R., lo normal, abunda. Por eso nos gusta lo que se diferencia, los hombres con personalidad, que saben mantenerse por encima de la mediocridad y del aborregamiento.

¿Y cómo puedes conseguir eso? En primer lugar cuidándote tú, cultivándote como persona y defendiendo tu manera de pensar frente a los rebaños. Y luego, conociendo y llevando a cabo las cualidades básicas para el trato social: la cortesía, la amabilidad, la generosidad... y por qué no, la galantería.

No hay nada ridículo si se hace con estilo y buenas intenciones. Regalar flores es una de las muestras de cortesía más agradables, y si no conoces qué flores son sus preferidas, no importa, seguro que el propio detalle de regalárselas le gustará. Y puedes aprovechar el momento para decirle algo así como "espero que estas te gusten, pero si me dices cuáles son tus preferidas las buscaré y te las traeré ahora mismo".

Sé emprendedor, R., pero no des pasos que ella no te invite a dar. Si consigues una cita, demuéstrale que eres un hombre educado, y eso no significa ser cursi ni pegajoso. Significa saber escuchar, comer con corrección, ayudarla a ponerse el abrigo, ofrecerte para recogerla en su casa o acompañarla a ella... cosas al fin y al cabo, que no demuestran más que estás pendiente de agradarla y de que te gusta su compañía.

Y si por casualidad estudia contigo, o es tu vecina... y si te cruzas con ella habitualmente, no olvides mirarla a los ojos todas la veces que os encontréis y sonríele siempre... no hará falta que le digas nada.

Pero lo más importante de todo, no lo olvides, es la sinceridad. Si ella intuye que le quieres tomar el pelo, o de algún modo engañarla... olvídalo, lo habrás perdido todo. Sé tú mismo y repasa qué cosas puedes mejorar en ti.

Suerte R., vuelve y cuéntame, y cualquier duda, estoy a tu disposición.


lunes, 24 de enero de 2011

PROTOCOLO: INCONGRUENCIAS Y CONTRADICCIONES.


Resulta que el protocolo nos agobia, nos aburre, nos martiriza, nos encorseta, nos presiona, nos incomoda, nos desespera. Frases como el protocolo es para pijos ricos es algo habitual que escucho ya, a estas alturas, con el mismo aburrimiento que me produce Carmen Lomana. Pero que nadie piense que esta señora es así de envarada por practicar exhaustivamente las cuadriculadas normas del protocolo que la obligan a parecer que se ha tragado un cazo. Bañado en oro, seguramente, pero cazo al fin y al cabo. Pues no, su rigidez y plana expresividad se deben a otras cosas que tienen más que ver con cuestiones de cirugías y bisturís.

El caso es que al decir que el protocolo es para pijos ricos, en realidad quiero pensar que lo que subyace es que erróneamente, relacionan el protocolo con la cursilería, con el engolamiento y con el querer aparentar un estilo o elegancia, que al no existir realmente, acaba resultando patético y ridículo.

Otra asociación errónea llega de atribuir al protocolo una conexión inquebrantable con el lujo y la ostentación. 

Ambas cosas son absolutamente falsas. Cursi es aquel que quiere aparentar lo que no es. Cursi es aquel que adopta de forma artificial expresiones, gestos o comportamientos que de ninguna manera tiene integrados. Es el dedo meñique alzado, la confusión del bacalao con el bacalado. Creo que todos sabemos a qué me refiero.

Y ciertamente, si el desdén, y a veces incluso desprecio y sorna, que muestran algunas personas cuando se refieren al protocolo, estuviera basado en un conocimiento real de lo que están hablando, no me explico cómo no le ponen una querella al protocolo por amargarles la vida. Y otra a Carmen Lomana por querer convencer a chonis, poligoneras,  frikis y a tí y a mí, que naturalmente no somos nada de eso, de que sólo se puede ser exquisitamente educada si tus zapatos te han costado más de 600 €.

Si estas personas tuvieran, al menos, la inquietud de mirar la definición de protocolo que da la Real Academia de la Lengua, se le aclararían algunas cosas fundamentales. Básicamente, el protocolo no tiene que ver con la educación, sino con el orden. 

Ordenar las cosas de la vida para que se desarrollen de la forma más eficaz y sencilla posible, y alcanzando el mejor resultado en función de para qué han sido ordenadas. Esto es protocolo. Protocolizan los notarios, los médicos, las naciones... con el fin de ponerse de acuerdo en el mejor procedimiento para conseguir un resultado óptimo. Y protocolizan los organizadores de eventos, de ceremonias, de congresos... protocolizas tú cuando siendo maestro decides en qué orden van a colocarse los niños para entrar a clase, y protocolizas también cuando organizas tus actividades de la semana. Y nos hemos inventado algo que se llama "social" porque el protocolo inicialmente solo contemplaba actuaciones de carácter institucional y muy formal.

Así que, dedicarse al protocolo, no significa pasarse el día dando manotazos a la gente porque no coja bien la cuchara. A eso, y sin dar manotazos, se le llama Educación Social. Digamos que es aplicar los fundamentos básicos de las relaciones humanas partiendo de las características propias del entorno. La educación, la cortesía, la amabilidad, la empatía, el respeto, la paciencia, la templanza... son cualidades que facilitan el trato y hacen la vida mucho más agradable para todos. Y eso, no implica solo el usar bien los cubiertos, o saber presentarse en una reunión, o saber expresarse con naturalidad. También implica, y muchísimo más, una cualidad escasa: la humildad. 

Haz este experimento: pregunta a 3 personas de tu alrededor si le dan importancia a comportarse adecuadamente, a los modales y a la cortesía. Pregúntales después si creen que esas actitudes, al ser practicadas, les benefician o perjudican. 

Me atrevo a afirmar que todas dirían "" rotundamente y sin vacilar. Y ahora hazles la última pregunta: ¿Crees necesario formarte en ello?. Y aquí viene la cara de sorpresa y la dubitación. Pues esta es la incongruencia y la contradicción. Resulta que considerando estas cualidades como fundamentales para nuestro desarrollo integral como personas y trabajadores, dudamos sobre si hemos de perfeccionarlas. 

¡Cuántas caras de sorpresa he visto al descubrir cuál es la forma correcta de hacer una presentación o de estrechar la mano! ¡Y cuántas veces he oído decir ¿no tiene padres ese maleducado?!

Y aquí estamos dedicando más horas al inglés, a la informática, al paddel, al futbito, o a la inteligencia emocional, y quejándonos de la pérdida de valores y de la desidia, indiferencia o agresividad en la que parece que se mueven nuestros niños y jóvenes.

Pues bien, yo creo que estoy en una de las últimas generaciones encontradas, que creció con límites y esfuerzo personal, que aprendió el valor de las cosas y lo que cuesta alcanzarlas, y sin ninguna dificultad para diferenciar el bien del mal. Tras la mía, como parece que la evolución de la sociedad lo atestigua, han llegado las generaciones perdidas, en las que nos hemos ido degradando hasta llegar a los límites insostenibles en los que los seres humanos comenzamos a echar de menos lo que perdimos. Es decir, lo que acabo de decir entre "que creció con límites" y "el bien y el mal".

Así que esperemos que por la propia naturaleza del ser humano, que se inventa los cubiertos para demostrar su evolución pero que hoy día certeramente los desecha para degustar el jamón serrano y recordar el placer de comer con las manos, estemos en el punto en el que comenzamos a avanzar hacia el pasado, con la inteligencia suficiente para recuperar lo que nos fue bien y nos hizo mejores personas. 

E insisto, me querellaré por insultos a mi inteligencia como vuelva a oír lo de pijos ricos.

jueves, 21 de octubre de 2010

CONSEJOS BREVES PARA NO EQUIVOCARSE EN UNA COMIDA.




Hola. Pregunta de parte de mi contrario: Consejos cortos, fáciles, concretos y rapidos para no equivocarse en una comida de compromiso. Susi.

Además del comportamiento adecuado que nos va dictando el sentido común, resumo unos cuantos que pueden ser útiles en esas situaciones:


1. Antes de sentarte, ayuda a la señora de tu derecha, retirando la silla lo suficiente para que pueda acomodarse, sostenla suavemente permitiendo que sea ella quien la coloque en el lugar definitivo.

2. Siéntate, coge la servilleta y desplegándola suavemente colócala sobre una de tus piernas o sobre las dos, según su tamaño, con la abertura hacia tí.

3. Mantén tus manos sobre la mesa, apoyadas hacia la mitad del brazo. No te reclines hacia atrás, ni cruces los brazos, y menos rodees con uno de ellos el respaldo de tus vecinos.

4. Espera que se sirvan a todos antes de comenzar a comer salvo que se indique otra cosa.

5. Los ibéricos se cogen con el tenedor, y se parten sobre el plato con la ayuda del cuchillo quitándoles la piel si vienen con ella.

6. La carne de las almejas se pinchan con el tenedor, dejando la concha en el plato, frente a ti. Mientras no uses los cubiertos pero no hayas terminado de comer, sitúalos a los lados del plato, lo más paralelo posible a tu cuerpo. Cuando acabes, sitúa los cubiertos juntos, perpendiculares a ti, apoyados dentro del plato hasta la mitad de los mismos. No los dejes sobre el mantel ni apoyados mitad en el plato y mitad en el mantel. No los dejes sobre el bajoplato.

7. Si quieres mojar el pan, parte pequeños trozos, déjalos en el plato, y pínchalos con el tenedor, repitiendo la misma operación cada vez. No obstante, si lo evitas, mejor.

8. El pan se parte con las manos, suavemente por la mitad, sobre su plato haciendo la menor cantidad de migas posible.

9. No indiques al camarero que no quieres más bebida, ni pongas la mano tapando la copa. Si no la quieres, no te la bebas. Si quieres más, él te lo servirá sin que lo pidas.

10. No le pidas al camarero cerveza o refrescos para acompañar la cena si el anfitrión ha pedido un buen vino. Si no te gusta el vino, bebe agua.

11. La carne se trincha trozo a trozo, en un tamaño que quepa en la boca holgadamente.

12. No fumes entre plato y plato, ni al sentarte en la mesa. Espera a que los camareros pongan los ceniceros al café. Pide permiso a las personas de tus lados para fumar.

13. Si te da tos, tápate la boca con la servilleta y ladéate lo suficiente para no molestar a tus vecinos. Si te atragantas, levántate y vé al baño.
14. Límpiate los labios antes y después de beber, sin restregar.

15. No hables con la boca llena.

16. Si algún plato no te gusta, come al menos la mitad.

17. Apaga o silencia el móvil. No lo cojas como no sea algo que sepas que es urgente. En este caso, pide disculpas y vete de la mesa. A nadie le importan tus conversaciones privadas.

18. Estate atento a las necesidades de las señoras de tus lados (pasarles utensilios o bandejas de la mesa, ofrecerles bebida...)

19. No eleves el tono de voz, y no rías estruendosamente.

20. Cuando te sirvan el café, espera a estar seguro de que no te quemarás. Remueve el azúcar sin hacer ruido.

Veinte cosistas fáciles. Difícil será que hagas algo mal.

"RESERVADO CABALLEROS MUTILADOS".

Yo tenía unos 7 años cuando tuve contacto consciente por primera vez del concepto “urbanidad”, aunque entonces no lo supe. Fue en el autobús. Por aquel entonces al final de los autobuses urbanos habían dos asientos con un letrero atornillado al respaldo: “Reservado caballeros mutilados”.  Mi madre (seguramente por no tener otra opción) me había llevado con ella para hacer papeles por varios sitios en los que tuve que soportar casi dos horas de esperas, colas y la escucha de conversaciones que eran ininteligibles para mí, y por lo tanto aburridas y exasperantes. Esto, unido al estate quieta, no molestes, no corretees, no toques eso, no te tires al suelo, etc., me había llevado al límite de mi resistencia física y psíquica.

Cuando subimos al autobús, mis ojos recorrieron ávidamente el interior buscando un asiento libre para poder sentarme, sola o encima de mi madre.

Y lo había. En realidad, habían dos. Por supuesto no me cuestioné en absoluto la razón de cómo era posible que con tanta gente adulta de pie, esos asientos estuvieran libres. ¡Qué buena suerte! Así que mientras mi madre pagaba los billetes corrí hacía ellos como si hubiera hecho un descubrimiento importantísimo sólo para mis ojos, exclamando “¡aquí, mamá, aquí!”, y me senté en el primero poniendo mi pequeña mano en el asiento contiguo, con el afán de proteger el espacio para ella.

Mi madre sencillamente no se sentó. Su explicación fue una escueta pero tan firme frase que supe que no tenía que insistir: “¿Es que no has visto el letrero? cuando yo te lo diga te levantas”. Yo me volví y lo leí. Anticipándose a mis pensamientos (las madres casi siempre lo hacen, es otro misterio para los niños) me dijo “en casa te lo explico”.

Permaneció a mi lado, con actitud vigilante durante todo el trayecto, hasta que llegamos a casa. Afortunadamente para mí no tuve que levantarme. No volví a preguntar las razones de aquello, guiada quizá por ese instinto infantil que a los niños nos hace saber cuándo no merece la pena ahondar en cosas de adultos que no vamos a entender, y que además, en realidad nos importan poco.

A ella se le olvidó explicármelo en casa, y para mí aquél episodio dejó de tener interés casi inmediatamente. Poco tiempo después (o quizá mucho, los niños no tenemos conciencia del tiempo real), las monjas me revelaron el misterio.

LOS NIÑOS NO SON PERSONAS.

Para la mayoría de los padres y madres, los niños no son personas. Pasada la época de bebés (en que son irresistibles y se les consiente todo), parece que pasan a convertirse en trozos de mármol que hay esculpir. A nuestro gusto, claro está, y sin miramientos especiales. Muchos padres creen que su amor está por encima de todo, por supuesto, y no tienen en cuenta la condición del niño como sujeto individual, como prójimo. Y no se trata a los niños con la misma cortesía con que lo haríamos con otro adulto.

La coherencia entre lo que se piensa, se hace, y se dice, sin duda proporciona elegancia al individuo y genera respeto por parte de los demás.

Hoy día, en que yo misma soy madre, muchas veces me he encontrado en esa disyuntiva. Le gritas tú pero no quieres que el niño lo haga. Le previenes sobre el peligro de hablar con desconocidos, pero le pides que salude a extraños. Le alertas sobre los abusos sexuales, pero le obligas a besar a todo el mundo. Le exiges amabilidad y les das órdenes ... El equilibrio entre la realidad y lo deseable, la oportunidad de los comportamientos y su conformidad con el entorno, forman parte indiscutible del saber estar. La tolerancia con los errores y/o dificultades del otro es el mejor ejemplo de lo que es generosidad.

Si pretendes enseñar cortesía, hay que ser cortés. No se puede ordenar recoger los juguetes. No se puede abanderar generosidad y no ofrecer nuestra ayuda. No se pueden atropellar los tiempos que los niños miden de otra forma. Decir “recoge tus juguetes, por favor. ¿Quieres que te ayude?” es sin duda la mejor forma de instruir en la cortesía. Y si queremos que lo tenga hecho a las ocho, tendremos que empezar a pedírselo a las siete y media y recordárselo alguna vez más. Con el tiempo, esa media hora se irá reduciendo poco a poco.

Si quieres aleccionar sobre algo, debes ser humilde. Reconocer que no se sabe todo, y que nos equivocamos, es el primer antídoto para que no se nos reproche una ignorancia o una contradicción. Pedir perdón a nuestros hijos reconociendo que hemos hecho algo incorrecto, nos reviste de humanidad y proximidad, es decir, de sensibilidad.

La autenticidad es un complemento imprescindible. Una persona que pretende hacer gala de una urbanidad y cortesía artificiales y aprendidas, como quien monta a caballo sin saber hacerlo, no conseguirá más que aparecer como una patética imagen falsificada.

Coherencia, cortesía, amabilidad, delicadeza, respeto, corrección, autenticidad y tolerancia conforman, en definitiva, el saber estar, la urbanidad, que debe ser igual a persona. Y no se puede adquirir como conocimiento intelectual. Es un conjunto de objetivos y conceptos que se van difuminando convirtiéndose en parte de nuestra forma de ser, interiorizándolas de tal modo que dejamos de tener conciencia de ellas, haciéndonos imposible el actuar de otra manera.

Construir una sociedad en la que se conviva en armonía y confiadamente es una experiencia individual, un aprendizaje continuo, una concesión a las necesidades del otro y un control de las propias. Diría que es una buena excusa para usar a nuestros hijos como conejillos de indias, aunque sea por propia vanidad. Nada nos complace más que oír decir a los demás “que bien le han educado sus padres”. Esta es la recompensa que nunca mencionó la madre Joaquina María, a quien, a pesar de todo, recuerdo con gran cariño.

lunes, 18 de octubre de 2010

ENSEÑAR MODALES A LOS NIÑOS.

Mi hijo tiene 9 meses y me pregunto si tan pequeñito es posible empezar a enseñarle buenos modales y si es que sí ¿cómo? Teresa.

Por supuesto. Somos el espejo en el que los niños se miran desde su nacimiento. Los padres somos el primer ejemplo a imitar, y según lo que vieran, así irán comportándose. Una rutina habitual en la que el “gracias”, “por favor”, etc. estén presentes, favorecerá enormemente su buena predisposición hacia los buenos modales.

No obstante, hay unas etapas de crecimiento en las que los niños son capaces de asimilar unas u otras actitudes:

- De 1 a 2 años: Puedes enseñarle a decir “gracias”, “por favor”, a compartir y recoger sus juguetes, a saludar y a despedirse. Puedes enseñarle también a tirar su pañal a la basura.
- De 3 a 5 años: Puede aprender el significado de “perdón” y a llevarlo a la práctica, es capaz de comenzar con el correcto uso de los utensilios de la mesa, y a comportarse en ella desde las normas básicas (masticar con la boca cerrada, no hablar con la boca llena, usar la servilleta…)
- De 6 años en adelante: Ya puede asimilar la necesidad de ser un buen anfitrión cuando hay visitas en casa; puede también entender cómo ha de comportarse cuando va a casa de sus amigos; será capaz de manejar correctamente los cubiertos; sabrá tener paciencia y comenzará a adquirir la habilidad de “negociar”.

Ten en cuenta que todo ese aprendizaje será gradual y en función de la personalidad de cada niño, de los condicionantes sociales que tenga (ambiente escolar, círculo de amigos…) pero en definitiva, lo que aprenda de sus padres será lo que quede en su interior para siempre, de modo que conviene esmerarnos en los pequeños detalles.

Gracias por tu pregunta, Teresa.

martes, 26 de enero de 2010

FORMACIÓN PARA COLECTIVOS ESPECÍFICOS.

Formarse profesionalmente y conocer los entresijos de la oferta y demanda laboral es un arma efectiva para conseguir un empleo. Pero… ¿y mantenerlo?.
Conocerse y “explotarse” a sí mismo como inversión en la mejora de nuestra vida laboral y profesional es otra cuestión. Una mala presencia personal en una entrevista de trabajo, los errores en los tratamientos personales, abusar de la familiaridad, no saber presentarse, no saber despedirse o no saber saludar, no conocer, controlar y optimizar el lenguaje corporal, no saber comunicar nuestra valía, no mantener un comportamiento agradable que predisponga a nuestra aceptación, no disponer de recursos personales para resolver situaciones comprometidas en el trabajo….

Todo esto es mucho más peligroso y perjudicial para nuestra estabilidad laboral que la falta de cualificación profesional para desarrollar la labor que se nos encomiende en cualquier empresa.

Este mini-curso pretende facilitar esas habilidades y recursos personales imprescindibles para la formación integral de un trabajador con dificultades especiales de inserción, que participan en Talleres de Inserción Laboral o Programas de Inserción social, complementando óptimamente su capacitación profesional.

Contenidos: Habilidades básicas, comunicación, imagen personal, la entrevista de trabajo...

martes, 17 de noviembre de 2009

COMER BIEN, NO ES COMER MEJOR.

En los últimos años experimentados profesionales han trabajado intensamente en una formación complementaria que dotara a nuestros hijos de mayores capacidades para afrontar su futuro óptimamente. De esta manera, se ha ofrecido a los niños y jóvenes una formación nutricional, medio ambiental, informática, musical, deportiva… pero sin embargo, se ha descuidado sobremanera una formación específica en educación social y buenas maneras.

Se ha demostrado con el tiempo, que una mayor oferta formativa de carácter intelectual no ha impedido que nuestros niños y jóvenes estén inmersos en la actualidad en un mundo dominado por la televisión, las consolas, internet… que unido al escaso tiempo compartido con la propia familia ha hecho que poco a poco se vaya consolidando en ellos una sensación de que todo vale y está bien, que lo importante es el resultado egocéntrico, olvidando lo más básico en la vida de las personas: la educación y los buenos modales.

Para ayudar a recuperar la importancia del saber ser y estar en las relaciones sociales, y su relevancia en el óptimo ambiente escolar y familiar, hemos desarrollado un Programa Integral de Educación Social para niños de 2º ciclo de Educación Primaria, que consta de dos Unidades Didácticas desarrolladas con los modernos medios audiovisuales que tanto gustan a los niños.

El Programa está dirigido a los alumnos de 5º y 6º de Educación Primaria, y pretende:
  • Despertar el interés por los buenos modales en la mesa como fuente de satisfacción.
  • Diferenciar los comportamientos adecuados e inadecuados en la mesa.
  • Identificar y reconocer los diferentes utensilios de la mesa en la comida.
  • Enseñar y entrenar en el uso correcto de dichos utensilios.
  • Valorar la relación entre la alimentación y el cuidado del cuerpo.
  • Con estos objetivos conseguimos desarrollar, apoyar y fortalecer las actitudes positivas en la mesa, como parte de la formación integral del niño, al tiempo que se le dota de habilidades sociales para la vida cotidiana.

lunes, 26 de enero de 2009

EDUCACIÓN SOCIAL PARA JÓVENES.

El futuro está en manos de los jóvenes. Darles una educación que les lleve a ser personas íntegras y ciudadanos responsables, dotados de las habilidades sociales necesarias, contribuye a proporcionarles un futuro dentro de una sociedad compuesta por miembros preocupados por la manera de hacer las cosas, por el modo correcto de estar en los lugares y los momentos.

La televisión, las consolas, el stress, la presión publicitaria, la denigración de ciertos valores tradicionales con el que viven nuestros adolescentes el día a día, hacen que poco a poco se vaya consolidando en ellos una sensación de que todo vale y es lícito, propiciando una ausencia de límites y diversas transgresiones con unas consecuencias negativas para ellos, para sus familias y para el entorno social en que se mueven.

Siendo conscientes de que la juventud ha de tener el compromiso de ser responsable consigo misma y con los demás, sólo con una buena formación en valores como la cortesía, la amabilidad, los buenos modales… se podrá lograr un aprendizaje en la toma de decisiones libres y meditadas, para poder desenvolverse de forma óptima en la vida.

El Programa “Elige tus diferencias”, está dirigido a adolescentes entre 12 y 17 años, divididos en dos módulos para 12-14 años (Módulo 1) y 15-17 (Módulo 2) y su objetivo es dotarlos de las habilidades sociales y recursos personales necesarios, para que puedan desenvolverse de forma positiva aprendiendo a desarrollar su personalidad dentro de las cualidades óptimas para el trato social, así como su promoción académica y laboral.

El Programa tiene como objetivos:

  • Apoyar la formación de los adolescentes en el área de las relaciones sociales.
  • Estimular la interiorización de hábitos que generan el enriquecimiento de la persona (los buenos modales, la cortesía, la puntualidad, el respeto, el aseo personal…).
  • Orientar e impulsar a los adolescentes y jóvenes hacia la observación y la reflexión, en la aplicación de los conocimientos que adquieren.
  • Recuperar la sensibilidad sobre la importancia del saber ser, estar y hacer.
  • Ayudar a poner lo material, lo utilitario, lo prosaico, en el lugar que le corresponde.
  • Fomentar la toma de decisiones libres, meditadas y responsables.
  • Valorar los buenos modales como fuente de satisfacción.

El Programa se desarrolla en 5 sesiones de 1 hora, por cada módulo, distribuídas de acuerdo con el horario lectivo del centro.