Mostrando entradas con la etiqueta Entierros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entierros. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de noviembre de 2011

HONORES FÚNEBRES A LA FAMILIA REAL.

Funeral de Don Juan de Borbón.
Tal y como prometí a nuestra lectora Mavi, aquí le resumo los honores fúnebres que corresponden a la Familia Real, y que vienen recogidos en el Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento de Honores Militares.

Lo he intentado simplificar mediante un cuadro comparativo, para su más fácil lectura, con lo cual, si algo se me escapó, seguro que entre todos lo encontramos.


Por similitud, a la Princesa de Asturias corresponderían los mismos honores que al Príncipe.

domingo, 14 de agosto de 2011

LA MANTILLA ESPAÑOLA.

Me gustaría saber cuál es el uso correcto de la mantilla, y de donde viene la costumbre de usarla. Gracias, me llamo Juana.

Hola Juana. Le copio íntegramente un artículo de Pilar Sánchez Dalac, donde hace una exposición sencilla e interesante sobre la mantilla española, que espero que le sea útil:

"Según definición del diccionario de la RAE Mantilla. (Del dim. de manto). 1. f. Prenda de seda, blonda, lana u otro tejido, adornado a veces con tul o encaje, que usan las mujeres para cubrirse la cabeza y los hombros en fiestas o actos solemnes.

Cuentan los expertos que su origen se remonta a la cultura ibérica en la que las mujeres se cubrían y adornaban la cabeza con mantos, que han ido variando a lo largo del tiempo tanto en cuanto a finalidad como a los materiales con que estaban confeccionados.

Tal y como la conocemos actualmente, empieza a utilizarse en el siglo XVII, aunque fue durante el reinado de Isabel II, gran aficionada a los encajes, cuando pasó a formar parte del atuendo de las damas de la nobleza para asistir a numerosos actos.

Llegó a tener tanto arraigo la mantilla entre la alta sociedad que posteriormente, durante el reinado de Amadeo I de Saboya y su esposa Maria Victoria, se convirtió en un símbolo del descontento hacia ellos y sus costumbres, de tal manera que las mujeres se manifestaron por las calles ataviadas con mantilla y peineta en lo que se dio a conocer como “la conspiración de las mantillas”.

Tradicionalmente su uso ha estado ligado a celebraciones religiosas, no en vano es una variante del velo que hasta mediados del siglo pasado era preceptivo para entrar a las iglesias.

Pero también se utiliza, sobre todo en Andalucía, para acudir a los toros.

El material empleado para la elaboración de las mantillas es el encaje en sus variedades de blonda o chantilly. Las de blonda están hechas con dos tipos de seda, mate para el tul y brillante para los bordados, se caracterizan por sus grandes motivos florales y sus bordes acabados en ondas.

Las de chantilly tienen su origen en los encajes originarios de la ciudad francesa de Chantilly, representan diseños más pequeños de vegetales, hojas y guirnaldas. Son más ligeras y llevan mucho más trabajo que las de blonda por lo tanto su valor también es más elevado.

Para las celebraciones religiosas, entierros, funerales y procesiones se usa la mantilla negra excepto para las procesiones de gloria en las que se usa la mantilla blanca, también es privilegio de las reinas católicas el uso de la mantilla blanca en actos luctuosos.

Las mantillas blancas son para actos más festivos, aunque algunos expertos consideran que la mantilla blanca está reservada para las mujeres solteras y la negra para las casadas.

Solo se debe vestir mantilla para las bodas religiosas en las que la etiqueta requerida para el hombre sea chaqué o traje oscuro. El tamaño de la mantilla debe ir en consonancia con la estatura, una vez colocada con su correspondiente peineta debe quedar por delante a la altura de las muñecas y por la espalda por debajo de la cadera. Si se lleva con traje corto nuca debe exceder el largo de la falda.

La mantilla española se usa con peineta, su principal complemento, tradicionalmente eran de carey o concha de tortuga, actualmente están en peligro de extinción y son especie protegida por lo que se usan materiales sintéticos para su fabricación. El tamaño de la peineta debe ir en función de la estatura tanto de la persona que la lleva como de su acompañante. Cuanto más alta es más difícil de llevar, deberá estar bien sujeta para que la mantilla no “tire” de ella.

La mantilla se coloca sobre la peineta enmarcando la cara unos dos dedos aproximadamente sobre el nacimiento del cabello y recogiéndola por detrás con un broche.

Tanto colocarla como llevarla es todo un arte."


viernes, 12 de agosto de 2011

COSTUMBRES EN LOS FUNERALES.



Hace poco acudí a un funeral y me llamó la atención una costumbre del lugar. Al finalizar la ceremonia religiosa, los familiares se pusieron en el altar, separados los hombres por un lado y las mujeres por el otro y con esta misma separación las personas asistentes pasaban en dos filas, por delante de los  familiares (los hombres delante de los hombres y las mujeres delante de las mujeres) y hacían lo que se llama en ese sitio "dar la cabezá", que consiste en bajar levemente la cabeza delante de los familiares para trasmitirles el pésame y así evitar saludar personalmente a todas las personas.

¿Conocían esta tradición?, ¿Cual puede ser su origen?, ¿Qué tradiciones existen en otros sitios al respecto?. Aunque yo soy una firme defensora de las tradiciones, creo que lo lógico, sería que los familiares se colocaran según el grado de familiaridad independientemente del sexo. De este modo, los asistentes podrían transmitir su respeto a todos los familiares.

Un saludo y gracias de antemano. Teresa.


Hola Teresa. La norma de separar a hombres y mujeres en un funeral no es más que la constatación de una sociedad sexuada para todo y desde tiempos inmemoriales. La vida cotidiana se traslada como es lógico a cada uno de los ritos de la sociedad en la que se practican. Unas veces más influenciados por la cultura, otras por la religión, otras por la política y en todos los casos, por la tradición.

La muerte además ha sido vista por los pueblos de formas muy distintas, y con esa diversidad se ha afrontado y celebrado.

Hoy día es cada vez más escaso, pero todavía se practica sobretodo en el mundo rural y con mayor ahínco en zonas de España con mayor arraigo conservador. No sólo se separan hombres y mujeres para dar el pésame, sino también para asistir a los oficios religiosos.

Es habitual también que la familia, situándose en el centro los más allegados al difunto, y alternativamente a sus lados en parentesco descendente, formen una línea de pésame a la salida de la Iglesia. Sale primero el féretro y mientras se introduce el mismo en el coche fúnebre, los asistentes al funeral van pasando por la línea de pésame manifestando el mismo a los familiares del difunto. 

Esto es cada vez menos habitual, y se tiende a eliminar este momento que se convierte en una procesión que sólo sirve para acentuar el dolor del momento.

Yo no le daría mayor importancia que la curiosidad, en el buen sentido, de cómo evolucionan las costumbres sociales y cómo se van adaptando a los tiempos, a veces con mucha reticencia.

Efectivamente, lo que dice sobre que todos, hombres y mujeres, puedan darse el pésame por igual, nos parece totalmente lógico con nuestro punto de vista.

Los ritos en el interior de la Iglesia son también diversos según la religión que se practica y la cultura sobre la muerte; en los países anglosajones es preceptivo que se hable sobre la persona del muerto estando éste de cuerpo presente, y lo mismo podríamos decir de cómo se viven los velatorios.

Pero fíjese, por ejemplo, los vikingos se embarcaban para arrojar las cenizas de sus muertos al mar, y aprovechaban la travesía para discutir los asuntos de la herencia, cosa que tal vez ahora nos pareciera a la vez que bastante práctico, también bastante cínico.

En cualquier caso, las formas de expresar el dolor son tantas como personas, y hay un principio sabio que dice que donde fueres haz lo que vieres, y en el mejor de los casos, respetes lo que encuentres si no deseas participar.





jueves, 10 de febrero de 2011

LA EDUCACIÓN A DESTIEMPO.


Dar el pésame dos años después; preguntar por el divorcio de alguien que ya se ha olvidado -voluntariamente- de que eso le ocurrió; felicitar por el cumpleaños tres meses después; contarle a alguien la maldad que otro contó sobre él hace seis meses...

A veces, nos equivocamos en los límites de la educación. Es como muchas otras cosas en la vida, que hechas a destiempo son innecesarias y molestas.

Si en su momento no se enteró de la defunción, y la noticia acaba de llegarle, es que no era una persona tan cercana como para que alguien le comunicara lo ocurrido, poder asistir al entierro, dar el pésame en su momento, o enviar unas letras de sentimiento... y curiosamente tampoco para asistir al funeral de semanas después. 

De modo que si nadie contó con usted para ese momento tan doloroso, no debe utilizar un encuentro fortuito  ni una información casual para molestar con su pésame tanto tiempo después. El viudo, la viuda, o los padres que perdieron a su hijo, o el hijo que perdió a su padre, merecen al menos el respeto de que no mencione esa desgracia transcurridos tantos meses o años.

Es más correcto interesarse por el bienestar personal de quien tiempo atrás sufrió la pérdida y limitarse a decirle, aunque no sea verdad, que se alegra sinceramente de encontrarle tan bien, y dejar a su criterio el comunicarle la noticia dándole la oportunidad de corresponder con su sorpresa fingida y sus condolencias falsas.

O por el contrario, decirle que conoció la noticia el suficiente tiempo después como para considerar que no debía molestar haciendo revivir el dolor, y que no se atrevió a escribir unas líneas de condolencia.

En cualquier caso, en estas circunstancias, a la persona que sufrió la pérdida seguramente le será indiferente su sentimiento y sus palabras tardías.

Es una de esas ocasiones en la vida, en las que debemos tener en cuenta que ser educado a destiempo, haciendo algo que sólo debe realizarse en el momento, es mucho peor que hacerse el desentendido.

Si no estuvo cuando le necesitaron, o cuando se hubiera agradecido su presencia, no la imponga ahora, es la única manera en la que puede enmendar su error. Suena crudo, pero es así.

domingo, 7 de noviembre de 2010

ARROJAR LAS CENIZAS AL MAR.

Esparcir las cenizas de un difunto al mar era una vieja tradición vikinga. En los países nórdicos, las familias se embarcaban durante tres días con un buen acopio de comida y bebida. En ese viaje, además de despedirse de las cenizas, resolvían los asuntos de herencia y renovaban los pactos familiares.

Según una investigación de la Cátedra de Prehistoria de la Universidad de Valencia, se asegura que la incineración y el vertido de las cenizas al mar formaron parte de una tradición mediterránea de 3.500 años de antigüedad. De hecho, no hay rastros de cementerios íberos. En la investigación se asegura que, además de las cenizas, en esa cultura se echaban al agua objetos personales del muerto.

Por lo tanto, el acto de esparcir cenizas de un difunto en el mar, no es una costumbre ni mucho menos moderna, y menos aún fruto del snobismo. Es una ceremonia muy seria, íntima, y que merece todo el respeto que el dolor merece.

Desde 1983, las incineraciones han aumentado un 40%. Se desconoce el 80% del destino de estas cenizas. Eso significa que los familiares disponen de las cenizas de sus difuntos de formas diversas, entre las que podemos pensar que su arrojo al mar es una de ellas, tal vez de las más utilizadas.

El arrojo de cenizas al mar es una actividad legislada de forma algo confusa, pues es muy difícil controlar la realización privada de estos actos de despedida. Es conveniente saber que a través del Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques, también llamado Convenio MARPOL, en su Capítulo V,  se regula el vertido de sustancias contaminantes al mar, en el que se encontraba el arrojo de cenizas de cualquier tipo de origen.

En la actualidad, el Ministerio de Fomento puede autorizar expresamente esta actividad a empresas reconocidas, bajo determinadas condiciones.

Para tirar cenizas al mar hay que comunicarlo a la autoridad marítima, incluyendo día y hora prevista; el barco ha de ser de lista 6ª y haber solicitado permiso en capitanía, para realizar esa actividad.

La distancia mínima para echar las cenizas es a un mínimo de 3 millas de la costa, y la urna ha de ser obligatoriamente biodegradable. La familia decidirá si se realizará una ceremonia religiosa, a cargo de un sacerdote, o una ceremonia laica, a cargo de alguna persona designada por ellos o bien dirigida por el capitán.

La ceremonia tendrá lugar de día, bien en el orto o en el ocaso, siempre que el estado de la mar sea el idóneo y con viento escaso. Si el día acordado para realizar el evento no es el más aconsejable, se pospondrá a otro.

El lugar elegido se señalará en una carta náutica con las coordenadas exactas donde se van a depositar las cenizas al mar, que se entregan posteriormente de recuerdo con el fin de que si la familia desea volver al lugar en otro momento, pueda hacerlo.

Una vez embarcados, se pondrá rumbo mar adentro hasta unas 3/5 millas de la costa. Durante el trayecto, se ofrecerá a la familia un sencillo refrigerio. Elegido el punto para el esparcimiento de las cenizas, se pararán los motores o se arriarán velas, y comenzará la ceremonia. El cortejo, junto al miembro de la tripulación (normalmente el capitán) o el sacerdote elegido por la familia, con el barco aproado a la mar, se situará en la popa de la embarcación, con total abrigo de viento y mar.

Si la ceremonia la dirige el capitán, y mientras suena la música previamente elegida por la familia, el capitán, uniformado, se dirigirá de forma consoladora a la familia. La familia puede decir asimismo unas palabras.

Se comenzará a esparcir las cenizas poco a poco, ó bien arrojando la urna, que será biodegradable. Esto lo puede realizar el tripulante que lleva a cabo la ceremonia, provisto de guantes blancos en señal de respeto, ó un familiar, según sea la preferencia de la familia. Si la familia quiere acompañar con flores se pueden arrojar, con el previo aviso de que no se podrán echar al mar coronas o flores con tallo, solamente pétalos de flores, o flores separados de los tallos.

Posteriormente se dará una vuelta alrededor del punto donde se han esparcido las cenizas o arrojado la urna, dando unas campanadas (salvas) a modo de despedida y en honor del difunto/a, y guardando silencio en señal de respeto.

Finalmente, y antes de regresar a puerto, se hace entrega a la familia de un certificado donde constan las coordenadas (latitud y longitud) del punto marítimo donde se ha realizado la ceremonia.